¿Fotografiar la barbarie, la crueldad?

Saltan las alarmas. Corre la noticia. Y lo primero que hacemos muchos es buscar directamente en las redes sociales. Una palabra clave y luego a consumir información, casi sin filtros. Mensajes, fotografías e incluso vídeos, en los que no sabemos lo que nos podemos encontrar. Supongo que nadie pretende fotografiar la barbarie con la misma intención que desenfunda el móvil para guardar una puesta de sol, o una flor, o a su propio hijo. Pero es instintivo en la cultura (digital) de la imagen. Tanto capturar el momento, como difundirlo, y por supuesto consumirlo.

¿Dónde está el problema?

Las razones que se dan para no hacer las fotos ni vídeos son diversas. Van desde la falta de sensibilidad y respeto para las víctimas hasta impedir que los asesinos dispongan de información sobre la situación de la policía. Añadir que, siendo tan rápida y tan viral la comunicación en situaciones así, ciertamente pueden llegar a manos de familiares que todavía no saben nada de los suyos antes de comunicaciones oficiales. Por otro lado, hay que recordar el derecho que toda persona tiene a velar por su propia imagen e identidad, en cualquier circunstancia.

Por otro lado, quienes defienden su publicación y difusión, especialmente dentro del periodismo, consideran que es parte de su obligación profesional de informar con detalle y veracidad. De modo que, en una cultura como la nuestra, cada vez más digitalizada, el alcance de la imagen y el vídeo es mucho mayor para su propósito que la mera palabra. No usar filtros ni difuminar partes de la imagen, siempre que no atente a los derechos de las personas, como pueda ser el caso de menores.

En la cultura digital

Este es, a mi entender, un caso más de otros tantos verdaderamente graves en los que se manifiesta un cambio de época, para el que no hemos sido educados y que no deja de transformar la realidad como antes la vivíamos. Por lo tanto son razonables tanto los debates como la diversidad de opiniones.

  1. No será fácil poner límites. Se pueden implementar herramientas digitales que reconozcan elementos y discriminen permisos en las redes sociales para que sean compartidas. Pero con los vídeos en directo el análisis es más complejo. Hoy por hoy, toda persona con un móvil en la mano se convierte en una especie de periodista a pie de calle, allí donde el profesional muchas veces desearía estar para hacer bien su trabajo.
  2. La necesidad de estar informados. Me pregunto por qué ciertas imágenes se convierten en virales, cuando la necesidad de estar informados no contempla estrictamente esta opción. En estos casos se produce un efecto para el que, insisto, no estamos todavía educados. Puedo ver una imagen sin compartirla. O compartir información usando otros elementos.
  3. Respeto a la imagen e identidad de los demás. No suele haber problemas, pero es verdad que consideramos que es nuestro derecho hacer las imágenes que queremos y que entra dentro de la libertad de expresión poder hablar en la red. El problema de este debate sobre la endiosada libertad individual es desprenderla de su pareja la responsabilidad, especialmente con los demás antes que con la información.
  4. Ayudan a tomar conciencia. La barbarie existe. Hasta que no se ve cerca, muy cerca no se cree ni su horror, ni su devastación. Nuestra generación desconoce en propia carne la crueldad de la guerra y el odio extremo, mientras que otras personas en otros lugares del mundo conviven con ello lamentablemente a diario. La guerra, a la generación digital, le es ajena. Pero olvidar que siempre es posible semejante grado de deshumanización y exterminio de la dignidad humana, es también parte del mal. Por desgracia, insisto, hasta que no se palpa, no se cree. En este sentido considero que son estrictamente necesarias, tanto como lamentarse, llorar y sobrecogerse con ellas.
  5. Mirar, no dar la espalda. Educar la sensibilidad, dicho de otro modo, para acoger a quien sufre sintiéndose cercano. ¿Estas imágenes educan? ¿Conducen al odio o nos vuelven más empáticos? ¿Es justificable racional y humanamente mirar para otro lado, no querer ver, no dejar que otros vean lo que sucede? ¿No es una forma también de callar, de no dejarse herir por lo que ciertamente hiere profundamente, de no saber, de no entender la magnitud de lo que está pasando?
  6. Las imágenes también engañan. Argumento pobre sería el contrario. Ante una imagen es necesario igualmente usar el sentido crítico, atrofiado por la avalancha de consumo digital en el que vivimos, y discriminar. Es parte de la responsabilidad del profesional mostrar del mejor modo lo que hay y se puede ver, y no siempre ejercen este deber con finura. Como también es parte de la obligación de quien se informa de hacerlo pensando y reflexionando, y en casos como este además meditando e incluso rezando si tiene fe. Alcanzar una verdad es dejarse impactar por ella. Y no pocas veces duele.

