Supongo que no soy el único que estos días tiene sus redes sociales cargadas de política. Llega un tiempo fuerte en el que los partidos políticos están calentado y exprimiendo al máximo sus recursos para convencer a los ciudadanos y ganar votos. Este, de hecho, sería un primer punto de la reflexión, el objetivo político de estos días, tanto de partidos como de ciudadanos.

Las cosas han cambiado. Ya no es la política de marca, sin más, a la que nos tenían acostumbrados. Cuentan decisivamente otros aspectos que intentaré mostrar en este post. Sirva, como intento decir en la imagen, para hacer un alto y, en la medida de lo posible, decir “basta”:

1.    El primer objetivo político de todo partido es afianzar a sus propios simpatizantes y votantes. Quizá mover de su lugar a algún indeciso. Los mensajes claros y rotundos en las redes sociales se dirigen principalmente hacia los suyos, para seguir creando complicidad, para que sea lo que ven y lo que oyen, para que se muevan en unos determinados parámetros. Estos días, lamentablemente, a ningún partido político le interesa que su propio grupo se vuelva crítico y reflexivo. Todo se valora en parámetros de grupo.

2.    El segundo objetivo, que fácilmente corre y crece en la red, es atacar al contrario, desprestigiar sus políticas, crear una imagen negativa del mismo. Aquí entra en juego una cuestión muy interesante, y es que un enemigo común une a mucha más gente. Por lo tanto, los mensajes ya no son partidistas, los memes no se identifican con una marca de procedencia, y se pueden lanzar por la red para convertirlos en virales desde cualquier perfil de usuario. Debemos tener presente que estos mensajes son apoyados por todos los demás, desde sus propias filas. Dicho de otro modo, suelen ser los que más impacto tienen.

3.    El tercer objetivo es crear una buena imagen del líder y del partido. La realidad política suele ser muy, muy personalista. Hasta el punto de que fácilmente se identifican partido y persona. En las redes sociales las imágenes cuentan mucho y, a la vez, toda imagen expone. Algún que otro patinazo político hemos visto recientemente. Dentro de la imagen del líder, ya lo sabemos pero seguimos cayendo en ello, entra desde el corte de pelo, la ropa que lleva e incluso la gente de la que se rodea. Todo lo que aparece en las fotos oficiales tiende a ser controlado al máximo. Y se estudian para replicarlas una y otra vez.

4.    El cuarto, crear lenguaje y palabras comunes. Ahora se estudia qué es lo que más impacto tiene para seguir repitiéndolo. No pocos tweets los veremos convertidos en campaña en función de su aceptación y de la identificación de una gran masa con ellos. Seguramente, todos recordamos alguna “clave insignia” que se ha hecho recientemente famosa, aunque a golpe de repetirla, o gritarla, va perdiendo poco a poco aquel significado que escondía. Pasa a ser, y conviene estar alerta, casi pura apariencia estética en lugar de voz de la mayoría.

5.    Veremos, sin duda alguna, inactividad y falta de interacción desde los perfiles más oficiales y de referencia (que sólo son fuente de mensajes para afines) y cómo usuarios de segunda línea se encargan del diálogo, por no decir discusiones y enfrentamientos. Dicho de otro modo, juegan un papel de máxima importancia los muy afines a determinados planteamientos, que serán quienes repliquen a los contrarios y se encarguen de ensalzar y enaltecer los logros de los suyos. La implicación política en las redes sociales es muy alta y crece entre los más jóvenes, aunque muchas veces no sepan bien que están entrando en el juego político. Este dato es muy interesante, porque las redes reflejarán en gran medida la implicación de quienes están iniciándose en la vida democrática y cómo lo harán.

