«Las hijas del capitán»

El 26 de junio –dice un cartel de 1936– se produjo la gran apertura del Night Club «Las hijas del capitán». Al servicio de la colonia española y del país. 250 West 14 Street, NY. Torerita de la Frontera, popularísima bailarina de danzas regionales. Inauguración apadrinada por el excelso D. Alfonso de Borbón y Battenberg, conde de Covadonga. Ambiente soberbio, precios imbatibles. No se la pueden perder. Para emigrantes españoles en Estados Unidos.

Un gota en un océano. Los sin papeles son una minoría, deslizan fuentes de la embajada española en Washington, tras explicar que no cuentan con registros oficiales al respecto. Lo mismo que dice el Instituto de Políticas Migratorias. El número de españoles en situación irregular se acerca a los 16.000 de los 11 millones existentes.
Para recordarlos, para que no nos olvidemos nunca de nuestra historia y seguir insistiendo – por activa y por pasiva – que también somos hijos de emigrantes y no solo en sentido bíblico, ha aparecido recientemente una gran obra de Maria Dueñas «Las hijas del capitán» con una tirada inicial de 500.000 ejemplares para España y Latinoamérica.

Los periodos de convalecencia como el que personalmente estoy viviendo, dan para ponerse al tanto de estas cosas en estas formas literarias tan hermosas. La nueva novela, de la autora de “El tiempo entre costuras” o “La templanza” nos sitúa allí en una historia enmarcada en la vida de la colonia española en la Gran Manzana. Añade un tinte literario precioso a un libro de fotografías de 2014 de James Fernández, el profesor en Nueva York que en en colaboración con el periodista Luis Argeo, recopiló viejas fotos en blanco y negro y que lo tituló “Invisible Inmigrants» («Inmigrantes invisibles»).

Invisibilidad también como estigma para los pobres españolitos de a pie, que como los de hoy de tantos lugares, luchaban por la supervivencia y los sueños. No eran los conquistadores y frailes con los que nos caracterizan en Estados Unidos sino aquellos que en entre los años 1868 y 1945 (hablan de cuatro millones) abandonaron nuestro país espoleados por una combinación sucesiva de desgracias como la pobreza endémica, la escasez de oportunidades o un temido servicio militar obligatorio en medio de las interminables guerras coloniales del norte de África. Decenas de miles eligieron Estados Unidos como destino y en Nueva York se fundó precisamente en 1868 la Nacional Sociedad de Beneficencia Emblemática que nació para ayudar a los españoles que venían huyendo de la creciente violencia revolucionaria en Cuba.

Maria Dueñas se inventa personajes hasta crear las biografías de las hijas del capitán. Las vivencias de Victoria, Mona y Luz son el hilo que arrastra al lector por un Nueva York plagado de inmigrantes y en plena ebullición. En su ambición por prosperar se cruzan hombres, traiciones y muchas otras historias emocionantes y envolventes. Una acción que nos remonta a Little Spain, el barrio español olvidado de Nueva York, que ella describe así en su novela: «En el extremo sureste de la isla de Manhattan, frente al Water Front, junto a los muelles bajo el ruido estrepitoso del arranque del puente de Brooklyn se concentraban desde finales del siglo pasado varios miles de almas procedentes del mismo rincón del globo, familias enteras que se amontonaron en pisos baratos por las calles cercanas: Water, Catherine, Montroe, Roosevelt, Oliver, James. En La Ideal compraban chuletas, mollejas y morcillas, con el pulpo se hacían donde Chacón. Para el jabón, el tabaco y los trajes hechos iban a Casa Ibar y Casa Sin. Para los remedios a la Farmacia Española. Los tragos y el café los tomaban en el bar Castilla, en el Café Galicia o en El Chorrito, donde su dueño, el catalán Sebastiá Estrada, los atendía con sus más de 100 kilos de energía contagiosa, y les recordaba un día y otro también que la gran Raquel Meyer era clienta asidua cada vez que pisaba la ciudad. El Círculo Valenciano, el centro vasco-americano y algunas sociedades locales gallegas tenían por allí sus cuarteles. Había sastres, barberías, fondas y tiendas de comestibles como Llana o la competidora española, donde hacerse con garbanzos, habichuelas y pimentón.”

Búsquedas de espacios y señas de identidad (Hoy en otros sitios como Bruselas es la procesion de la Santina de Covadonga, o las gaitas gallegas en Zurich, o la Virgen del Pilar en Rue de la Pompe en Paris, el fútbol o  la tortilla de patatas, etc) que no quieren perder nuestros compatriotas. “El Capitán” era un lugar que ayudaba a construir identidad y estas “Hijas del Capitán” revaloriza su función con las que la autora rinde homenaje a la colonia española que vivió en Nueva York en los años 30, antes de la Guerra Civil española. Relata las vidas de tres hermanas, las Arenas, que se tienen que hacer cargo de la pequeña casa de comidas de su padre, el Capitán, tras su inesperada muerte. Maria Dueñas acierta en la feminización de la emigración tan olvidada. Ella lo ha dicho: «Quería escribir una historia sobre mujeres inmigrantes. Tendemos a pensar que los que emigraban eran los hombres, pero también lo hicieron las mujeres. Me interesaba explorar esa perspectiva». Y si eso lo hace describiendo muy bien los sentimientos, mejor que mejor.

