¿Un fondo de inversión inspirado en la moral católica?

Más allá del dato que el estudio de mercado arroja, respecto a que parece existir una demanda latente o no suficientemente atendida -y en todo caso, una oportunidad de negocio con un crecimiento potencial nada desdeñable-, la decisión de diseñar, comercializar y gestionar un Fondo de Inversión Ética, orientado desde los principios y criterios que emanan de la Doctrina Social de la Iglesia requiere, sin duda, alguna justificación por escueta que sea.

A delinear los aspectos nucleares -antropológicos, económicos y financieros- que dan sentido a la propuesta que planteo en este artículo, van dedicados los párrafos siguientes, que habrán de entenderse como el marco teórico desde el que cobraría sentido un producto financiero como el que  quisiéramos ver ofertado en los mercados de capitales.

Ante todo, conviene no olvidar las características del contexto en el que nos movemos, en el que las empresas operan, en el que las finanzas despliegan su actividad y desde el que manifiestan su capacidad para configurar el mundo de una forma o de otra, en función del modo, la cantidad y las condiciones en que financian proyectos de un determinado tipo o de otro. Pues, es un hecho cierto que la actividad financiera impacta no sólo en la vida económica y en la dinámica empresarial al aportar recursos con los que acometer los proyectos y los negocios: el ámbito de lo financiero alcanza de manera inmediata también a lo social en su conjunto, a lo político y a lo cultural.

El mundo globalizado que vivimos ofrece, como no podía ser de otra manera, luces y sombras; presenta, de un lado, retos y oportunidades; y de otro, amenazas y peligros. La Cumbre de Davos, donde el World Economic Forum (WEF) -Foro Económico Mundial- pasa revista al estado de la cuestión global en lo económico y en lo político, sirve de foco de luz potente para identificar los riesgos más salientes del panorama, entre los que, en su último informe de febrero de 2017, destaca en primer término una adecuada gestión de la denominada Cuarta Revolución Industrial, derivada de la digitalización de la economía, donde la información, los datos y su análisis están constituyendo la nueva energía que hará girar el mundo económico -y en consecuencia, el social, el político y el cultural.

Junto a este elemento, señala el WEF otros riesgos de no menor fuste y dificultad, que a buen seguro requerirán colaboración decidida de parte de múltiples agentes institucionales; y junto a ellos, de millones de decisiones personales, alineadas desde la voluntad de contribuir a la solución de algunos de los mayores problemas a los que nos enfrentamos: el desempleo estructural de amplias capas de la población; el drama de las migraciones forzadas por los conflictos bélicos y otros problemas de tipo geoestratégico; la desigualdad creciente entre personas y países; el envejecimiento de la población y el reto de lo que algunos venimos denominando como la segunda edad; los problemas medioambientales y de sostenibilidad -agotamiento de recursos no renovables, contaminación, cambio climático-; el peligro de que los sistemas democráticos sucumban al empuje de populismos de uno u otro signo…

Naturalmente, siempre sobrevuela el riesgo de que no vayamos a ser capaces de encauzar los procesos de manera adecuada. Ahora bien, junto a él, aflora también, como contrapunto, la esperanza en que el género humano vaya a ser capaz de acertar con las providencias, las políticas y las medidas que ayuden a hacer frente a una agenda tan compleja y difícil.