6.    Los más moderados y menos “alistado en una fila concreta” no expresan en público sus opiniones fácilmente. Conscientes de la importancia de la imagen digital, y lo que eso puede suponer en el presente o futuro, muchas personas omiten en público su propia opinión y se limitan a leer y reflexionar en otros ámbitos más cómodos, más seguros y menos expuestos al parecer general. Esta reserva, que marca tendencia en el sentido de convertir progresivamente las redes en un espacio de características más bien privadas, apareja necesariamente la ausencia de un auténtico debate político en las redes sociales. Para ciertas cuestiones, como el voto, se prefiere en gran medida el anonimato. No se puede pasar tan fácilmente de una sociedad individualista a una sociedad de la búsqueda del bien común, democráticamente entendida, de la noche a la mañana. Espero que esta tendencia pueda invertirse con el tiempo, pero dependerá de cómo se entienda la madurez democrática y de las libertades sociales en un futuro. Sería lamentable transformar un espacio como las redes sociales, con su potencia y capacidad para el encuentro, en un sinfín de reductos o guetos falsamente públicos.

7.    Las redes sociales se muestran incapaces de un verdadero diálogo, sosegado y tranquilo. Las razones son múltiples: por un lado, las limitaciones de la propia red, que tiende a unir a aquellos que son iguales; por otro, que han sido vinculadas al ocio y la diversión, y no a otras ocupaciones un poco más serias; por otro, que la limitación de caracteres, por ejemplo, no siempre facilita un planteamiento de conjunto claro y bien expuesto, quedándose en frases para la reflexión o eslóganes para convencidos; además, la sensación de exposición en determinados asuntos, con la implicación personal y la repercusión que tiene para la propia identidad en presente y futuro, pueden ser grandes; y que triunfa en este tiempo la tendencia clara y rotunda, la del mensaje unidireccional y seguro, sin matices, sin excesiva responsabilidad propia, buscando despertar más sentimientos y emociones que una buena reflexión. Asaltan por doquier retos, que no dependen ciertamente del mundo digital como de la cultura que importamos de otros ámbitos. Las redes sociales podrían dar lugar, como de hecho así ha sido, a encuentros y diálogos, pero son tristemente los menos frecuentes en comparación con esa otra política, que bien hacemos en calificar como de poca altura.

8.    Está en juego la lucha por un nuevo ámbito. Y ningún partido que se precie de tal puede mirar hacia otro lado. He seguido de cerca cómo políticos en activo se abrían perfiles en redes sociales porque era la moda, sin saber bien qué hacer con ellos, y todos sabemos de situaciones en las que expresar alegremente opiniones o frases a lo que venía ha traído a más de uno un nuevo disgusto. En cualquier caso, hay que participar, toca estar presente aunque sólo sea para no perder a los propios y que no puedan leer otras cosas. La única manera, la gran manera de hacerse significativos para propios y extraños, será dar la campanada más grande. Llegar a ser Trending Topic con las siglas del propio partido ya no sirve más que para decir “aquí estamos” o “aquí seguimos”. La aventura actual es colocar un buen #hashtag que diga algo. Seguro que hay muchos creativos buscando la fórmula del éxito. Será entonces cuando de verdad se conquiste este espacio.

9.    ¿Podría ser de otro modo? A mi modo de ver, por supuesto que hay alternativas (palabra de moda) para un cambio político digital. Por un lado, el cuidado que cada cual debería tener, imperiosamente y a riesgo de su propia vida y felicidad, de sí mismo y de aquello que recibe. No estaría de más ofrecer una lección cívica silenciando y bloqueando determinados mensajes que consideramos de poca monta y excesivamente sectarios. Por otro, velando por el bien de las propias palabras, siendo cada cual quien con libertad haga sus propuestas a la colectividad digital. Y, como tercer paso, aprendiendo a dialogar sinceramente en este nuevo continente, lo cual, como en el viejo, comienza en la verdadera escucha y preocupación por el otro. La limitación no se puede achacar tanto a la red, a internet y a lo que sucede en ella, cuando a la propia persona, a nuestra educación y cultura.

Seguramente, me he dejado muchas cosas en el tintero. Sirvan estos puntos para iniciar el diálogo y sabernos expuestos, en este mundo y tiempo que vivimos, a nuevas formas de hacer política que pretenden conquistar lo público, lo común, lo personal.

Seguimos en diálogo @josefer_juan