Fuego

Un joven refugiado salvado del mar mientras se somete al proceso de identificación, de repente, “me mira” de forma sostenida a través de  la cámara que le está rodando. Un grupo de nigerianos “me relata” sus horribles sufrimientos y lo convierten en una oración. Otro refugiado ”me enseña” sus heridas en el rostro mientras llora lágrimas ensangrentadas. Y yo no alcanzo a enjugárselas. Como tampoco pude sostener la mirada del primero. Aunque sí pude musitar una oración con los segundos, pero a miles kilómetros de distancia, viendo la película  “Fuego en el mar”.

“¡Quién dirá que el agua lleva/ un fuego fatuo de gritos!” que decía Garcia Lorca en la Baladilla de los tres ríos.

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Quería desde hace tiempo culminar mis artículos sobre los Cuatro Elementos de la naturaleza. Se ha hablado de ello en la Antigua Grecia, en leyendas y cuentos de la antigüedad (celtas, indios…) y aparecen en la literatura de cada país de una u otra forma, ya sea en poesía o en prosa: Tierra, AguaAire y ahora Fuego. Acudir a ver este documental como la vida misma, me lo ha facilitado.

En “Fuego en el mar” (Fuocoammare, 2016), Oso de oro en la última edición del Festival de Berlín, encuentro un admirable cruce entre documental, ficción, tragedia y poesía que me acerca a lo cotidiano. Lo trágicamente habitual de las tragedias migratorias del Mediterráneo y la cotidiana indiferencia de un mundo que ha perdido (según la franciscana y papal advertencia permanente) la capacidad de llorar. El director  italiano Gianfranco Rosi, originario de Asmara, la capital de Eritrea, ha tenido el valor y la dignidad de acercarse a esta cruda realidad que ha puesto en la picota a una Europa que ni ha sabido entenderlo (¡ni quiere hacerlo  acercándose vertiginosamente al suicidio!) ni ha sabido implementar las medidas y decisiones necesarias para resolver la mayor tragedia humanitaria tras la segunda guerra mundial.

Años atrás, cuando se produjeron tragedias humanitarias parecidas por el horror de la segunda guerra mundial, los barcos pesqueros de la isla de Lampedusa –donde se enmarca la película– temían aquel fuego de mar generado por los navíos de guerra, que iluminaba la noche con sus disparos y proyectiles. En concreto, el título hace referencia a una canción siciliana en tiempos de guerra, sobre el bombardeo de un buque de guerra italiano en 1943, Maddalena, en el puerto antes de la rendición de la isla a los aliados, y cómo las llamas iluminaron aquel día la noche: “Che fuoco a mare che c’è stasera”. Estos  tiempos actuales tan crueles, setenta años después, ofrecen de nuevo otros fuegos en el mar: en 20 años, han intentado desembarcar en sus playas 400.000 inmigrantes. 15.000 murieron en el intento… Fuegos de la desesperación y de la huida, fuegos del llanto y la desesperación, fuegos, fuegos…¡Fuegos inacabables!

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Fuegos de residuos humanos  heridos de otras guerras. Emigrantes procedentes de diferentes países, que intentan cruzar el mar  huyendo del hambre que desayuna miedo. Y este inunda los continentes .Y muchos, personal y colectivamente (¡criminales!), lo convierten en amenaza porque el miedo aturde las calles desde algunos medios y partidos políticos

Incluso hay otras llamas, que causan quemaduras en los cuerpos de algunos de ellos, cuando se vierte gasolina en las lanchas motoras que les trasladan desde las pateras que “malflotan”. Algunos simplemente se hunden.

Repito: “¡Quién dirá que el agua lleva/un fuego fatuo de gritos!” 

Pero no solo en el mar, sino en la tierra. La ONU había logrado conducir convoyes humanitarios en Alepo. Pero los ataques por parte de El Asad, más los bombardeos sin control alguno de la aviación rusa y siria –incluyendo el lanzamiento de barriles explosivos y bombas de fósforo sobre 250.000 civiles–, han convertido aquella tierra en un Infierno dantesco. No una simple lluvia de fuego, sino un “diluvio de fuego”, que ilustra un ensañamiento medieval tan propio de la descripción que hace Dante del infierno

Y, en el otro lado, otro tipo de fuegos. Hace poco, en septiembre,  un incendio forestal en la Amazonía del Perú (que alberga una décima parte de la selva amazónica) ha destruido más de 20.000 hectáreas de selva tropical, amenazando al menos tres comunidades indígenas y dos áreas protegidas .

