En el verano de 2012 se produjo un hecho insólito, o por lo menos, poco frecuente: un obispo y un provincial de la Compañía de Jesús firmaban conjuntamente una carta de protesta, dirigida a un presidente autonómico.  El obispo era el de la diócesis de Orihuela-Alicante; el provincial, el de la Provincia de Aragón y el presidente autonómico, el de la Comunidad Valenciana, en ese momento, gobernada por el Partido Popular.

Si bien es cierto que por aquellos tiempos no era inusual ver a media Conferencia Episcopal “metiéndose en política”, incluso “tomado la calle” con manifestaciones y pancartas, lo inusitado es que acusaran, por escrito, a un presidente –autonómico- de un partido conservador, de tomar decisiones arbitrarias y precipitadas y en definitiva, de mostrar “una mayor preocupación por que se respeten las leyes del mercado, que por que se garanticen los derechos de los menores” (sic).

El tema que les movió a ello sería prolijo de explicar en este reducido espacio, no obstante, tienen la carta a su disposición en la web de Nazaret

El estereotipo, ya saben, esa concepción simplificada y comúnmente aceptada sobre determinados fenómenos sociales, nos haría pensar en cierta sintonía entre la Iglesia y el poder político … de derechas (por seguir simplificando), al menos en la España de 2012. ¿Quieren saber cuál fue la respuesta del Molt Honorable President?, “Acusamos recibo de su escrito…”, es decir: ni caso. Bueno, para ser sincero, la osada carta sí tuvo consecuencias para los programas de menores de las instituciones firmantes: nos borraron del mapa.

En las últimas elecciones autonómicas, hace algo más de medio año, ha cambiado el color político del gobierno de la autonomía de la que hablamos, ahora es de izquierdas (continuamos simplificando). Nosotros hemos seguido con el tema, aunque esta vez sin carta conjunta de obispo y provincial, sino de presidente de asociación que aglutina a las entidades que trabajan con menores.  ¿Quieren saber cuál ha sido la respuesta de la Molt Honorable President?, “Acusamos recibo de su escrito…”, es decir: ni caso (de momento). Confiemos en que las consecuencias no pasen de ahí.

Y aquí viene la segunda parte del título de este artículo: la humildad. Humildad en el sentido de sufrir humillación, menosprecio.

El mediático, y muy buen juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, en sus numerosas intervenciones públicas suele utilizar la frase “el juez de menores es el menor de los jueces”. Con este sencillo juego de palabras, ejemplifica mejor que con un ensayo de ochocientas páginas, no solo el lugar que ocupa el interés por los menores en el escalafón judicial, si no la valoración que hace del tema la propia sociedad y los políticos que la representan.

Queremos pensar que no es así. Nos gustaría que no fuese así. Lo intentamos, trabajamos para que no sea así. Queremos escapar, pero la realidad se impone. Y mejor es tener la opción clara: si te pones de parte de los de abajo, indefectiblemente te incomodas con los de arriba, … sean del color que sean.