Breve historia del Sol

Terminó el Mundial de Rusia 2018 y en México se acabó la primera temporada de la bioserie de Luis Miguel. Como mencionaba en post anterior, empecé a ver la producción que habla del hijo cantor de Luisito Rey para entender los memes (imágenes chistosas) que comenzaban a circular los domingos por la noche y lunes en la mañana eran virales.

Luis Miguel me remite a tipos como Cristiano Ronaldo, hombres bien parecidos y exitosos en sus respectivas carreras, pero que arrastran un egolatría e ínfulas de engreimiento y altanería que los hace insufribles. Nunca fui fan de LuisMi, pero sus canciones acompañaron mi pubertad y juventud. Cuando comencé a ver la serie, me sorprendí al darme cuenta de que me sabía la letra de la mayoría de su repertorio musical. Y pues eso, con las amigas repasaba los detalles del último capítulo de la serie y con los amigos justificaba que, para los que fuimos adolescentes en la década de los 80’s, valía la pena ver esta saga por las reminiscencias a nuestras mocedades. Es de destacar que, aunque no sea una superproducción, la serie de Luis Miguel está bien narrada, mantiene ritmo y suspenso y, como series del estilo de Stranger things (Cosas extrañas) o Los años maravillosos (The wonder years), da en la diana en lo que respecta a guiños nostálgicos de aquella época.

La trama nos muestra lo que fue la vida de Luis Miguel hasta principios de los años 90’s. La historia se ciñe al libro Luis mi rey, escrito por Javier León Herrera y adaptada por Daniel Krauze para llevarla a la pantalla, vía Netflix. El actor Diego Boneta interpreta a Luis Miguel; Anna Favella interpreta a Marcela Basteri, madre del cantante; y quien se lleva las palmas es Óscar Jaenada, por interpretar a Luis Rey, villano de antología, padre opresor del niño de voz prodigiosa, haciendo que, con sus gritos de: “¡Coño, Micky!”, nos rechinaran las tripas de enojo hacia su personaje y nos regodeáramos odiándolo.

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Si bien en España series televisivas del estilo de Cuéntame cómo pasó toman distancia y en retrospectiva hacen una análisis crítico de la historia reciente, en México no habíamos tenido tal ejercicio. Gracias a la serie de Luis Miguel, pudimos contemplar, por ejemplo, la relación que desde hace décadas hay entre el mundo de la farándula y el poder político y económico. Las amistades de Luis Miguel, hijos de magnates y exPresidentes, nos recuerdan ese termino que comienza a ser coloquial en estas latitudes, los mirreyes. Para el periodista Ricardo Rafael, el mirrey es un personaje frívolo, prepotente, que no soporta pasar desapercibido, que comete delitos sabiendo que su papá hará todo lo posible para que no pise la cárcel, y que está obsesionado con la ostentación (en un país de dolorosas desigualdades sociales). Esto se refleja muy bien en las fiestas y bodas a las que asiste LuisMi, o en el influyentismo de pedirle al hijo del Presidente que interceda con el Mossad para que busquen a su madre.

Terminó esta temporada que nos contó la vida trágica y triunfal de el “Sol” (como en su momento se apodó a Luis Miguel, mote que lo hacía más insoportable y más “caeme bien”). Creo que es de destacar cómo esta serie hizo que los mexicanos pudiéramos digerir y sobrevivir a unas campañas electorales desangeladas y tóxicas. También, nos ayudó a asimilar el paso de la selección de futbol por el Mundial de Rusia, que en un principio, al ganarle a Alemania, nos hizo soñar cosas “chingonas” (Chicharito dixit), pero luego nos llevó a la frustración de siempre al no superar el cuarto partido. En fin, extrañaré los memes, pero nos quedamos con las canciones. Por cierto, una melodía ronda mi cabeza: “No, no, no, no. No me puedes dejar así…”.

@elmayo

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