Humanidad y tecnología: ¿quién se adaptará a qué?

Este es uno de esos dilemas que se nos vienen encima demasiado rápido. No se trata de cambiar “la máquina de escribir” por “el teclado de nueva generación”.  Es una pregunta que me inquieta porque, si no la respondemos nosotros, serán otros quienes vayan decidiendo. Y no veo en esto mucho movimiento. Los cambios son tan rápidos que no nos damos cuenta.

No creo que sea fácil inclinarse por un lado u otro de la balanza. Por un lado, la tecnología se presenta como aliada de la humanidad, con la promesa de hacer la vida mejor para las persona. Sin duda facilita muchas tareas y es constatable un progreso incuestionable en campos esenciales como medicina. Por otro, plantea tantos cambios tan profundos en un futuro inmediato, e impactos tan significativos, que bien se podría pensar que sucederá al revés, que serán las personas las que tengan que cambiar para adaptarse en un nuevo entorno.

Si tuviera que decantarme por una de las dos, elegiría la segunda: tocará a las personas adaptarse y cambiar las formas, diseñar nuevas estrategias, repensar cómo vivimos. Me sitúo en un escenario de “cambio de era”, no sólo de paradigma. Por hacer una similitud, se nos viene encima una nueva “revolución” al estilo de la industrial. La adaptación al “nuevo mundo” no fue sencilla, especialmente para los trabajadores. Todavía hoy vivimos los coletazos de entonces. Así que, aunque sólo sea por mantener una actitud prudente, apostaría por lo segundo. ¡Nos tocará adaptarnos!

1. Familiarizarse lo antes posible. La educación ya se está moviendo para hacer digitalmente competente a la nueva generación. Aunque si tuviera que dar mi opinión, destacaría la capacidad de autoaprendizaje y autodidacta. Los trabajadores del futuro serán “autoprogramables”. Espacios de aprendizaje en la red hay por doquier. Lo fundamental será aprender a aprender, desarrollar habilidades con las que afrontemos con confianza retos y novedades. Cuanto antes se pierda el miedo que la tecnología pueda despertar, mejor.

2. Conectar lo digital con nuestros horizontes profesionales. Les insisto mucho a mis alumnos, que son muy jóvenes, ¡cuánto más a la gente de mi edad! Deben pensar en un futuro en el que muchos trabajos los hagan máquinas y empezar a despertar sus pasiones en otro sentido. Si bien, hoy por hoy, la tecnología es todavía marginal en muchos ámbitos, por cara o difícil de incorporar, es notorio que muchos trabajos desaparecen y surgen unos nuevos muy ligados a estos ámbitos. Pienso, por otro lado, que lo profesional estará conectado con nuestras propias motivaciones e intereses. Tendremos futuro en aquello que nos apasione.

3. Cambios en el mundo de las relaciones. Lo esencial seguirá ocupando el centro. La tecnología no tiene por qué relegar ni marginar el trato personal y directo. Sin embargo, a nadie se le puede pasar por alto las muchas posibilidades que ofrece tejer una buena red de relaciones digitales. Ligadas quizá a proyectos e intereses comunes, de las que aprender y con las que avanzar. Si bien la tecnología deslocalizará el trabajo y crecerá el número de “autónomos” o “freelance” que ofrezcan servicios de competencia, la misma tecnología los hará convivir en espacios especializados para ello donde deberán destacar originalmente por algo. Dicho de otro modo, la identidad digital, que muchos afrontan desde el derecho a la privacidad, habría que empezar a pensarla en un paradigma distinto donde aprendamos a gestionar la propia reputación y posición social.

4. Sin desconexión. Ordinariamente viviremos en un mundo tan lleno de tecnología que se hará invisible para nosotros, como lo más ordinario. Ya son impensables algunas ausencias y no llama la atención su incorporación más cotidiana. Esta línea irá creciendo. La clave no está en la conexión y desconexión, sino en cómo manejar la conexión y aprender a vivir con ella para que no esté todo mezclado y confuso. Lo digo por la información, por ejemplo, que es en lo que muchos andan hoy a tientas. Pero también me refiero al campo profesional. Serán los mismos dispositivos los que se dediquen a diversas tareas, como si fuera un espacio multiusos. La tecnología lo llenará todo.

5. Crear y participar en movimientos sociales que preocupados por humanizar la tecnología. Veo necesario el contrapunto, como fueron (son) los sindicatos respecto al mundo del trabajo en la época industrial. Por ejemplo, los datos laborales muestran claramente que determinados “oficios” están llamados a desaparecer o transformarse. Está ocurriendo ya en educación de algún modo, pero es mucho más público el impacto sobre el transporte. ¡Y seguirá avanzando! Las máquinas sustituirán (seguirán sustituyendo) determinados puestos porque, según parece, garantizan una mayor eficacia a un menor coste.

6. Atención al mundo de la política. Las “naciones” surgieron hace poco en la historia de la humanidad, por mucho que algunos se empeñen en lo contrario, y desaparecerán como entidades políticas en breve. El impacto de la globalización del mercado, del que llevamos hablando muy poco, sobre los países ha trastocado todo. Algunos se han quedado en la cuneta del sistema, otros luchan por posicionarse de otra manera. La política se ve enormemente influida por el mundo digital, y no hablo sólo de opiniones y de masas, o de cómo manejar la información que se vierte en las redes. ¿No es preocupante considerar la capacidad de “control” que tendrán algunos agentes mundiales sobre la población? ¿De qué modo se considerará la libertad en el futuro, la asociación, el derecho de expresión? ¿Cómo se manejarán las tensiones de la cercanía de culturas y de la proximidad entre las civilizaciones? ¿Se tendrán más muros y fronteras que puentes y relaciones? ¿De dónde saldrán los políticos que tengan que legislar sobre todas estas cosas?

Por el camino que vamos tomando, mucho lamento que tengamos poco que decir y que se asuma con tanta facilidad que es incontrolable. Cuando hablamos del “sistema” como desresponsabilizando a la humanidad, como si tuviera sus ciclos de subida y bajada, como si no tuviera nada que ver con nosotros… pienso en la tecnología y no me parece ni medio razonable que se vuelvan a producir determinados errores en los que ya hemos caído. ¿No será un elemento más que en futuro tendremos que doblegar porque se nos ha ido de las manos?

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