Hacia una mejor comprensión de la religión y asuntos internacionales

tw, ex-senador por Massachusetts, y 68º Secretario de Estado de los EEUU

Uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos hoy en día en la diplomacia internacional es la necesidad de comprender en su totalidad el enorme impacto que un amplio rango de tradiciones religiosas tienen en los asuntos internacionales. Yo habitualmente suelo decir que si volviera a la universidad, me especializaría en religiones comparadas y no en ciencias políticas. La razón es que los actores religiosos y sus instituciones están jugando un papel fundamental en todas las regiones del mundo y prácticamente en todos los aspectos esenciales de la política exterior de los Estados Unidos.

En junio, la histórica encíclica del papa Francisco, Laudato Si´, ayudó a defender medidas globales para combatir el cambio climático. Distintos grupos religiosos durante mucho tiempo han concienciado acerca del hambre y la violación de los Derechos Humanos; las monjas budistas en Nepal tienen un papel crucial en los esfuerzos de recuperación tras desastres naturales; y distintas organizaciones religiosas han sido esenciales para proporcionar apoyo humanitario a los refugiados sirios.

En asuntos tan diversos como la manera de enfocar el crecimiento económico, combatir el terrorismo, controlar la corrupción, mitigar conflictos, trabajar por los derechos de la mujer y promover la salud pública, las creencias religiosas conforman los puntos de vista del público y de los agentes de cambio en todas partes.

La religión es una fuerza multivalente que no puede ser reducida a términos de buenas y malas religiones. Más bien debemos tomarnos muy en serio aquellos ejemplos en los que los actores buscan justificar la violencia a través de la religión. En lugar de hablar de construir una escuela, crear una comunidad o proporcionar asistencia sanitaria, estos actores promueven en ocasiones la destrucción, tristemente, en nombre de la religión.

En la República Centroafricana, grupos militares, entre ellos algunos cristianos y musulmanes, están sumidos en un conflicto sangriento. Las minorías religiosas en Birmania, incluyendo la Rohingya (una comunidad musulmana) son víctimas del odio en discursos y leyes controvertidas que amenazan la libertad religiosa. En Oriente Medio y África, redes de odio como Daesh y Boko Haram justifican actos violentos con argumentos religiosos. Las principales ciudades europeas están también teniendo dificultades para resolver los problemas derivados de ataques violentos provocados por el antisemitismo, la radicalización y el anti-islamismo.

Como Secretario de Estado durante los dos últimos años, y anteriormente como senador durante 29 años y como candidato a la presidencia, me he reunido con líderes religiosos alrededor de todo el mundo. También me he encontrado con personas de todas las tradiciones religiosas, filosofías de vida y sistemas de creencias. Esta experiencia no ha hecho sino reafirmar mi convencimiento de que es mucho más lo que nos une, y debería unirnos, que lo que nos divide.

En medio de la diversidad de religiones existentes en el mundo, se dan denominadores comunes: muchas están vinculadas por la Regla de Oro. Comparten preocupaciones fundamentales sobre la condición humana, la pobreza, las relaciones humanas y nuestras responsabilidades para con los demás. Mucha gente habla de la fuerza que nos dan con el ejemplo nuestras comunidades religiosas, pero muy pocas personas convierten esas palabras en actos o  reglamentaciones. Los líderes públicos han de reconocer que en un mundo donde las personas de todas las tradiciones religiosas migran y se mezclan como nunca antes, estamos ignorando peligrosamente el impacto global de la religión.

Una nueva aproximación

No es suficiente hablar de un mejor diálogo. Hay que trabajar por hacer realidad esta necesidad. Esta es la razón por la que en 2013 anuncié la creación de la Oficina para las Religiones y Asuntos Globales en el Departamento de Estado, para ayudar a implementar la estrategia nacional del presidente Obama sobre colaboración con líderes religiosos y comunidades creyentes. Su misión es clara: ampliar nuestra comprensión de las dinámicas religiosas y nuestra relación con los distintos actores religiosos. La oficina está dirigida por Shaun Casey, antiguo profesor de Ética cristiana en el Seminario teológico de Wesley y uno de los principales expertos nacionales en religiones en la vida pública.  Como representante de los Estados Unidos para religiones y asuntos globales, está encargado de ampliar nuestra capacidad de llegar a más comunidades y alcanzar un mejor entendimiento entre los pueblos y los países.

La misión de esta nueva oficina es polifacética. En primer lugar, me proporciona asesoramiento de alto nivel en políticas relacionadas con religión. En muchos países alrededor del mundo, una aproximación pormenorizada a las políticas de cualquier área pasan por prestar atención a las dinámicas religiosas. En segundo lugar, trabaja con las embajadas estadounidenses y los consulados para mejorar su capacidad de abordar las dinámicas religiosas e implicar a los actores religiosos. Queremos que los agentes del servicio de exteriores sepan trabajar de forma efectiva con los individuos y grupos religiosos locales. Por último, sirve como punto inicial de contacto para organizaciones y personas interesadas en dialogar y reflexionar sobre asuntos de política exterior relacionados con la religión.

Esta última tarea gira en torno a una habilidad muy importante en la diplomacia: la escucha. Nos reunimos habitualmente con líderes religiosos y organizaciones de carácter religioso con el fin de escuchar sus ideas y propuestas para trabajar juntos en temas relevantes para todas las partes. Estos actores religiosos y organizaciones son piezas clave en sus países y tienen influencia tanto a nivel local como nacional. Aunque echó a andar tan sólo hace dos años, la oficina se ha reunido ya con más de mil líderes religiosos de cinco continentes y un amplio abanico de tradiciones religiosas. De hecho, la colaboración es un camino de doble sentido y nuestras políticas internacionales estarán mejor informadas si escuchamos lo que tienen que decir.