Incendio que tomó el relevo del que en agosto arrasaba un territorio indígena en el borde de la Amazonia brasileña amenazando con aniquilar a miembros de los pueblos indígenas como los awás, que dependen de sus tierras. Ellos que las han protegido  durante milenios y que cuidan su medioambiente mejor que nadie. Son los mejores conservacionistas y guardianes de la naturaleza.

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Una oleada de incendios forestales que, a finales de 2015, se unía a otros incendios forestales provocados por madereros y que destruyeron más del 50% de la selva que cubre el territorio. Originando nuevos refugiados ambientales tan desprotegidos legal y jurídicamente porque los incendios forestales convertirán al ‘pulmón del planeta’ en un desierto estéril…

“…Y una mañana todo estaba ardiendo/ y una mañana las hogueras/ salían de la tierra
devorando seres,/ y desde entonces fuego…” (Neruda).

Los presentes en el reciente II Encuentro de la Iglesia Católica de la Iglesia en la Amazonia Legal no han dudado en posicionarse al lado de los pueblos indígenas y de los que viven de los frutos del campo, de la floresta y de los ríos. Constatan como un necesidad irrenunciable la protección de las tierras y de las aguas que sustentan a sus comunidades y sus culturas.

“¡Pobrecitos!”, exclama una anciana en Lampedusa, escenario de la película inicial de este relato,  mientras escucha las noticias de la radio en la cocina, y prepara la pasta. Suenan la cifras de ahogamientos a orillas del mar (que ella misma ve tras su ventana) tras el naufragio de una embarcación llena de gente hacinada. “Pobrecitos”, suspira la mujer, y sigue con sus faenas. Inmediatamente después de estas noticias, siguen las peticiones musicales del oyente  y unos clásicos de la canción ligera siciliana envuelven la escena: la vidamar-de-fuego sigue.

Por duro que suene, la vida continúa, aunque la barrera política entre África y Europa sea una muralla de hormigón armado. La vida sigue .

Como los fuegos en la mar.

Hay otro protagonista del documental, un adolescente que  juega y sueña ajeno a lo que sucede, para acentuar el contraste, dentro de la vida cotidiana de los habitantes de la isla (imagen posible del autismo del Norte ante las tragedias). Y mientras tanto, desde el Centro de Recepción de Inmigrantes, se oye un canto que parece venir de muy lejos, de la misma cuna del dolor. Su letra va enarbolando los relatos de las vicisitudes atravesadas para llegar hasta allí.

Es uno de los momentos donde la piel (¡ esta vez la mía!) tiembla. Me los imagino caminando por la ruta más mortífera en el mapa global de los flujos migratorios. Abrasados en el día por el fuego del sol y descansando en la noche alrededor del fuego acogedor (¡esta vez sí!).

El fuego como testigo. Como verdad, que, aunque duela, escupe sus fogonazos a las conciencias dormidas.

2 Comentarios

  1. El dolor contado con palabras que duelen, miradas imposibles de narrar.
    Cómo los humanos podemos permaneces inmóviles frente a tanto dolor?
    Hemos olvidado que apenas ayer nuestros abuelos de hoy, salían con unas ropas raídas, una maleta vacía de bienes pero llena de sueños; que de por sí hablaba de pobreza, de miseria, de tristeza, de dejar a tu familia que tanto amas…. Esos años buscábamos solidaridad, acogida, empleo, …… y de una u otra forma nos brindaron aquello que buscábamos, pero hoy hemos olvidado todo y endurecido nuestra sensibilidad. (Gracias José Luis Pinilla)

  2. Casi no quedan palabras para seguir comentando y denunciando ésta situación. La movilidad humana entraña demasiados riesgos y acota los territorios para garantizar la seguridad de quienes ya vivimos una vida cómoda y sin complicaciones. Efectivamente hemos perdido la capacidad de llorar y estremecernos ante el sufrimiento, sobre todo de los “ciudadanos de segunda categoría”…… me pregunto cómo reaccionaría Europa ante la llegada masiva en embarcaciones inseguras y peligrosas a merced de las mafias de personas procedentes de otros países más considerados y con otro color de piel…… Es diferente un ser humano que llega desde Ghana a otro que llega desde Canada????
    Me ha gustado mucho…. verá la película.

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