Por sólo dar otra pincelada respecto al escenario en el que vivimos y nos movemos, merece la pena llamar la atención hacia los diecisiete Objetivos del Desarrollo SostenibleODS-, fijados desde la Organización de las Naciones Unidas, con la voluntad estratégica declarada de “transformar nuestro mundo”; esto es: de cambiar la forma que el mundo ofrece en el día de hoy; y de hacerlo avanzar hacia otro escenario, libre de pobreza extrema, con la salud básica garantizada, la paz asegurada, la igualdad más conseguida, etc. Desde hace más o menos dos años, los citados ODS constituyen, de una parte, un referente mundial; y de otra, representan una meta hacia la que debieran tratar de encaminarse los esfuerzos de múltiples agentes  -las personas individuales, los gobiernos, la sociedad civil, las instituciones del tercer sector… y, por supuesto, también las empresas, de todo tipo y tamaño… y de manera muy señalada, las instituciones financieras, debido a su poderío y al impacto potencial que su negocio tiene, según decíamos, en la configuración del mundo que vivimos y que, entre todos, debiéramos preservar en lo ecológico, desarrollar de manera adecuada en lo económico, compartir en perspectiva sociopolítica, y en definitiva, humanizar en el grado más alto que nos resulte posible .

Puede interesarte:  La Modernidad de Familias

Desde una consideración ontológica del significado de la dimensión económica de la vida humana en sociedad, cabría dejar sentadas algunas afirmaciones respecto a la índole de la empresa en general y de la actividad financiera en particular. Desde ellas, seguramente, cobrará mayor inteligencia la propuesta que supone el fondo de inversión que nos ocupa.

La empresa es una institución económica, pero también, al mismo tiempo, es una institución social y una realidad cultural. Sin querer entrar en este momento a explicar en detalle las implicaciones teórico-prácticas de la tesis que acabamos de formular, sí que vale la pena retener el dato de que, precisamente por el hecho de que la empresa es una compleja realidad socio-económica, política y cultural, tiene una responsabilidad inesquivable con respecto a los distintos grupos de interés que con ella se relacionan. Son los denominados stakeholders, entre los que sobresalen: los trabajadores, los clientes, incluso los competidores -miembros del mismo sector de actividad-, las administraciones públicas, las entidades financieras, y con el medio ambiente del que la empresa se nutre y sobre el que impacta de manera más o menos adecuada.

La actividad financiera, por su parte, al conectar unidades económicas con déficit con otras las que buscan invertir sus ahorros en proyectos que, a fin de cuentas, les reporten dividendos o plusvalías interesantes, cumple una misión de primera magnitud en la dinámica social: posibilita el crecimiento económico, contribuye al desarrollo social y constituye una condición de posibilidad de primer orden para el florecimiento personal. Por ello, un sistema financiero ágil, dinámico, capaz de suministrar financiación buena y barata con que llevar adelante los proyectos empresariales y de inversión, constituye un elemento clave del bien común. Las finanzas, tengo escrito en varios trabajos académicos más trabados y sistemáticos, más allá de casos de mala praxis y de escándalos recurrentes, ni son metafísicamente inmorales, ni tampoco meros mecanismos técnicos, pretendidamente amorales. Tal como yo veo las cosas, y desde el momento que la actividad financiera es llevada a efecto por personas, las finanzas y la actividad financiera tienen una innegable dimensión ética.

Como se desprende de lo que acabamos de decir, los productos financieros desempeñan un cometido indispensable en la dinámica económica; y entre ellos, los fondos de inversión constituyen uno de los más relevantes, tanto a escala macroeconómica, cuanto en lo referido al ámbito microeconómico.

Un fondo de inversión es un instrumento de ahorro que permite al particular acceder al mercado financiero en condiciones convenientes de escala y diversificación. Los fondos son gestionados por un grupo de expertos que buscan obtener la máxima rentabilidad con el mínimo riesgo, asegurando la liquidez. El patrimonio del fondo está compuesto por participaciones que se compran cuando los partícipes aportan su dinero. Con dicho dinero, los gestores del fondo invierten en distintos activos financieros: valores de renta fija -bonos, letras del tesoro, etc.-, o de renta variable -acciones.

Puede interesarte:  Mary y David, compañeros de estudios

Desde hace años vienen desarrollándose fondos de inversión que garantizan a sus partícipes que el tipo de activos en los que invierten los ahorros aportados por éstos cumplen un determinado perfil económico y ético. Se habla de fondos éticos, de fondos sostenibles, de fondos de inversión verde… Por lo demás, esta, denominada en su conjunto, Inversión Socialmente Responsable -ISR- está siendo impulsada desde distintas instancias, tanto europeas cuanto nacionales.

