El 13 de febrero de este año Giuseppe Dossetti hubiera cumplido 102 años. Nacido el 1913 y fallecido en 1996, este político fue vicesecretario (1945–1951) de la Democracia Cristiana italiana y su líder en el ayuntamiento de Bolonia hasta 1958. Más tarde fue ordenado sacerdote (6 de enero de 1959) y fundó una comunidad monástica (Piccola Famiglia dell’Annunziata). Presentamos a continuación algunos párrafos de un artículo del Catedrático de Ciencia Política (Universidad Roma Tre) Renato Moro. El artículo original fue traducido por la Revista de Fomento Social y puede encontrarse completo en este enlace. Nos ha parecido interesante ofrecerlo a nuestros lectores, dado que estamos ante una figura importante y poco conocida en España y, sobre todo, como un modo de reivindicar la vocación y el compromiso político, más allá de cuáles sean las opciones concretas de cada cual.

El texto se titula “La biografía de una generación católica. Giuseppe Dossetti en el centenario de su nacimiento” y examina la experiencia individual de Dossetti, poniéndola en contraste con los itinerarios personales de una generación católica entre fascismo y democracia. Tras una breve aproximación al problema histórico de la nueva clase política católica, analiza las características de la formación de esta generación y la forma en que aquellos jóvenes católicos pasaron a la política.

Dice Renato Moro: “Me parece que hay que partir de la perspectiva de lo que representa el régimen fascista. No se insistirá nunca suficientemente sobre el hecho de que el fascismo constituyó una cesura más profunda, también en la historia del catolicismo italiano, de lo que se suele pensar. El fascismo provocó una ruptura en el desarrollo del movimiento católico, aunque también la aparición de unas condiciones nuevas para la inserción católica en la sociedad italiana al amparo del Concordato. Los elementos fundamentales biográficos también permiten comprobar esta afirmación en Dossetti”.

Y se pregunta: “¿Cuáles fueron los momentos decisivos y los contenidos determinantes para que estos jóvenes hicieran la transición de la pertenencia religiosa al compromiso político? Podemos señalar dos: la guerra y la resistencia”.

Dossetti joven
Dossetti joven

Hacia 1943-44, Dossetti, que se oponía a la creación de un partido de católicos, había expuesto esta argumentación:

1) el católico como tal es miembro de la Iglesia, más bien es la Iglesia misma. Ahora bien, la Iglesia está por encima del partido; no puede decantarse por ninguna parte, puesto que es «plenitud de Cristo» y citaba la encíclica Mystici Corporis Christi de Pío XII y sus mensajes navideños. La Iglesia permea todas las culturas, ilumina con sus principios de verdad, de justicia, de solidaridad, todos los sistemas sociales y políticos, pero no puede identificarse con ninguno de ellos;

2) un partido católico defiende los intereses religiosos basándose en principios dogmáticos, que debe aplicar sin “compromisos”, también en el campo político, tendiendo necesariamente al integrismo y a la confesionalidad;

3) un partido católico, al afirmar los principios cristianos en el campo político, debe llegar a acuerdos necesariamente con los postulados de los otros partidos, y por tanto desnaturalizar y reducir el valor de los mismos principios;

4) un partido católico verá como los otros partidos se alinean en un frente laico, agudizando cada vez más el triste fenómeno del anticlericalismo y del ateísmo;

5) un partido católico, por naturaleza, por mentalidad y por tradición, es un partido de moderados y de conservadores, que por todas partes son llamados partidos de centro y que lanzan sobre la Iglesia la sombra del conservadurismo y del oscurantismo;

6) partido y católico son dos palabras en contradicción. Partido (de «parte») es aquello que divide; católico es universalismo y doctrina de salvación ofrecida a todos los hombres más allá de las contiendas políticamente

Dossetti y De Gaspieri
Dossetti y De Gaspieri

El artículo de R. Moro concluye con esta pregunta: “¿Cuál es, entonces, la cultura política que aparece al final de este itinerario? Ciertamente, una cultura que no debe casi nada a la tradición histórica del catolicismo político italiano. Una auténtica y propia querella generacional dividió a los “jóvenes” de los “viejos” (como los llamaba el mismo Programa de la Democrazia Cristiana de 1943). Los expopolari miraron frecuentemente con sospecha a los jóvenes como si estuviesen infectados en cierta forma por el fascismo; éstos se sentían portadores de la experiencia de una cultura más “moderna” que las figuras de un Sturzo o un De Gasperi no expresaban ya, ni estaban en condiciones de representar. Los “jóvenes” acabaron contraponiéndose así abiertamente a los popolari por un largo y complejo conjunto de motivos: (1) el carácter “revolucionario” del programa con trazos anticapitalistas; (2) una concepción de la democracia en que prevalecía su carácter educador sobre un conjunto de reglas de juego y sobre el pluralismo; (3) una idea de la Democrazia cristiana como partido de “programa”; (4) la idea de la necesidad de un “Estado nuevo” y la atención hacia el problema crítico de la política en el siglo XX: la relación de las masas con el Estado, que a su juicio los popolari habían ignorado; (5) la preferencia por el modelo francés de presencia política de los católicos, a diferencia de los expopolari que se habían formado  en la admiración del modelo alemán; (6) un estatalismo acentuado, que insistía, al contrario que De Gasperi, no sobre la necesidad de referirse al Estado super partes, sino sobre el papel de promoción, mediación e iniciativa que tenían las estructuras públicas; (7) un ansia de asimilación de los valores del social–comunismo que implicaba el rechazo de toda lógica de frente único anticomunista y la idea, al contrario, de que la verdadera lucha contra el comunismo no consistía en combatirle en el terreno de la represión, sino en lo esencial en su propio campo, como lucha social en medio de la clase obrera; (8) la convicción de que, aún sin haber comenzado como antifascistas, habían llegado a serlo con la guerra y la “resistencia”, y por ello la naturaleza del partido católico era antifascista, y por último, (9) la necesidad de una declaración antifascista de principio en la Constitución. Esta cultura diferente implicó también la existencia de repetidas tendencias para que la Iglesia se retirase de la política: lo pidió Dossetti al Papa en las elecciones de 1948; lo pidieron más adelante Lazzati, Fanfani y Moro”.