Se acaba de inaugurar la exposición SOMOS MIGRANTES, que recorrerá distintas ciudades de España durante el año 2015. Varios fotógrafos profesionales han cedido gratuitamente su trabajo para un proyecto internacional que hermana a los migrantes centroamericanos con los jóvenes africanos que sueñan con llegar a Europa. Ambos mundos, lejanos geográficamente pero muy similares en padecimientos y esperanzas, se unen en estas imágenes. ¡Bravo por esos fotógrafos generosos y por la ONG Entreculturas que lo ha hecho posible! La exhibición fotográfica facilita información sobre las violaciones a los derechos humanos de las personas migrantes.

El viaje tiene una sola dirección: el Norte. Es largo y peligroso. Hay pocas garantías, a veces ninguna. Más de 300.000 personas centroamericanas intentan cruzar la frontera entre México y EE.UU cada año. Sólo el 15 % lo consigue. México es un país hostil para los migrantes centroamericanos. Tienen que atravesar los territorios, e intereses, de las poderosas organizaciones criminales forjadas alrededor del narcotráfico, cuyos integrantes no sólo abusan de ellos, también los mercantilizan con una rapacidad obscena.También quedan expuestos a la corrupción de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado e incluso a la persecución de ciudadanos decididos a expulsarlos de sus comunidades cuanto antes.

En el viaje, también aparecen manos solidarias, techos bajo los cuales pueden recuperar un poco el aliento. Hay grupos y albergues que, en todo el territorio mexicano, ofrecen voluntariamente su ayuda a las personas migrantes. Los centros que los acogen en su camino, ofrecen abrigo y comida, también oídos y miradas dispuestas a saber de las dificultades experimentadas en el camino. Hablar de ello es una forma de aliviarlos de un carga que podría terminar por devorar sus almas. Los albergues también conversan con las personas que pasan por ellos a fin de documentarles y dejar constancia de su tránsito.

La situación actual en el norte de Marruecos es de crisis humanitaria, debido al incremento de personas “atascadas” allí durante un largo periodo de tiempo en situaciones de miseria. Nador cuenta en las montañas de sus alrededores con asentamientos de personas subsaharianas que han atravesado África camino de Europa y que utilizan el bosque para esconderse de la policía marroquí y esperar una oportunidad para entrar en Europa. Esperan la oportunidad para saltar la valla, cruzar a nado o tomar una barca o zodiac que les lleve hasta la costa española. Allí está la gente que ha gastado ya todos sus recursos económicos en el viaje, un trayecto que puede durar varios años, en función de la necesidad que las personas tengan de ir parando para trabajar y conseguir recursos para pagar a quienes les trasladan en el camino -a través por ejemplo, del desierto-.

La valla fronteriza de Melilla conocida como el “muro de la muerte” de la llamada “Frontera Sur” tiene seis metros de altura y está rematada con cuchillas afiladas. A pesar de ello, miles de personas intentan cruzarla cada año.  La mayoría son jóvenes que viajan hacia el sueño europeo huyendo del hambre y los graves conflictos que asolan sus países de origen.Las personas interceptadas saltando la valla son devueltas a Marruecos en el acto, sin cumplir el procedimiento marcado por la ley y con violencia. Las llamadas “devoluciones en caliente” están notoriamente al margen de la legalidad española y comunitaria.

Informarse sobre la complejidad de la situación en las fronteras es el primer paso. La exhibición fotográfica nos invita a detenernos en cada foto, leer los breves paneles de información, volver a contemplar cada foto, lentamente, e imaginar la vida que transcurre tras cada una de ellas…