Como indicábamos al principio de estas páginas, los bancos y otros agentes del sector financiero encuentran en ella una nueva oportunidad para ampliar su negocio. Por consiguiente, constituye, sin duda, una forma de diversificar la oferta de aquellos agentes económicos y de satisfacer una demanda poco explícita aún en España, pero que parece ofrecer un interesante crecimiento potencial de cara a los próximos años.

Este es, grosso modo, el marco teórico y contextual en el que incardinar la propuesta que representa un Fondo de Inversión alineado con los principios, los valores y los criterios morales que emanan de la Doctrina Social de la Iglesia. Claras han debido quedar también las aspiraciones últimas que han de servir de marco en el que insertar y desde el que entender la presencia de los fondos de inversión en los que los partícipes buscan compaginar la búsqueda de la riqueza con la conciencia moral y sus propios valores éticos.

En efecto, junto a la voluntad de obtener retornos y rentabilidades financieras lo más altas posible a sus aportaciones; cabe, además, hacerlo desde la voluntad de colaborar -precisamente a través de sus decisiones de ahorro y de inversión– en la financiación de empresas, de proyectos y de un determinado tipo de negocios.

Las estructuras por las que discurren los mecanismos y las instituciones financieras pudieran parecer reificaciones, realidades impenetrables a las providencias políticas que las quieren embridar. Y siendo ello así, aún resultaría en mayor grado refractarias e imposibles de transformar desde la acción libre y voluntaria de los agentes individuales. En buena medida, esto es así. Ahora bien, tampoco cabe menospreciar el aspecto complementario, según el cual no es menos cierto que a los mercados los mueven también, cuando quieren, las personas con sus decisiones de compra o de venta de valores o productos financieros. En estos dominios no son buenos consejeros ninguno de los dos elementos siguientes: ni el sentimiento de impotencia, de una parte; ni la fantasía de omnipotencia, de otra.

Prometo explicitar de manera más cumplida la diferencia entre lo uno y lo otro en un artículo posterior de este mismo blog, que necesariamente habré de titular algo así como Tercera lección (gratis) de Filosofía Moral  y que, de paso, me permitirá recomendar -¡ya lo hago desde ahora!- la lectura del último libro de mi maestro y mentor, el profesor Augusto Hortal Alonso, publicado hace unos meses en las Publicaciones de la Universidad Pontificia Comillas: Ética. Conocimiento moral. De momento, baste con dejar dicho que no son de recibo, ni el sentimiento de impotencia -¡no cabe hacer nada!… ¡las estructuras superan nuestras capacidades!; ni tampoco la fantasía de omnipotencia: ¡con sólo quererlo, arreglaremos el mundo! Entre lo uno y lo otro, el realismo consciente, capaz de medir las fuerzas y no desistir de avanzar hacia cotas más elevadas de bienestar en el sentido más pleno del término, asume que la acción decidida de los agentes morales siempre puede marcar una diferencia, por mínima que a ésta se la quiera suponer.