Este libro añade una buena contribución a la reivindicación de lo español en Estados Unidos donde apenas acertamos a hacerlo. «Es una pena que La Nacional (un centro español de Nueva York, que sale en su libro) –dice la autora- no reciba ningún tipo de ayuda oficial. Más allá de gente privada y colaboradores que lo hacen de manera más altruista. O por parte de alguna empresa potente española. Pero es que así somos los españoles, que nos encanta apedrearnos a nosotros mismos»

Reivindiquemos la visibilización de los invisibles. Los Inmigrantes no deben importarnos solo su número, sino por la riqueza que supone una cultura distinta que sabe enriquecerse con lo distinto, aunque sea débil y pequeño. Indica una forma de relación que valora al otro independientemente de si somos capaces de “sacarle provecho o no” para nuestros intereses tantas veces espurios.

Bienvenida sea pues esta novela tan bella de Maria Dueñas. Nos recuerda que los españoles tienen una amplia experiencia como pueblo emigrante. No es una novedad para nosotros. Hemos emigrado en distintas épocas de la historia de España, como señala Juan Goytisolo: “Aunque los emigrantes españoles de los cincuenta y los sesenta del siglo pasado no naufragaban en pateras ni debían escalar cercas con torres de vigilancia y alambre de púas, sufrían, no obstante, las humillaciones del racismo cotidiano y administrativo de los países de acogida: José Ángel Valente me recordaba hace poco que en 1955, los que llegaban a la estación de Ginebra eran separados de los demás viajeros y desinfectados por los servicios sanitarios suizos.” Han cambiado las circunstancias y España se ha convertido hoy en un país de acogida que debe caminar mucho más hacia la integración. No lo olvidemos.

Este libro es una aportación enriquecedora a la presencia de los fenómenos migratorios en los textos literarios que se ha ido acrecentado en los últimos tiempos al igual que ha ocurrido en la vida diaria de muchos ciudadanos y en los medios informativos. La literatura actual expresa también ese aspecto como testigos cualificados que son los escritores. Realidad y ficción se hacen compañeras y el discurso literario se hace eco de este fenómeno, hasta el punto de que, cuando se leen las crónicas periodísticas sobre un naufragio o sobre el descubrimiento de los náufragos en las playas, sobre los ritos religiosos en las parroquias distintos al católico o sobre los problemas de alquiler de viviendas de inmigrantes no se sabe si fue antes la realidad o la ficción.

Pero, como muchas veces pasa, la realidad supera a la ficción. Ha sucedido recientemente: con una pregunta eje que da miedo. “¿Mamá, ya no podemos hablar español?”, le consultó una niña a su madre después de que un agente fronterizo la retuviera e interrogara por el solo hecho de hablar en ese idioma en Estados Unidos. O el parecido suceso también reciente de un abogado que entra en cólera cuando escucha hablar español a unos dependientes en Nueva York.

En la primera escena una de las protagonistas se sintió tan violentada por la situación que comenzó a llorar. “Estaba tan avergonzada… mientras todos te miran como si estuvieras haciendo algo malo… No creo que hablar español sea un delito, ¿sabes?”. De hecho, con 52 millones de hispanos censados en Estados Unidos, es la segunda lengua más hablada después del inglés. La hija al contarle la escena le hizo la pregunta sobre si ya no podía hablar su segunda lengua. “No. Tú tienes que estar orgullosa de ella. Eres inteligente y hablas dos idiomas”, le respondió su madre. Es dudoso que Trump logre invertir la tendencia del  crecimiento de la  lengua española .

Me emocionó un reciente Congreso en mi humilde y bella tierra, en Zamora, en el que cien académicos apuestan por reforzar el castellano para tumbar el mito de la lengua de la pobreza. Así se hace. “No podemos volver a los años  80 con movimientos hispanófobos en contra de la raza latina en sí”, explicó Gerardo Piña Rosales, director de la Academia Norteamericana de la Lengua Española en relación al nuevo gobierno de Donald Trump. A pesar de que el idioma castellano ha desbancado al francés y al alemán como segunda lengua en el ámbito educativo, “el estadounidense sigue viendo al hispano de forma un tanto denigrante como poseedor de la lengua de la pobreza y eso tiene que cambiar porque hoy en día EEUU está lleno de españoles profesionales que llevan la cultura española e hispánica en general a una cota muy alta”.

La diversidad como enriquecimiento y no como enfrentamiento. Muchos luchan por ello. No olvidemos que por debajo de la forma subsiste la cruda realidad que reflejan estos versos que aparecen en “La vuelta de Martín Fierro”, libro argentino, escrito en verso por José Hernández en 1879 y que es una de las obras más representativas de la literatura argentina: «Es triste dejar sus pagos // Y rajarse a tierra ajena // Llevándose la alma llena // De tormentos y dolores //» (Hernández 2001 424),.

Los emigrantes españoles de “las Hijas del Capitán” o estos latinos valientes lo saben: su alma está llena de (d)olores y acentos primeros… y no quieren perderlos .

Nota:  Excelente Informe Semanal al respecto : inmigrantes invisibles http://www.rtve.es/alacarta/videos/informe-semanal/info-inmigrantes-invisibles-101015-2155/3318887/

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