Hiperpadres

La hiperpaternidad es un modelo de crianza originado en Estados Unidos, y que basa su estilo en una continua supervisión por parte de los padres sobre los hijos. Este modelo parece haberse importado con éxito a Europa y no son pocas la voces expertas que nos alertan de los riesgos que implica convertirnos en una sociedad cada vez más sobreprotectora. De hecho la sobreprotección se relaciona con varias enfermedades psiquiátricas y puede afectar gravemente a la autonomía y al desarrollo saludable del niño. La sobreprotección supone una implicación emocional intensa y excesiva que, además, conlleva la necesidad de controlar al hijo lo que al final deriva en una dependencia recíproca entre hijos y padres.

Un niño que ha crecido en un ambiente de excesiva atención, de preocupación asfixiante, con los deseos de los padres convertidos en obligaciones o con expectativas demasiado altas para la capacidad del hijo, puede encontrarse en su edad adulta con graves problemas. La posibilidad de generar un sentimiento de incompetencia que le haga sentirse inútil, temeroso e incapaz de cuidar de sí mismo.

Para los niños, los padres son un marco referente que les hace sentirse seguros, queridos, protegidos. Esta imagen de padre protector es positiva en un inicio, ya que ayuda a crecer la seguridad de los hijos, les otorga autonomía y disminuye su miedo. Los niños también necesitan ver a sus padres como un modelo a seguir, el cual intentan imitar y ayuda a que se marquen metas, a poder superarse; pero nunca hay que dejar que la protección paternal natural se exceda hasta límites en los que el deseado sentimiento de competencia personal se desarrolle.

En clave de humor ya algunos se han atrevido a etiquetar los comportamientos sobreprotectores y ello ha derivado en una triple categorización que describe algunos de los mismos. Los padres helicóptero (que sobrevuelan sin tregua las vidas de sus hijos, pendientes de todos sus deseos y necesidades). Los padres apisonadora (quienes allanan los caminos de sus vástagos para que no encuentren dificultades) y por último los padres guardaespaldas: progenitores extremadamente susceptibles ante cualquier crítica sobre sus hijos o a que se les toque.

Para las voces expertas, los responsables de la sobreprotección son, claramente, los padres. Uno de los puntos de inflexión de este cambio social se sitúa en la incorporación de la mujer al mundo laboral Al dedicarles menos horas a los pequeños, a los adultos les cuesta decir que no y establecer obligaciones. Asimismo, sienten que deben dar a sus hijos todo lo que ellos han echado de menos en su infancia, puesto que ahora cuentan con más recursos, no obstante desde un punto de vista sociológico, el asunto es algo más complejo.

Hasta los economistas se han aventurado a advertir que tanto la desigualdad como la crisis económica producen cambios los métodos educativos y hacen a los padres menos permisivos y más controladores. Parece que los padres deciden si utilizan un estilo autoritario, persuasivo o permisivo en función de los costes y beneficios que les reporta cada uno.

Pero más allá de las razones sociales debemos depositar en los propios padres la responsabilidad de esa crianza hiperprotectora aunque para justificar su estilo puedan existir razones personales o maritales que lo expliquen: falta de autoestima propia que intenten compensar demostrando que puede ser un buen padre o madre, experiencias personales pasadas de sufrimiento que no quieren que su hijo padezca, sentimiento de culpa por fracasos pasados que quieren evitar en su descendencia, sentimiento de vacío interior por problemas maritales o familiares, ausencia o pérdida de uno de los cónyuges que el otro quiere paliar sobreprotegiendo, o también para paliar la propia ausencia debido a temas de trabajo, dar más atención y regalos para tranquilizar por no tener herramientas más efectivas para calmarlos.

Las implicaciones que además tiene para la salud mental el estilo sobreprotector es múltiple y diversos estudios vinculan este estilo con la vulnerabilidad al acoso escolar, el trastorno de personalidad dependiente, las fobias, los trastornos de ansieda, la depresión y el TOC (trastorno obsesivo compulsivo) por mencionar los más comunes.

En este sentido, la actitud adecuada que los padres deben compartir con sus hijos para disminuir el factor de riesgo del estilo de crianza sobreprotectora consiste en aceptar al hijo tal y como es, sea cual sea sus fortalezas o sus debilidades. Los padres deben intentar no obsesionarse con él enseñándole las cosas que desconozca y no sustituirlo en las que sepa, aunque inviertan mucho tiempo en ellas. No debemos tener un miedo asfixiante hacia los hijos, ya que esto no ayuda sino empeora la capacidad del niño para enfrentarse a sus propios miedos. Hemos de ser conscientes de que el hijo seguramente es capaz de lo que se proponga, animarlo en sus intentos y no proporcionarle un miedo innecesario al fracaso. Resulta saludable utilizar la comunicación como un ejercicio diario, escuchar, comprender y ser empáticos, aunque sus ideas y sus convicciones sorprendan o no las compartamos. También es útil descubrir que los sentimientos se han de expresar, sean de tristeza o de pena, y por ello debemos nosotros mismos también expresarlos. Es importante el reconocimiento sus fortalezas o logros igual que aceptar y reconocer sus puntos débiles; esto ayudará a que logre su autonomía y se convierta en un ser independiente. En definitiva debemos entender e interesarnos en la vida de los hijos, pero nunca querer controlarla.

Sento Briet
Psicólogo Clínico y Orientador del Colegio Nazaret

www.psicologosdealicante.es

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