El propósito de la ciencia económica es estudiar la producción, la distribución y el consumo de los bienes y servicios que nos aportan un valor. Pero por alguna extraña razón, el economista estudia solo la parte de ese valor que ha sido producida por el ser humano.

Si comparamos la sensación de estar una hora en la playa disfrutando de la brisa de un atardecer sobrecogedor, con la sensación de esa misma hora en la habitación de un hotel de 5 estrellas con aire acondicionado y observando un precioso cuadro de un atardecer, debemos admitir que la primera de las experiencias no nos aporta menos valor que la segunda y, sin embargo, no cuenta para los economistas.

Podemos discutir si la brisa, el atardecer, el mar y la playa son el resultado de un proceso productivo realizado por un Dios vivo e inteligente, o si es el resultado de un proceso absolutamente fortuito, pero nadie puede negar que esta parte del proceso productivo constituye la inmensa mayor parte del valor disfrutado por una persona a lo largo del día.

No hace falta poner muchos más ejemplos para concluir por tanto que el economista obvia el 99,99% del valor consumido o disfrutado por el ser humano.

La economía real consta por tanto de un único gran actor que produce el 99,99% de los bienes y servicios que consumimos y de 7.000 millones de pequeños actores que producimos el 0,01% restante.

Pero entonces, ¿Por qué no se incluye ese 99,99% de la producción en los estudios económicos? Las razones son básicamente dos:

  • Porque toda esa producción la recibimos gratis.
  • Y porque no tenemos capacidad de actuar sobre ella. No podemos cambiar las leyes de la Naturaleza ni lo que la Naturaleza ha hecho durante millones de años. Lo único que podemos hacer es estudiarla y usarla. Es precisamente ese uso de la Naturaleza por el ser humano lo que estudian los economistas.

Pero obviamente el hecho de que no podamos cambiarlo o que lo recibamos gratis no significa que no nos aporte valor. Cuando nos hacemos conscientes de esto naturalmente nos vemos invadidos por un sentimiento de gratitud desbordante, algo así como una incapacidad de “abarcar” todo lo que estamos recibiendo gratis.

Hoy, vivimos obsesionados por esa pequeñísima parte de la economía producida por el ser humano y dominada por el mercado. La manera tan injusta en la que el mercado distribuye lo que nosotros producimos despertaría los escrúpulos del mismísimo Satanás, pero no debemos olvidar que aunque ese mercado pretende ser cada vez más poderoso, invadiendo cada vez más facetas de nuestra vida, todavía es y será siempre una porción insignificante de la economía real. El 99,99% del valor disfrutado en nuestra vida lo seguiremos recibiendo siempre GRATIS.

¿Por qué no producimos y distribuimos nosotros también gratis?

Agradezco la cesión de la imagen de la portada a gratistodo.com