Hope Street (La calle de la esperanza)

Existe en Liverpool una calle que une la catedral anglicana con la católica. Su nombre es Hope Street. La calle de la esperanza. Una calle no demasiado ancha y con una cuesta no muy pronunciada.

Esperanza en una ciudad que recibe una importantísima inyección en forma de ayudas del Fondo Europeo de Desarrollo Regional. Por doquier se pueden ver carteles de reformas  y de programas con el logo de la Unión Europea, carteles que después del triunfo del Brexit en el referéndum del pasado 23 de junio inspiran una cierta nostalgia porque empiezan a ser historia.

Y es que Liverpool, como buena parte del Noroeste inglés,  ha sido una de las regiones beneficiarias de los fondos estructurales para salir de la situación de pobreza a la que se vio sometida su población tras  las grandes privatizaciones de  empresas públicas (fundamentalmente la estiba) en la época de Margaret Thatcher- con gran resistencia por parte de los sindicatos- y que acabaron, como las protestas de las zonas mineras en los 80, aplastados por la dama de hierro. La precarización y la pérdida de derechos sociales no dejaron de aumentar con los gobiernos del nuevo laborismo ni obviamente con el regreso de los conservadores en 2010.  No es, por tanto, casualidad que el voto en el Referéndum fuera abrumadoramente a favor de la permanencia en la Unión Europea.

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Una visita a las dos catedrales, tan radicalmente distinta una de otra desde el punto de vista arquitectónico, refleja un aire de familiaridad. Una amiga comenta que existe toda una tradición de trabajo conjunto en pro de la justicia social. Lo compruebo cuando hojeo la última iniciativa común: Una  guía que ha preparado  la iniciativa “Churches together in the Merseyside Region” que incluye a la archidiócesis de Liverpool (Católica), la diócesis de Liverpool (anglicana) y las iglesias libres (Baptistas, Metodistas y Ejército de Salvación) junto con la Comisión de Justicia y Paz de la archidiócesis y “Together Liverpool”.

La guía en cuestión, titulada “Refugees, asylum seekers and migrants: welcoming the stranger”, además de proporcionar información acerca de quién es un inmigrante y quién es un refugiado, de explicar de dónde provienen los refugiados y de explicar de una manera muy sucinta pero clara el procedimiento de asilo, relata fragmentos de historias personales de los refugiados y aporta ideas sobre cómo apoyar y cómo crear una comunidad de acogida. En sus últimas páginas recoge oraciones y puntos de contacto.

Y es que Liverpool no se puede entender sin la migración. Se estima que cerca de nuWP_20160809_17_49_07_Proeve millones de personas partieron de Liverpool hacia Norte América, Australia y Nueva Zelanda entre 1830 y 1930 en busca de un mejor futuro. Un 50% de los liverpudians tiene raíces irlandesas y la ciudad  alberga  la comunidad china  más antigua de Europa y la primera  comunidad negra que se estableció en el  Reino Unido, nada menos que en el año 1730. Es por ello que los símbolos de la migración se encuentran por doquier en la ciudad: en su museo marítimo -donde existe un espacio dedicado a recrear la historia migratoria de la ciudad-, en su museo de la esclavitud. Imprescindible para reflexionar sobre esta  realidad y que actualmente presenta la exposición: “vidas rotas” sobre la esclavitud en la India, muy digna de visitar.

En estos momentos en los que las opciones esencialistas e identitarias excluyentes ocupan tanto espacio en los medios, Liverpool y sus gentes destilan tolerancia, acogida, respeto por lo diferente, memoria histórica e intrahistórica. No es casualidad que una de las esculturas más visitadas de la ciudad, titulada “Reconciliación”, sea un abrazo entre dos personas.

Los scouses, que es como se llaman los naturales de Liverpool, tienen grabada en su historia la multiculturalidad. Una multiculturalidad que algunos  se empeñan en considerar imposible y  que es, en esta bella ciudad del Noroeste inglés, tan natural como respirar.

1 Comentario

  1. De eso se trata: de coincidir con gente que te haga ver cosas que tu no ves. De cruzar por la calle tu mirada con la suya . Y desde ahí que te enriquezcas cuando otros te enseñen a mirar con otros ojos . Mas o menos algo así dijo Benedetti. Te imagino paseando por esa calle cruzando miradas y enriqueciéndote para enriquecernos a otros

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