Estuvimos en… la Convención Federal de Cristianos Socialistas

Empezamos aquí una sección de reseñas de eventos de otras organizaciones. Es un buen momento para hacerlo: la campaña electoral promete interesantes discusiones sobre puntos muy del interés de entreParéntesis.

Recogeremos solo eventos de discusión, no de propaganda. Además, la reseña en esta sección no expresa ninguna simpatía (ni antipatía) de entreParéntesis hacia la organización convocante. Simplemente allí había un diálogo en el que estuvimos presentes.

Cristianos Socialistas es un “grupo federal” del PSOE, que cuenta unos 500 miembros. El sábado 17 de octubre celebró una convención abierta bajo el lema “Socialistas en la Iglesia, Cristianos en el mundo”.

En la mañana se trataron temas alrededor de la renta mínima, el ingreso garantizado, etc. Como indicaron algunos de los ponentes, este punto se ha vuelto central en el debate público español. Cantidad de propuestas se están haciendo desde partidos, sindicatos, organizaciones sociales… de manera que ha dejado de ser un tema residual. Al revés, muy probablemente el próximo Congreso tendrá que legislar al respecto.

En la reunión que nos ocupa el tema fue tratado en dos mesas redondas. En la primera participaron Sebastián Mora, secretario general de Caritas, y María Luisa Carcedo, secretaria federal de Bienestar Social del PSOE. En la segunda mesa redonda sobre el mismo tema intervinieron Almudena Fontecha, secretaria confederal de Igualdad de UGT, y Enrique de Árbol, presidente de la organización evangélica Diaconía España.

Cada uno de ellos presentó su visión de las limitaciones de los sistemas existentes de asistencia social y las respectivas propuestas de Caritas, del programa del PSOE, de una Iniciativa Legislativa Popular que están diseñando conjuntamente UGT y CCOO, y algunas ideas que las ramas nacionales de Diaconía han propuesto en Europa. Estas ideas y realizaciones presentan algunas diferencias notables, que fueron puestas de manifiesto.

En los diagnósticos nos parece leer coincidencias en que el apoyo social en España, siendo importante en conjunto, tiene todavía un margen para crecer tanto en cantidad como en calidad (más acompañamiento, y solo dentro de él, el control burocrático preciso).

Otro punto común es la indeseabilidad de la asociación entre servicios sociales y trabajo, lo que en sí mismo es grave en un contexto de desempleo, precarización del empleo y migraciones irregulares. En muy diversos aspectos, que se expusieron, ha cambiado la relación entre la población y el trabajo desde el momento en que se diseñó el sistema de bienestar que tenemos, hasta hoy.

Se abordó también la cuestión regional. La seguridad social, que genera prestaciones comunes en todo el territorio nacional, funciona mucho mejor que la asistencia social, dependiente de las Comunidades Autónomas, que resulta más heterogénea y menos móvil. Tratándose de un asunto de justicia hacia los pobres, el funcionamiento debería ser igualitario.

Se barajaron ideas como (1) asociar la renta minima de inserción a la ciudadanía en vez de al trabajo, (2) canalizar la asistencia a través de la seguridad social –con un catálogo mínimo de prestaciones–, y/o (3) promulgar una ley nacional de servicios sociales, lo que quizás requeriría una reforma constitucional. El punto se discutió en bastante profundidad entre los ponentes y los asistentes, expresándose interesantes diferencias al respecto.

Enrique del Árbol presentó el marco europeo de derechos dentro del cual se enmarca la idea de alguna forma de renta mínima asegurada. Enfatizó el interés de plantearla como un objetivo europeo, en vez de dejar a cada país (no digamos a cada región) el definir los estándares y procurar los recursos.

La sesión de la tarde se dedicó a otra cuestión diferente, pero también muy relevante, la enseñanza cultural de la religión en la escuela pública. Sobre este tema versó la mesa redonda moderada por Prado Pérez. Intervino en primer lugar Carlos García de Andoin, actual director del Insituto Diocesano de Pastoral de Bilbao, presentando los diferentes modelos que existen en Europa (multiconfesional, monoconfesional y no confesional, además de la excepción francesa, con un sistema extracurricular). Se detuvo en el modelo finlandés, no-confesional pero de tradición luterana, y en el británico, con su énfasis en el desarrollo de la competencia espiritual. A continuación, Javier Fernández Vallina, del Instituto de Ciencias de las Religiones de la UCM,  subrayó la presencia de la religión en el mundo cultural, en las raíces culturales y en la proyección social y antropológica. Mariano Blázquez, Secretario Ejecutivo de FEREDE, presentó la perspectiva protestante acerca de la enseñanza de la religión en la escuela, indicando que hay bastante pluralismo interno dentro de las diversas iglesias evangélicas. Finalmente intervino Pablo Uruburu, de la Secretaría Federal de Educación del PSOE, reconociendo que lo referido al hecho religioso en la escuela pública no es una cuestión fácil ni cómoda, ni en su partido ni en el escenario político. En su opinión, el hecho de que el currículum y la selección del profesorado se decida por las autoridades religiosas y no por las académicas pide un cambio de modelo. Pero no hay claridad respecto al modo concreto en que se articule la enseñanza de la religión en la escuela.

El diálogo posterior con los participantes fue intenso, largo y fecundo. Es imposible dar cuenta de ello aquí, pero sí podemos constatar que esta Convención permitió dar un paso para reconocer y visibilizar la presencia de la religión en el espacio público; en este caso, además, superando cierta separación existente entre el mundo socialista y el mundo cristiano.

Post-data, a 20 de octubre: la aprobación del borrador del programa electoral del PSOE (que incluye medidas para sacar totalmente la religión del currículum escolar) expresa, de nuevo, la pertinencia de los temas tratados y, también, parece confirmar la primacía laicista en el seno del partido.

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