Estuve la semana pasada en BodØ, un pueblo al norte de Noruega donde, literalmente, no se ponía el sol. Participaba en una conferencia del Instituto Europeo SPES sobre Ecología Integral y Espiritualidad. Tuve una comunicación bajo el bonito título de: “Epystemological Approach to the Concept of Sustainability”: ¡Ahí es nada!

En uno de esos momentos en que la mente se fatiga del esfuerzo lingüístico, vine a dar en pararme en la palabra, que como mantra, el ponente repetía, sobre poco más o menos, cada minuto y medio: /Globaliseision/ venía a decir el colega… Y como digo, saboreando el término, más allá del concepto, caí en la cuenta de que globalization remite a globo… Pero lo curioso fue que no pensaba yo entonces en la metáfora que llama “globo” al planeta en toda su redondez; sino que sentía vagar mis ideas como una mariposa revoleadora hacia la realidad –no al concepto- del globo. Pero del globo de verdad: el de los cotillones de espantasuegras; el de los cumples de los niños; el de aquellos que se inflan y que, si te pasas, acaban por explotar…

Pero como dicen que ex abundantia cordis loquitur os; y que, por lo demás, venía inconscientemente considerando qué habría de contar en esta tribuna que vas leyendo. Por un extraño quiebro, junté lo del globo con la deriva que había prometido seguir a propósito del asunto de la ineficacia del capitalismo actual en mi última colaboración. Y entonces, voilá!

Sígame. Tracemos un círculo del tamaño de una moneda de dos euros. Con letra pequeña, diminuta, en el centro escribiremos lo siguiente: “Economía real de bienes y servicios”. Fuera del círculo – más concretamente, a las nueve menos cuarto, que decíamos cuando las maniobras de la mili- escribiríamos lo siguiente: “Naturaleza”. A las seis y media, esto otro: “Trabajo manual”. Las tres y cuarto llevaría el rubro de “Industrialización”… Y arriba, a las doce, un letrerito que dijera: “Servicios”… y dentro de él, como una especie de berruguita excrecente, iría destacándose de manera sutil otro epigrafillo que rezara: “Banca, finanzas y mercados financieros”.

He ahí la madre de todos los corderos… y haga el lector el ejercicio que le propongo. Cierre los ojos y vea crecer, crecer, crecer… inflarse, hincharse como un globo, agrandarse, tomar cuerpo y volumen a esa especie de epiciclo del mundo de lo financiero… Vea cómo desborda ya el tamaño de la moneda de los dos leuros, que dice el castizo. Note cómo desborda la hoja; sube por las paredes de la habitación… llega a una altura de doce pisos y sigue in crescendo.

Eso es lo que llaman los que saben, la financierización de la economía. Y eso es lo que quiero decir con que la globalización viene de globo: de que las finanzas han tomado el lugar de la economía; que han pasado de ser medio a convertirse en fin; que han dejado de estar al servicio–canalizar el ahorro a la inversión; crear trabajo y riqueza- para reinar… Han pasado de prestar a vender. Siendo ello así, la economía se ha vuelto un juego de suma cero entre quienes tienen riqueza financiera y el resto de los mortales… Este es el grave problema del capitalismo actual. Y tiene que ser resuelto, si de veras buscamos la sostenibilidad.

-“Oiga: Esto de que la globalización viene de globo, ¿lo leyó antes en algún sitio?”

-“¡No, por cierto!

-“Entonces, el que lo use a partir de ahora… debería citarle, ¿verdad, usté?

-“Pues, hombre, yo creo que sí! Pero ya veremos… si podemos”.