Fronteras de agua

En el anterior post hacía referencia a la diversidad y los contrastes sociales y temporales del así llamado oficialmente, Reino Hachemí de Jordania, haciendo una breve mención histórica a la composición poblacional y la llegada de personas palestinas a lo largo de la historia…

En esta ocasión, me gustaría retomar la cuestión poblacional en la actualidad, poniendo el foco en su condición de tierra de refugio así como en la vertiente de su diversidad religiosa. Y es que en una región fuertemente sacudida por los conflictos políticos, religiosos y sociales, Jordania ofrece una cierta estabilidad en medio de un vecindario que se desangra por sus fronteras.

No en vano, Jordania ha recibido el impacto de lo que ocurre al otro lado de sus fronteras, en Siria, Irak, Gaza. Según el ACNUR, más de 600.000 personas sirias y más de 30.000 iraquíes. Un tercio de ellos estaban en seis campos, el mayor de los cuales acogía a más de 100.000 personas. La mayoría de los refugiados vivía en pueblos y ciudades en todo el país.

En un principio, Jordania mantuvo una política de fronteras abiertas para los refugiados procedentes de Siria, les cerraron la frontera en varias ocasiones; asimismo, impedían la entrada en Jordania a los refugiados palestinos e iraquíes que huían del conflicto sirio. La llegada de tantas personas refugiadas ha supuesto una fuerte presión para Jordania y el miedo a que el conflicto se extendiera a Jordania ha sobrevolado y sobrevuela. El 92% de la población son musulmanes, en su mayoría sunitas, pero con un rápido aumento de la rama chiíta. El 8% son cristianos, sobre todo ortodoxos.

El fundamentalismo islámico ha proliferado menos que en los países vecinos, quizá no sea casualidad el hecho de que su represión desde las autoridades políticas ha sido también mucho menor. Los Hermanos Musulmanes gozaron de autorización para operar como organización filantrópica y caritativa, posibilitándoles así la capacidad de desarrollar de proyectos de carácter social tales como escuelas, hospitales, etc.

En coherencia con sus principios de moderación y cohesión religiosa, la monarquía jordana promueve muchas iniciativas de carácter interreligiosas para preservar y promover el pluralismo, lo cual les ha hecho incrementar su reconocimiento a nivel internacional y nacional por su impacto positivo en las relaciones entre las comunidades musulmanas y cristianas.

En la visita al lugar donde Jesús fue bautizado nos topamos con una frontera fluvial. Nos asomamos al estrecho cauce del Río Jordán. Me asomo desde la orilla jordana; en la otra orilla, Israel. En el místico lugar donde Jesús fue bautizado, a un lado un militar jordano, al otro lado, militares israelíes y el escaso caudal de sus aguas acordonadas por unas bollas que impiden el paso de un país a otro.

Fronteras de agua, fronteras de piedra, muros de poder que se levantan ante lo sagrado y lo humano porque una extraña definición de poder llena de sombras lo que en realidad es luz. Un poder que se identifica con tener y con someter, con apropiarse y asegurarse, con lo propio y no con lo común.

El mundo está dando demasiadas señales de que esa definición de poder no es válida.

Creo que hablar de fronteras, sean religiosas, sociales, personales, pasa necesariamente por hablar de poder, ¿qué entendemos por poder? Y cómo redefinimos el poder de manera que incluya y no excluya, que construya bien común.

Compartir

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here