La globalización que desequilibra al planeta

Proceso de globalización (1)

Para el sistema neoliberal el paro a nivel mundial no es un problema. Es un bien porque multiplica sus ganancias a costa de bajos los salarios. Esto no se hubiera producido sin la globalización.

Las multinacionales vieron que el primitivo sistema capitalista reducía sus ganancias porque se basaba en la nación como unidad de producción y consumo. Ellas pujaron por transformar el mundo en un único mercado porque cuanto más grande fuese la feria, más negocios podrían hacer.

Pero, a la vista de los resultados se quedaron con un palmo de narices porque descubrieron que en el mundo hay más pobres que 

ricos. Solo el 30% de la población mundial pueden comprar los productos de las multinacionales. ¡Vaya negocio!

Entonces los empresarios se miraron unos a otros y descubrieron que en el mundo hay millones de personas dispuestas a trabajar por salarios mucho más bajos de los que se pagan en los países del Norte. Así que, ¿por qué no aprovecharlo? De ahí que la producción la hayan llevado a países  pobres de Asia, África y Europa del Este. Esto se llamó EXTERNALIZACIÓN.

Principio legalizador

Al fin y al cabo, uno de los principios base del capitalismo consiste en reducir el trabajo a una mercancía más, como cualquier materia prima o factor de la producción. Si yo puedo comprar los ladrillos para mi empresa de construcción más baratos en otra fábrica, aumentaría mis ganancias al reducir los costes. ¿Por qué no hacer lo mismo con la “mercancía-trabajo” en la aldea global del mundo?

Claro que este planteamiento olvida que un trabajador es un ser humano sujeto de derechos y obligaciones, a diferencia de los ladrillos que podemos tratar con la lógica comercial. La Doctrina Social de la Iglesia afirma esto rotundamente. (CDSI 271)

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Efectos

Esta globalización propugnada por el neoliberalismo produce los bienes y servicios para la humanidad donde haya sueldos más baratos. India absorbe el 70% de la externalización de servicios de Tecnología informática del mundo porque su trabajo cuesta cinco veces menos. Igualmente pasa con otras industrias externalizadas en China, Manila, Shangai…

El ingeniero indio que trabaja manejando algoritmos informáticos cobra 1.000 $ mensuales, sueldo muy sustancioso en un contexto económico pobre. Pero el mismo ingeniero estadounidense cuesta 7.000 $. O sea, que la globalización embolsa 6.000 $ por trabajador en las arcas de las multinacionales neoliberales. Igualmente, una hora de trabajo para un obrero italiano en sector textil vale 15,60 $; en Indonesia 0.50 $; en China 0,41 $ y en Bangladesh 0,25 $.

Esta transferencia debida a la globalización se está convirtiendo en un arma de chantaje. En 2004, Siemens y Daimler dieron un ultimátum a un potente sindicato alemán en estos términos: o la fuga hacia Europa del Este o la reducción salarial. El sindicato optó por la segunda posibilidad para poder sobrevivir con un trabajo porque la necesidad tiene cara de hereje.

Esto pasa todos los días en Europa. Por recordar el último caso, Opel dijo lo mismo en enero a los obreros de Figueruelas (Zaragoza) tras una negociación larga y angustiosa.

Alternativas

A) Que el neoliberalismo externalice la producción a los países pobres. Con esa operación centuplica sus ganancias.

En este caso estaríamos destinados a vivir en un mundo marcado por escandalosos e injustos desequilibrios que crean descontento cada vez más graves entre el Norte y en el Sur.

B) Que el sistema se diera cuenta de que camina hacia un suicidio y aceptara subir los salarios en todo el mundo para impulsar la máquina de la economía al aumentar el consumo.

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En este caso viviríamos en un mundo más equilibrado, pero con mayor riesgo medioambiental de todo el planeta.

C) Que el sistema decidiera deshacer el camino andado y volviera a traer la producción a los países ricos, porque le conviene aprovechar una situación donde todo está predispuesto para la expansión del consumo.

En este caso viviríamos en un mundo que refuerza el desequilibrio social en los países ricos, quienes van a pedir derechos humanos ligados al trabajo (sueldos decentes, jubilación digna…) y desequilibrio en los países pobres quienes, debido a la globalización, van a aporrear las puertas de los países ricos pidiendo una oportunidad.

Queda libre el lector de elegir la alternativa que prefiera.

1GESUALDI Francesco, “Por una vida sobria”. (Este artículo está inspirado en este libro)

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