Hábitos tecnológicos

Muchos llevamos ya tiempo usando tecnología de forma común y quizá sea tiempo plantearse qué tipo de hábitos tecnológicos hemos formado, cómo nos repercuten y hacia dónde nos llevan. Quizá -otro más- sea bueno considerar aquello que sigue recordando Aristóteles de que los hábitos conforman una especie de segunda naturaleza, de segunda piel en la que vivimos y que, con más o menos acierto, nos facilitan la vida buena (virtud) o nos impiden decididamente llegar a ella (vicio). En este sentido está claro que todo hábito, por lo tanto, afecta muy decididamente a nuestro modo de estar en el mundo. Es decir, que a través de la persona llega a configurar de igual manera sociedades nuevas.

Cuida tu seguridad

  1. Contraseñas. Un básico: no poner la misma contraseña siempre en todas partes y actualizarla de vez en cuando. Muchas aplicaciones te permiten además añadir el número de teléfono como seguridad añadida (a cambio, eso sí, de mayor información).
  2. Actualización. Mantén tus equipos actualizados, lo cual se puede normalmente programar. Si no, por seguridad, fíjate en si hay o no actualizaciones disponibles. Esto vale tanto para el software del ordenador como para las aplicaciones móviles.
  3. ¡No te olvides del antivirus! No lo puede todo, pero de lo general te salvará. Ten presente que el tráfico de información robada en la red alcanza cotas insospechadas.
  4. Si no estás seguro, ¡no entres! Gran cantidad de “bichitos” informáticos se cuelan de esta manera en tu ordenador. Tú visitas una página y a cambio das acceso también a vete-tú-a-saber-qué. Desconfía de los enlaces que te llegan en redes sociales o por email si no puedes comprobar antes su procedencia. Parece un aviso tonto, pero la gente entrega hasta sus números de cuenta bancaria, números de identidad…
  5. Piensa en lo que necesitas y el resto bórralo. Sobre todo en el móvil, si no eres de los que trasteas mucho con el ordenador. Los móviles están repletos de aplicaciones que se probaron un rato y que ya no se han vuelto a usar, y están ahí consumiendo recursos, cuando no recibiendo información.
  6. Descarga lo necesario. Primero borra, porque acumular por acumular de nada sirve. Pero después descarga aquello que necesites. Hoy tenemos herramientas online suficientes para muchas tareas básicas, pero si no…
  7. Haz una copia de seguridad cada cierto tiempo. El “cierto tiempo” depende de lo que uses el ordenador, de si es para ti un lugar de trabajo o no. Para unos puede valer con un mes, para otros cada semana (o menos). Y, de paso, haz una copia de seguridad completa.

Hábitos tecnológicos y vida cotidiana

  1. Cuidar la identidad personal. Internet ya sabe quién eres por lo que tú proyectas de ti, por lo que escribes, por lo que compartes. Es tu identidad digital, cargada de referencias, momentos, relaciones, intereses, gustos, preferencias de todo tipo, páginas visitas, dispositivos, lugares… Prácticamente todo lo que haces forma tu identidad en la red. Saber cuidarla no es cualquier cosa, es aprender a ser responsable de sí mismo en la red, es decir, adulto digital.
  2. ¡Ojo con el tiempo! Una buena pregunta es cuándo te conectas por primera vez en el día, cuándo por última. El número de veces a lo largo del día es incontable. De vez en cuando, por racionalizar, ¿no estaría de más saber al menos en qué se emplea el tiempo?
  3. Calendarios y eventos. Uno, aprender a sincronizarlos en los distintos dispositivos. El uso de calendarios tiene dos grandes problemas: convertirlos en espacios de tareas y en hacerlos inservibles porque terminan siendo genéricos e imprecisos. El calendario
  4. Buenas listas de tareas. Un buen hábito es precisamente este, el de ir anotando las tareas pendientes de buena manera. La fecha es fundamental: que te avise cuando tienes planificado hacerlo y no en todo momento. Y acostumbrarse a resolverla lo antes posible.
  5. Saber consultar. Para casi todo hay una app, con consejos de personas. Saber encontrar lo bueno y desechar lo malo. Por ejemplo, cuando vas de viaje, cuando estás en la calle buscando algo, cuando quieres encontrar un producto concreto.
  6. Saber buscar, consultar dudas. Y, por tanto, saber leer en la red. Cada vez más personas realizan tutoriales en YouTube, porque se pregunta a YouTube muchas cosas que antes simplemente buscábamos en Google. Consejos directos, aplicaciones concretas. También hace falta mucho sentido crítico para reconocer lo que vale y lo que no.
  7. Aplicaciones funcionales. Algunos amigos me pregunta para qué valen las apps que tienen instaladas en el móvil y para qué pueden usarlas. Mi recomendación es la contraria: saber qué necesitas y qué aplicación es la que te viene bien. Existen miles de aplicaciones para casi todo, y cientos para tareas muy similares. Pero se escapan las que son más funcionales y prácticas. ¿Por qué no suscribirse a un canal de recomendaciones?
  8. Aprender a estar al día. Dos extremos al respecto: los que siempre van a la última, sin saber por qué van a a la última, simplemente por el hecho de llevar “lo más”; y los que andan “descatalogados”. Ni una cosa, ni la otra. Quizá conviene, como nunca, ser prácticos ante la vorágine de posibilidades para no saturarse.
  9. Saber leer. Es un requisito digital indispensable: qué lees, qué quieres leer, qué quisieras leer. Lo primero te ofrece cualquier cosa, cualquier fuente. Lo segundo se pregunta por los intereses. Lo tercero por lo que quiere encontrar en la red, con mucha más precisión. Para ello las herramientas de curación de contenidos son indispensables, en las que agregar buenas fuentes de información. Si tuviese que apostar por un buen hábito, éste sería uno de los más importantes.
  10. Presencia social. Internet también es un espacio muy válido para la transformación social. De hecho, ya lo hace. De por sí excluye a aquellos que están al otro lado de la brecha digital y los margina. Los que están dentro del continente digital no pueden usar internet de cualquier modo por tanto. Es una responsabilidad que también vincula buscando la mejora de la sociedad. Si se quiere.