Para crear la oficina, alenté colaboraciones estratégicas consolidando múltiples oficinas que ya trabajaban en distintos temas relacionados con las religiones. Por ejemplo, Ira Forma, enviado especial para evaluar y combatir el antisemitismo, trabaja ahora junto a Shaarik Zafar, el representante especial para las comunidades musulmanas, y Arsalan Suleman, enviado especial a la Organización de Cooperación islámica. Aunque sus misiones se mantienen invariables, sus experiencias diplomáticas mejorarán al ser compartidas y la implementación de sus reflexiones será también más efectiva.

La Oficina para las Religiones y Asuntos Globales agrega valor a algunos de los retos internacionales más difíciles a los que nuestro país está teniendo que hacer frente. Uno es la lucha contra el cambio climático, una prioridad para la administración Obama y un tema que ha sido siempre importante para mí. Se trata también de un ámbito en el que tenemos fuertes aliados en la comunidad religiosa. Incluso ya antes de que el papa Francisco publicara su encíclica, distintas organizaciones religiosas habían levantado la voz en contra del calentamiento global. Hemos trabajado con muchos grupos religiosos para avanzar en la lucha, incluyendo a aquellos que se preparaban para participar en la Cumbre para el Cambio Climático de Naciones Unidas que tendrá lugar este año en París. La oficina se ha asegurado de que líderes de estos grupos pudieran reunirse e intercambiar puntos de vista con representantes del departamento sobre temas como el fondo Green Climate (Green Climate Fund).

La oficina está también liderando la toma de contacto con distintas comunidades en el extranjero de forma regular. Hace sólo unos meses, Shaarik Zafar encabezó una delegación de musulmanes americanos a Yakarta para dialogar acerca de las vías en las que Indonesia y Estados Unidos pueden afrontar juntos preocupaciones compartidas. Se abordaron temas como las posibilidades de aprovechar las oportunidades de colaboración en áreas como el creciente mercado e inversiones, y se reforzó el compromiso por valores como la tolerancia, la pluralidad o la democracia. La visita fue un ejemplo claro de nuestros esfuerzos por crear lazos entre pueblos, difundir mensajes clave y fortalecer las relaciones con las instituciones de la sociedad civil a nivel local.

Comprender la complejidad de la religión

Entiendo que pueda haber recelos acerca de la aproximación del gobierno de los Estados Unidos a la religión en este sentido. Algunos quizás se preocupen pensando que imaginamos influencias religiosas cuando sólo existen las políticas y sociales; o que nos saltaremos la separación Iglesia-Estado establecida en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Aunque estas preocupaciones sean serias, y las tenemos en cuenta diariamente, nuestro objetivo es asegurarnos de que nos acercamos a la religión con una visión crítica y analítica.

Los letrados del Departamento de Estado ya han establecido pautas claras y concretas acerca de lo que la Primera Enmienda permite y lo que no para ayudar a los funcionarios que trabajan en el extranjero. Debemos tener cuidado para no exagerar el papel de las religiones y para entender correctamente su interacción con la política, la economía y otros posibles factores.

Estamos ofreciendo también recursos para apoyar el compromiso de nuestros diplomáticos con los distintos actores religiosos. La oficina está diseñando, desarrollando e implementando módulos de formación para un amplio abanico de funcionarios del Departamento de Estado (desde embajadores a los más nuevos trabajadores en el extranjero) relacionados con la religión y las políticas exteriores. Estos materiales interactivos y las metodologías de aprendizaje creativo incrementarán el conocimiento de nuestros trabajadores fuera del país. Los cursos ayudarán a los funcionarios a reflexionar acerca de los complejos temas que emergen en torno a la religión, las dinámicas religiosas y los intereses americanos en un marco global diseñado para reforzar los objetivos de nuestras políticas de exterior.

Estos esfuerzos se ven complementados con nuestro trabajo en favor de la libertad religiosa en todo el mundo. El embajador para la libertad religiosa a nivel internacional, David Saperstein, y la Oficina de Libertad Religiosa del Departamento de Estado han protegido con éxito durante mucho tiempo las minorías religiosas y han hecho saltar las alarmas cuando ha sido necesario acerca de la opresión religiosa. La oficina trabaja para poner en práctica el mandato del Congreso de evaluar, informar y promover la libertad religiosa como uno de los Derechos Humanos en todo el mundo. Gracias a estas dos oficinas, me siento orgulloso de afirmar que los Estados Unidos está mejor preparado que nunca para entablar relación y trabajar con comunidades e ideas religiosas desde Sudamérica a Oriente Medio.

A comienzos de 2014, tuve el honor de viajar con el presidente Obama a Roma para conocer a Su Santidad el papa Francisco. Conocer al primer Papa jesuita como Secretario de Estado es algo que nunca podría haber imaginado cuando era monaguillo hace 60 años. Ese momento fue a la vez emocionante a nivel personal, y una materialización clara de la profunda conexión entre las religiones y los asuntos exteriores de América.

Hoy nos acercamos a los actores y grupos religiosos de una manera nueva. El Departamento de Estado entiende el papel central que juega la religión en la vida de millones de personas en todo el mundo, y sabemos que el compromiso con ellos puede abrir un mundo de posibilidades.  La variedad de temas relacionados con política exterior a la que nos enfrentamos hoy en día exige que reconozcamos una realidad fundamental: nuestra política exterior necesita una aproximación más compleja a la religión.

Artículo original publicado en la revista America

Traducción: Paula Merelo Romojaro

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