Hambre y sed de verdad

Con la llegada de la Cuaresma también se pone en marcha la campaña de Manos Unidas. Este año lleva como lema “Comparte lo que importa” y los diseñadores del cartel han elegido cuatro elementos icónicos significativos: una mano, un teléfono móvil, el agua y un paisaje agrícola. No han utilizado una gama cromática cálida sino de grises, verdes y azules pálidos, como si quisieran decirnos que el planeta está presidido por tonos fríos que necesitan el movimiento de la mano humana para que el agua riegue la tierra, la vida dé fruto y arranque la primavera. Nos quieren recordar que la tierra necesita nutrientes, que también la vida del planeta tiene hambre y sed.

Si observamos con detalle la imagen, el centro de atención está en la esquina superior izquierda del teléfono móvil utilizado como regadera. El agua que está cayendo depende de un simple, fácil y sencillo movimiento de la mano que sujeta la regadera. Con una pequeña inclinación de la mano puede caer el agua a una tierra donde parece que ya ha caído otras veces porque el campo está roturado y sembrado anteriormente. Aunque gran parte de los observadores piensen que el foco de atención está en el agua (naturaleza), en el teléfono móvil (tecnología) o en la mano (acción humana), el verdadero foco de atención está fuera de la escena: en la orden del cerebro a la mano de la persona para que incline (o no) el recipiente del agua. El foco está puesto en la intención de la persona cuya voluntad tiene que determinarse con la inclinación de la mano para decidir regar.

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Alguien creerá que el lema elegido es un poco enigmático porque no remite a ninguno de los Objetivos para el Desarrollo sostenible con los que Naciones Unidas trabaja para erradicar la pobreza. Sin embargo, al elegir el verbo “compartir” se han centrado en una acción comprensible y operativa que afecta a los 17 objetivos con los que se ha construido la Agenda 2030. Ninguno de los objetivos generales que se describen podría medirse, comprobarse y evaluarse si los países implicados no estuvieran dispuestos a “compartir”. No se trata sólo de compartir presupuestos, recursos o tecnologías sino de compartir ideas, mentalidades, personas y horizontes de vida buena para todos. Con independencia de que sean 17 o 70, cualquier objetivo relacionado con la sostenibilidad del planeta exigirá una ciudadanía global con voluntad de compartir.

Para que el compartir sea sincero y pueda hacer operativos los objetivos para el desarrollo sostenible debe estar alimentado por un horizonte de verdad en la gestión y administración de la información. De nada servirán las campañas en las que nos embarcamos para promover el desarrollo integral si no tomamos posiciones claras en la sociedad de la información, es decir, si no proponemos una lectura crítica, reflexiva y selectiva de la información que diariamente nos bombardea. La movilización cotidiana con capacidad de forjar el carácter, promover la virtud cívica y transformar los corazones se alimenta diariamente de datos o informaciones que muchas veces son medias verdades, cuando no mentiras interesadas. De nada vale nuestro trabajo cotidiano si nos resignamos a que la sociedad de la información se transforme en la civilización de la mentira y la posverdad.

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Esa mano que tiene que moverse tiene que estar empujada por una voluntad de verdad que se está abriendo paso como condición necesaria para compartir y promover el desarrollo. Aunque no sea suficiente porque tiene que ir acompañada de gentes comprometidas, recursos de todo materiales e instituciones serias y transparentes, esta voluntad de verdad también se está haciendo un hueco en la agenda de los gestores de la globalización. Recordemos que hace unas semanas se presentó en el Foro de Davos el Trust Barometer 2017, informe de la Fundación Edelman que evalúa los niveles de confianza y credibilidad institucional del mundo. La conclusión de este informe mostraba bien que cuando la mentira se disfraza de posverdad, disminuyen los niveles de sinceridad, credibilidad y confianza entre personas, instituciones y pueblos.

Si ponemos en relación la imagen de la campaña y las conclusiones de esta fundación, podemos afirmar que las probabilidades de éxito que tienen las campañas para promover el desarrollo sostenible están directamente relacionadas con la transparencia en la información, la credibilidad y la generación de confianza. En este sentido, la batalla contra la pobreza y la promoción de una ecología integral a la que también nos invita con insistencia el Papa Francisco, es una batalla contra la indigencia intelectual, contra las mentiras dificultan la credibilidad y contra las medias verdades que impiden la reciprocidad, la cooperación y el desarrollo.

Por primera vez, este último informe del barómetro mundial de la confianza y credibilidad presentado en Davos indica que en los indicadores de la globalización también hay hambre y sed de verdad. Por primera vez, la comunidad internacional tiene datos e información suficiente para afirmar que la batalla del desarrollo sostenible también es también la batalla por la verdad, por la credibilidad y por la promoción de capital confianza. Por primera vez, la comunidad internacional tiene evidencias científicas y técnicas de una convicción que animó hace varias décadas a las inquietas mujeres que pusieron en marcha Manos Unidas: la lucha contra el hambre está movida por al hambre y la sed de verdad.

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