El carnaval es una fiesta callejera y popular. En principio, en los carnavales, no hay espectadores ni actores: todas las personas participan en la fiesta. Tampoco hay escenarios en los que ver espectáculos, sino que todo tiene lugar en la calle y en espacios abiertos. Por supuesto, esto es así en el origen, pues luego hay muchas variantes y diferentes evoluciones. En todo caso, cualquiera puede ver la diferencia entre un carnaval de barrio y la gala de los Goya, por poner un ejemplo reciente.

Hablando de Goya, recordemos que el pintor aragonés hizo coincidir el anuncio de la venta de la serie de sus ochenta Caprichos con el miércoles de ceniza de 1799, el día del último carnaval del siglo XVIII. Esta serie de grabados al aguafuerte expresa la crítica social a través de la extravagancia, la fantasía y un estilo carnavalesco. Y es que la “fiesta de la alteridad gozosa” consigue alterar o subvertir el orden establecido, ofreciendo tiempo y espacio para la irrupción de lo reprimido y la participación de los oprimidos. Con todo ello guarda relación su serie posterior de Disparates, donde los protagonistas de la acción pública no son los poderes habituales (monarquía, aristocracia, militares o eclesiásticos) sino la gente de a pie. No en vano el alemán Goethe consideraba el carnaval como una revolución simbólica.

"Disparate de Carnaval". Origen de archivo http://commons.wikimedia.org/wiki/Francisco_de_Goya_y_Lucientes

“Disparate de Carnaval”. Origen de archivo
http://commons.wikimedia.org/wiki/Francisco_de_Goya_y_Lucientes

Pero ni la vida ni la política pueden quedarse en la calle, en el carnaval. Hay que llevarla al ágora, a la plaza pública. Y eso significa asumir al menos dos dimensiones, si no queremos quedarnos en el entretenimiento facilón. Política como polis y como polemos. También Goya nos puede ayudar a esto. Su cuadro “La gallina ciega” expresa la circularidad, la armonía, el encuentro, el acuerdo. Y eso forma parte de la política, como gestión de la convivencia ciudadana en la polis. Es la parte luminosa de la política. Pero entre las pinturas negras de Goya encontramos el “Duelo a garrotazos”, que puede ayudar a entender la política como polemos, como disputa, conflicto, oposición, lucha por el poder. Esta dimensión de la actividad política  puede llegar a agudizarse en nuestra sociedad, cuando los debates se convierten en un espectáculo parecido a las peleas de gallos.

En los carnavales de Madrid de este año, la polémica ha venido por una desafortunada representación de títeres, que el propio Ahora Madrid ha considerado como “muy grave”. Yo acepto que la sátira puede ser un modo de crítica social (el carnaval está lleno de ella), pero me parece evidente que no todo vale en un espectáculo para niños. No he visto la representación de “Títeres desde abajo” y, por tanto, hablo desde referencias indirectas; pero, en todo caso, es claro que representar en público cómo se ahorca a un juez, se viola a una mujer, se asesina a un hombre, se apuñala a una religiosa, se intenta un aborto y se muestra una pancarta a favor de una banda terrorista (o dos), está fuera de lugar. Quizá encarcelar a los titiriteros sea excesivo, pero ciertamente el conjunto es un despropósito. No basta decir que el Ayuntamiento está “absolutamente indignado” ni echar balones fuera; hay que asumir responsabilidades.

Y es que, en mi opinión, no se trata de la “típica guerra cultural saldada con notable daño para el Ayuntamiento y poco esfuerzo para los media neocon”. Porque este error del Ayuntamiento de Madrid se suma a la polémica de la cabalgata de Reyes y al insultante fallo de quitar una placa, en el cementerio parroquial de Carabanchel, en memoria de ocho jóvenes frailes carmelitas asesinados en 1936. Así no construimos la polis sino que nos atrancamos en el polemos más estéril. Tenemos cosas más importantes que hacer. Es hora de pasar del “Duelo a garrotazos” a “La gallina ciega”. Como dice el papa Francisco: “El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad” (Evangelii Gaudium, n. 226).

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Imagen: Duelo a garrotazos”, de Francisco de Goya. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

Parte del texto apareció en la revista “Sal Terrae”, octubre de 2015