A estas alturas de la película hay mil lecturas de lo ocurrido en las elecciones al parlamento catalán del pasado 27 de septiembre. Unas elecciones que más que unas votaciones a un parlamento autonómico parecía una final de la copa de Europa, por aquello de la emoción y de que sólo podía haber un ganador. Sí o no.

Sobre los resultados electorales nada que decir, pero sí sobre lo que para mí va más allá de la frontera catalana y de las votaciones en sí. Advierto desde ya que escribo desde Madrid, por lo que es desde mi vida aquí desde donde comparto estas reflexiones.

¿Es posible dialogar? Esta pregunta no es nueva, al menos si nos referimos a los políticos. Me pregunto si es posible reflexionar como ciudadanía, si es posible dar un espacio a entender, o al menos escuchar las razones por las que una parte inmensa de la sociedad catalana quiere la independencia. Cuando me refiero a escuchar no me refiero a tener que estar de acuerdo, pero sí dar espacio al entendimiento y así posibilitar el diálogo.

Me ocurrió que puse en twitter un comentario relativo a este tema de la escucha y Cataluña y un votante de Junts pel Sí, respondió al mensaje. Nos intercambiamos como 10 tweet, y terminó diciéndome que era la primera persona fuera de Cataluña con la que había podido dialogar. No creo ser ninguna excepción, simplemente creo que no nos hemos dado oportunidad como conciudadanos.

Democracia participativa. Hay toda una generación de españoles y españolas que nos hemos quitado la marca de la dictadura de encima, que hemos crecido en un país en libertad, y que nos hemos acostumbrado a opinar y poco a poco a participar, aunque esto va por barrios. La participación no se enseña, se practica, y eso no es lo común, aún.

La democracia parte de la idea de que el poder descansa en el pueblo (a eso se refiere la soberanía popular), y que por tanto, su ejercicio solo es delegado, y esta delegación empieza por el voto para elegir a nuestros representantes políticos, pero la democracia no acaba ahí.

La crisis que estamos viviendo está poniendo en evidencia el deterioro de las mediaciones sociales que hasta ahora habían sido partidos políticos, sindicatos, organizaciones vecinales… al mismo tiempo que surgen otras como los movimientos sociales que no son elegidos pero que dicen representar al pueblo y reclaman participación.

Pudiera decirse que estamos pasando de una democracia representativa a una democracia participativa, un grado más en la calidad de la democracia, pasando de ser elector a ciudadano con derechos y deberes en el campo de lo político, civil y social. Pero para que ciudadanos y ciudadanas se constituyan como actores eficaces en la acción pública, es preciso consolidar el concepto de ciudadanía y el de sociedad civil[i].

¿Somos demócratas? De los muchos comentarios, chistes, memes que he visto en estas semanas en redes sociales sobre los resultados de las elecciones catalanas ha sido este el que más me ha inquietado. Cada día más convencida de aquello que alguien dijo hace ya unos años; España no es un país que sepa vivir en democracia.

¿Qué pasa cuando la democracia no juega a favor de tus ideas e intereses? Pues supongo que depende de cuánto creas en la sabiduría y libertad de otros a no pensar ni sentir como tú. Algo que he aprendido con el tiempo es la dificultad de manejar en nuestras propias vidas la libertad, porque requiere de desprenderse continuamente de los apegos y de tomar constantemente decisiones que significan dejar atrás otras opciones.

Creo, señores y señoras diputados, que ya va siendo hora de arreglar la casa, el diálogo ya no es solo entre ustedes, sino entre ustedes y la ciudadanía, una ciudadanía que reclama, al menos en parte, que la participación es un derecho, pero sobre todo es fuente de derechos.

[i] Democracia y ciudadanía y derechos. Construyendo democracia. Yolanda Sánchez. Federación Internacional de Fe y Alegría.