¡Gobierno habemus! ¡Aleluya! ¡Ya no están los ministros en funciones! ¡Hurra! ¡Vítor! ¡Loada sea Santa Rita de Casia, abogada de imposibles, que, en la segunda vela y al final de la séptima novena, se dignó, por fin, atender las súplicas de este ciudadano-contribuyente!…

Ahora bien, digo yo: Si España venía funcionando con su inercia y fue capaz de sobrevivir al cantamañanismo de tirios y de troyanos. Si durante casi un año supimos ejercitarnos en la obra de misericordia -no en vano estábamos en coyuntura eclesiástica propicia a ello- que pide sufrir con paciencia los defectos del prójimo -léase: la letanía de ocurrencias y exabruptos, ora de lampiños salvapatrias, ora de inservibles poltrones amojamados; o las estupideces dialécticas del  “¡y tú más!”…  del “¡no, es no!” o de “¡en la tuya, por si acaso!”… Si no nos estomagaron del todo los bloqueos institucionales interesados y las escaramuzas tácticas de vuelo corto, de partidismo exclusivista y miope… Digo que, si todo eso fue así, supuestamente sin reacción gubernativa, a partir de ahora -guste más o menos lo que hay, porque haberlo haylo y con legitimidad bastante para operar- no va a haber quien nos pare.

Eso sí, con tal de que entre todos nos impongamos algunas condiciones. La primera, que dejemos, unos de llorar; y otros de marear. La segunda, que demos ya por cerradas probaturas y melindres y empecemos a ejercer de adultos. Y la tercera, más importante, que nos pongamos todos a trabajar. Y no sólo los políticos… Cada quien en lo suyo -funcionarios a funcionar; profesores a dar bien las clases; pescadores a pescar como es debido; estudiantes a estudiar de firme… empresarios a emprender con moral alta-… Cuantos más seamos, mejor… y siempre con la mirada puesta en el Bien Común.

-¡Ahí es nada, compadre! ¡No pide usted poco!

-¡Pido lo que es justo, hombre de Dios!

-¿Y qué sugiere usted? ¿Qué plan propone? ¿Por dónde empezamos la faena?

-Pues mire, una vez ya sabe uno cómo caza la perrina -que dice Laly, mi reciente amiga emeritense- lo suyo sería algo así como lo que sigue: Antes de volverse loco, poniendo a rodar providencias y políticas improvisadas, habría que empezar la casa por los cimientos y la cosa por el tejado.  ¿Le gusta a usted el retruécano, compadre?…  Es bueno, ¿eh?..

Pues me explico: España necesita, más que el comer, un proyecto de país, un reto a gran escala, una estrategia. Algo que estimule y aporte estructura moral y ganas de progreso. Porque España, hoy, no tiene proyecto. Lo tuvo muchas veces a lo largo de la historia… Y no hay que retrotraerse a la Reconquista, ni a los tiempos del Imperio en el que no se ponía el sol. España tuvo también proyectos estratégicos y retadores varias veces en los últimos cuarenta años. Pero, como digo, hace ya bastante tiempo que no los tiene.

-¿Y qué me dice usted de lo de “la marca España”?

-¡Ah! El sucedáneo ése de la “marca España”. Pues mire usted: es algo que no nos acaba de dar ni frío ni calor. Como dice mi amigo el Eutiquio, el de Villaconejos: “Eso de la marca España es una chuminá campera . No diré yo tanto -líbreme Dios-, pero casi, casi…

Para mis lectores millenials, diré que hubo no hace tanto un exitoso proyecto colectivo en busca de la libertad y que permitió una transición pacífica de la dictadura a la democracia; con el esperanzador camino hacia la reconciliación y la concordia nacional. También vivimos como cosa de común los tira-y-afloja previos a nuestra entrada en la Unión Europea… Incluso los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla en el 92 contribuyeron a que, otra vez, nos agrupáramos todos en la lucha… Bueno, todos no: los asesinos de la ETA iban por libre, jodiendo al pueblo trabajador con sus delirios; pero tampoco pudieron -ni sus coches-bomba, ni sus cobardes tiros en la nuca, ni sus chantajes y secuestros… -, digo que tampoco pudieron con la voluntad democrática y pacífica de la buena y honrada gente que habita y construye cada día el extraordinario y gran país que nos singulariza…

Por desgracia, hoy en día nada -o muy poco de aquellos retos ilusionantes- nos queda. Y esta falta de ilusión por trabajar juntos de manera solidaria y con el legítimo orgullo de sentirnos compatriotas, hijos de una patria común, sin lugar a dudas, es lo más grave de todo lo que nos pasa. Y lo que merecería los mayores desvelos de parte de todos y un liderazgo eficaz.

La falta de proyecto es lo más grave, porque es lo más importanteAunque lo más urgente, por este orden, sea esto otro: Un pacto por la educación; un acuerdo para garantizar las pensiones; un compromiso por la regeneración democrática y contra la corrupción; un convenio para fijar políticas y prioridades que aceleren el crecimiento económico -infraestructuras físicas y tecnología digital, fiscalidad, comercio, competitividad, innovación social-; una alianza para acomodar la Constitución a las nuevas realidades, con vistas a que ello sirva de base para volver a soñar todos a una…

-¡Muy difícil lo columbro, compañero!

-¡No dije que fuera fácil…! Es casi, casi, imposible… Pero merecerá la pena intentarlo y rezar…

Hace una semana, volviendo de Valencia, en la estación de Atocha tuve que indicar a cuatro monjitas de Estonia, cómo ir a Chamartín. La más joven malhablaba algo parecido al inglés. Y sirvió… Fue suficiente para que nos pudiéramos entender. Subimos al mismo tren. Se sentaron juntas; y yo, un poco más adelante. Cuando nos apeamos en Chamartín, una de las hermanas más mayores, se me acercó, alisó la toca sonriendo y me dijo, con un castellano más que aceptable: “¡Viva España!”

“¡Muchas gracias, hermana!”, contesté yo. Y pensé para mí: ¿Qué español vitorearía hoy de esa forma, sin miedo a ser motejado de facha o a que lo pudieran poner los progres e independentistas de cualquiera de estas cuatro -malas- maneras, a escoger:  como no digan dueñas; como chupa de dómine; a caer de un burro; o a parir…?

El que suscribe confiesa lelamente al bondadoso lector, que dudó mucho respecto a qué foto escoger para ilustrar este post¿Bandera nacional?, ¿mapa de España?, ¿escudo de Su Majestad Felipe VI?…  ¡Quiá! Mejor una imagen de Santa Rita de Casia…

Por aquello de los imposibles convertidos milagrosamente en realidad, ¿verdá usté?

-¡Si , señor! ¡Por eso mismo!


Nota del editor: si alguien quiere profundizar en estas cuestiones, recomendamos el editorial de nuestra revista hermana Razón y fe: “España, ¿una economía en funciones?”