4 Comentarios

  1. Gracias Carmen. Creo que en el artículo reflejo en parte lo que dices, la responsabilidad de unos y otros. No vale cualquier imagen, tampoco cualquier modo de verla. Efectivamente.

  2. Cierto que es un tema complicado. Dos reflexiones personales: cuando la imagen está hecha con sensibilidad (y normalmente esto es profesionalidad, pienso por ejemplo en los reportajes de catástrofes humanitarias hechas por Salgado y muchos otros fotoperiodistas ), puede realmente informar, y más eficazmente quizá que las palabras, pero hay que contemplar esa imagen, dejarnos impactar por ella. El respeto estaría en la actitud por ambas partes, emisor y receptor del mensaje. En otras ocasiones es la palabra la que humaniza la imagen, y pienso en quienes documentan las muertes violentas y cotidianas en la “frontera sur”, nombrando y dando algún rasgo concreto de esa vida que se acaba de truncar. También lo hacen así en sus liturgias anuales la Comunidad de Sant Egidio. Aquí salir del anonimato y de la cuantificación supone una diferencia fundamental para que pidamos sentir a esos muertos también nuestros. En cualquier caso, gracias también por invitar a la necesaria reflexión.

  3. Gracias a ti. Buen comentario. Necesitamos resolver estas cuestiones y establecer normas. Ciertamente no aportan nada algunas imágenes, salvo que son parte de la realidad.

  4. Antes de nada, me gustaría aclarar que, en cuanto a la forma de pensar de nuestra sociedad, soy totalmente escéptico en casi todos los aspectos.

    Estoy de acuerdo en que este es un tema complicado. Cada una de las opiniones tienen sus argumentos y seguramente la mayoría tengan su parte de razón. Es cierto que vivimos en la era de la imagen, en la que tener un móvil y una cuenta en una Red social nos puede hacer ser una fuente de información en un suceso como el de Barcelona. Pero sólo en eso, en una fuente de información, nunca en un periodista. El trabajo de estos es el de saber distinguir entre lo que aporta información y lo que no lo hace. No creo que la fotografía de un niño tendido en la calle aporte ninguna información, tal vez si se pudiera distinguir el rostro… pero eso vulneraria el derecho al honor, a la dignidad y a la propia imagen. En cuanto a que puede servir para tomar conciencia… Sinceramente, no sé hasta que punto. Creo que, por desgracia, vivimos en una sociedad totalmente insensible. Vemos todos los días noticias terribles de bombardeos en otros lugares y creemos que ese es otro mundo. Pienso que, para muchos, incluso Barcelona ahora es un lugar lejano y ese niño es tan de otro mundo como un refugiado sirio… En un mundo con tal sobrecarga de información, creo que la verdadera sensibilización, la que se queda marcada incluso años después del suceso, es aquella que se vive directamente. Lamentablemente creo que para una gran parte de la sociedad, dentro de unos meses, lo de Barcelona solo será otro ataque terrorista que vio por las noticias. Recuerdo cómo la foto el niño refugiado sirio en la playa dio la vuelta al mundo entero, conmovió y “concienció” a toda la sociedad. Hoy sigue habiendo más de cinco millones de refugiados solo de este país y España ha acogido a poco más de mil de los diecisiete mil que prometió…

    Un saludo y muchas gracias por hacer pensar!

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