El Foro Arrupe del mes de abril estuvo dedicado a analizar la situación en Ucrania y lo que ello significa de cara a la búsqueda de un nuevo statu quo en Europa. Contamos para ello con la presencia de unos de los mayores expertos españoles en estas cuestiones: Nicolás de Pedro, investigador principal del CIDOB,  donde es responsable del espacio postsoviético e India, además de profesor asociado de Relaciones Internacionales del Institut Barcelona d’Estudis Internacionals en la Universidad Pompeu Fabra.

Aunque desde nuestra limitada perspectiva hispana puede parecer lejano, el conflicto de Ucrania está haciendo saltar por los aires el equilibro geoestratégico europeo de las últimas décadas. En el trasfondo de esta cuestión encontramos, por supuesto, las relaciones entre Rusia y la Unión Europea, de las que hay que destacar al menos tres rasgos: una estrategia desafiante, un choque de percepciones y la quiebra del orden de seguridad europeo cimentado en al Acta de Helsinki de 1975.

Para el ponente, hay que separar cuidadosamente dos aspectos. Uno es la existencia de Ucrania dentro del orden legal internacional. Y otra distinta es la situación interna ucraniana; aquí podremos encontrar corrupción generalizada y un poder desmesurado de la oligarquía local, que controla el 70% de la riqueza. Pero nada de ello puede justificar la intervención militar rusa, la quiebra del derecho internacional y la ruptura de la soberanía ucraniana.

Sin duda, para entender el conflicto en Ucrania hay que atender al papel de Vladimir Putin, que ha jugado sus bazas en Rusia, desde hace tiempo, en una triple línea: estabilidad política, mejora de las condiciones económicas e idea imperial. Está convencido (y el profesor de Pedro piensa que es convicción genuina) de que hay un plan occidental contra Rusia. Desde esta clave del complot occidental interpreta Putin las revoluciones de colores del siglo XXI: la negra de Serbia en 2000, la rosa de Georgia en 2003 y la naranja en Ucrania en 2004. Los errores de la Unión Europea (UE) se basan, en buena parte, en una diferencia de enfoque y percepción: mientras que la UE piensa en clave de prosperidad, Rusia lo hace en clave de control estratégico del territorio post-soviético.

Sólo desde este marco se puede entender la realidad actual de Ucrania, que va mucho más allá de las cuestiones étnico-lingüísticas (que deben ser matizadas y miradas en detalle) o de la supuesta “doble alma” ucraniana, con un occidente que mira hacia Europa, y el sureste, de cultura y lengua rusas, que lo hace hacia Moscú. Todo ello puede ser cierto, aunque matizable,  como también hay que considerar la historia reciente en el tiempo soviético. Pero nada de ello explica, sin más, la situación actual, que comienza hace un año con la anexión de Crimea en marzo de 2014. El famoso discurso de Putin en la conferencia del grupo Valdai, en octubre de 2014, dejaba en el aire la amenazadora cuestión “¿Nuevas reglas de juego o juego sin reglas?”. En todo caso, según Nicolás de Pedro, el acuerdo de Minsk-2 (febrero 2015) es un mero alto el fuego que, en realidad, no pone las bases de una paz duradera. Habrá que seguir atentos a la evolución de los acontecimientos. En este artículo reciente, por ejemplo, Nicolás de Pedro profundiza en estas cuestiones.