Hábitos tecnológicos en redes sociales

  1. ¿Sé tú mismo? ¡Hasta cierto punto! Aquí el “ser uno mismo”, relacionado con la autenticidad y la libertad personal, debe aprender a conjugarse con saber estar, al mismo tiempo, en un espacio “público” y compartido. Lo primero me parece fundamental y esencial, porque lo contrario sería caer en la esquizofrenia. Pero saber que estás en un espacio compartido lo considero clave para desenvolverse con éxito y madurez en el mundo digital. Recuerdo lo que decía antes, ¡estás formando tu identidad digital!
  2. Redes, en plural. Ya no hablamos de una red, sino de muchas redes. Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat… Por un lado, ¿para qué tantas? Por otro, ¿eres capaz de mantenerlas? Y un poco más allá, ¿saber estar en cada una de ellas bien? Puede que quizá menos sea más.
  3. ¿Qué hacer con las notificaciones? Si el móvil está continuamente dando alertas, de nada sirve. Sinceramente, cuanto más silenciadas estén determinadas notificaciones, y más sabiendo que luego las consultarás, mejor. A mi entender es una ayuda para estar centrado cada cosa en su momento y no depender continuamente del móvil.
  4. ¿Fuente de entretenimiento o algo más? ¿En qué se ha convertido la red para las personas y qué relación directa tiene con su aburrimiento? Trabajando con jóvenes me doy cuenta de que muchos de ellos lo vinculan directamente con sus búsquedas de algo que conecte con ellos. Sin duda alguna una fuente para la creación de hábitos y costumbres de lo más cotidiano.
  5. Seleccionar, seguir a “unos cuantos”. Aprender a quién seguir, sin seguir “sin más”. Porque ofrecen algo valioso para mi vida, porque son personas que aportan un valor distintivo a la red, porque son personas con quienes se puede intercambiar opiniones y dialogar. Pero entre todos ellos hay algunas personas que destacan por su visión, por su actividad, por sus valores. A esos, leerlos con frecuencia y buscar interactuar con ellos.
  6. Todo internet es una gran red social. Los comportamientos se exportan. Las redes sociales, que son el núcleo más importante de Internet, hacen que los hábitos pasen de un lado a otro casi sin pensar. Según nos habituemos a estar en nuestras redes sociales, así también actuaremos o buscaremos actuar en el resto de espacios. Por ejemplo, usando aplicaciones de mensajería como Whatsapp, que con sus grupos ha hecho que los que lo tienen simulen estar en una red social de personas cercanas.
  7. Aportar valor. Un mal hábito es estar en la red como mero consumidor. De la sociedad de consumo nacen hijos consumidores, que buscan aprovecharse más que aprovechar, disfrutar más que ser quien haga disfrutar, encontrar lo útil más que facilitarlo. Algo que cambiaría las tornas -con lo que sueño decididamente- es una red que dé al otro lo que necesite de forma desinteresada y generosa, que se ponga en contacto con quien lo necesita, con quien busca, y sepa escuchar.
  8. Tejer red. El ¡boom! de los contactos masivos -salvo excepciones- ha pasado. La gente se ha vuelto más selectiva digitalmente (aunque todavía no sepa cómo funciona la difusión en Facebook) y se cierran los círculos para seguir y estar pendientes de los más cercanos. Lo online y lo offline comienzan a darse la mano, porque este es su gran destino: acercar personas. La red es auténticamente red cuando el vínculo se consolida en ambos espacios. De otra manera no tendría ningún sentido.
  9. Saber guardar y archivar. Lo valioso hay que saber guardarlo con orden, no de cualquier manera. En las redes sociales aparecen muchos enlaces que se pueden leer después simplemente con marcarlos con una indicación. Pero después también hay que saber qué hacer con ello y cómo sacarle valor. Ni acumular, ni perder. Situarse en el buen equilibro entre ambas. Hábitos en este sentido son esenciales, herramientas que nos ayuden y nos acostumbren a usar bien la tecnología.
  10. La era del conocimiento compartido. Por último, la gran esperanza de la era digital: hábitos tecnológicos relacionados con compartir conocimiento y vida. En qué medida estamos aprendiendo a situarnos con otros mirando en la misma dirección, creando proyectos, impulsando internet. La red se crea a diario y, a su vez, reinterpreta el mundo en un sentido, con unos valores, con una mirada, con unas preocupaciones. Nuestra mera presencia consolida este avance, ¿o hay algo distinto que aportar, con otros, en este tiempo nuevo de enriquecimiento común?

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