La funcionalidad del sistema

Foto tomada de: http://cadenadh.com/2018/02/14/la-gran-empresa-cancer-nuestra-economia/

Es curioso cómo el sistema nos mete goles. Cómo va haciendo funcional lo que antes era reivindicación y crítica a su voracidad deshumanizante. Incluso es capaz de apoderarse de iniciativas, ideas y discursos que les son contrarios, procesarlos y transformarlos en objetos de consumo para su venta.

El sistema sólo mira la rentabilidad que le pueda aportar. Y cuando tiene una presa en mira, no la suelta hasta que la exprime.

Si no fijémonos en lo que lo que ha pasado con la flexibilidad, los estragos que sigue causando en el mundo laboral; o en la llamada economía colaborativa, que es de todo menos colaborativa; en los trabajadores autónomos, en los emprendedores, ¡qué guay ser tu propio jefe y poner tú las reglas!…En todos estos casos las consecuencias son las mismas: la explotación de la persona del trabajador, ya impuesta por otros o autoimpuesta; la indefensión en la que se encuentran tantas personas porque se vulneran sus derechos; y lo inhumano de verse sometidos a una situación que no desean, pero que no les queda otro remedio que aceptar para subsistir.

Todo lo dicho no nos resulta nuevo, y puede que incluso lo veamos normal porque es el pan de cada día, pero el sistema no descansa y se reinventa una y otra vez. Busca nuevas formas para continuar incrementando sus beneficios y mantenerse en pie.

Así noticias como que el feminismo puede ser una forma de captar talento e inversores, aparte de dejarnos perplejos, nos lleva a pensar en qué hilos manejará para convertir una justa reivindicación en moneda de cambio para hacer negocio.

Y no hablemos de nuestras relaciones con el continente africano. Ahora el poder económico y financiero tiene puesto los ojos en sus habitantes, y en las facilidades que encuentran en el desarrollo de relaciones comerciales para el bien de esos países. Así, de paso, aprovechamos para exportar un modelo económico “de los blancos” que se ha demostrado que no funciona, que deshumaniza y pisotea, constantemente, la dignidad de la persona.

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Creo que es hora de mirar bien la realidad y destapar las “buenas” intenciones que se esconden detrás de tanta funcionalidad.

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