De una parte -considerado el asunto desde el principio de no maleficencia– habría, muy seguramente, partícipes e inversores que querrían que su dinero -al  menos, caeteris paribus en rentabilidad, riesgo y liquidez- no fuera a parar, si en su mano estuviere, a la financiación de modelos de negocio que se alinearan en contra de aquellos objetivos estratégicos de tipo social a que hacíamos referencia más arriba.  Por ejemplo, para muchos de nosotros -al menos, en principio y supuesto que tuviéramos, a fin de mes, renta disponible como para ahorrarla mediante la participación en algún fondo de inversión- quisiera creer que no serían del todo deseables inversiones en determinados tipos de negocios -piénsese en empresas relacionadas con armas, con alcohol, o con tabaco; en las que utilizan mano de obra infantil… o en aquellas otras que dañan sistemática e irreparable el entorno natural, atentando contra el equilibrio ecológico. El problema estriba en que un agente particular ni tiene tiempo ni, con frecuencia, tampoco reúne los conocimientos técnicos necesarios como para saber a dónde va su dinero, para qué se utilizará y, en último extremo, a qué tipo de empresa estaría contribuyendo, de manera implícita, a financiar: cortoplacistas, irresponsables, exclusivistas e insostenibles, en un extremoo, más bien, en el oppositum per diametrum, a empresas y como las que, en un reciente libro -publicado este mismo otoño de 2017 por Palgrave-Macmillan, en Londres, con edición de E. O’Higgings y Laszlo Zolsnai-, denominan: Progressive  Business Models y cuyo propósito viene sugerido en el subtítulo: Creating Sustainable and Pro-social Enterprise.

Como digo, desde el punto de vista propositivo, cabría incluso pensar que los inversores y partícipes más lúcidos y conscientes de que la decisión de invertir tiene siempre una dimensión moral, pudieran querer que las empresas y los modelos de negocio hacia los que el fondo canaliza los ahorros de sus aportaciones, fueran en sí mismos pro-sociales –progressive– my que se constituyeran en agentes de transformación hacia mejor de la realidad económica sostenible y un entorno social más cohesionado y justo, en línea con las aspiraciones identificadas en los ODS a que más arriba hicimos referencia. Incluso habría quienes quisieran ver explícitamente declarado en un ideario a qué tipo de empresas sí; y a qué tipo de empresa no se aplicaría el capital invertible.

Puede interesarte:  El efecto Polución

La Doctrina Social de la Iglesia -DSI- ofrece un marco axiológico, una propuesta de principios de discernimiento y de criterios para la acción en el ámbito socioeconómico que puede muy bien servir de guía y referente para estructurar un fondo de inversión ético por referencia a los principios morales católicos.

Sin pretender entrar en este momento en una exposición sistemática de los aspectos esenciales de la Doctrina Social de la Iglesia, debemos, en todo caso, subrayar tres aspectos que consideramos clave, a partir de los cuales, por lo demás, emergen los principios operativos concretos, a partir de los que surgirán, de  una parte, los criterios excluyentes; y de otra, las indicaciones propositivas para la configuración de un fondo de inversión ético orientado desde los planteamientos de la moral católica.

Los tres aspectos que importa subrayar en este momento son los siguientes: de una parte, la centralidad de la persona en la dinámica económica. En efecto, la actividad económica, que busca satisfacer necesidades humanas, a partir de recursos limitados, se explica en función de la persona y sus carencias. El ser humano, pues, es el autor, y debe ser el centro y el objetivo último de la economía. A partir de esta afirmación, emerge el segundo aspecto que merece ser destacado. A saber: que la dimensión económica de la vida humana, que refleja en su base la colaboración en el marco social, debe asentarse en sólidos principios morales y en valores éticos claramente definidos. Y finalmente, como axioma ético del que toda consideración económica debiera partir está la exigencia de respeto a la dignidad de la persona: de todas las personas y de toda la persona. El hombre, creado a imagen de Dios -“… A imagen de Dios los creó: hombre y mujer los creó…”, está llamado a desplegar sus capacidades hasta el grado más alto que le sea posible, en el marco de las circunstancias sociales, las estructuras políticas y las coyunturas económicas que configuran el bien común.

9 Comentarios

  1. Bueno Jose Luis, visto que todo lo que te digo te lo tomas como un insulto y en mi ánimo no esta insultarte, te pido de nuevo disculpas… creo que has llevado mi disconformidad con tus argumentos demasiado lejos…. hasta me dedicas un articulo… yo te dedico esta cita de un Jesuita al que admiro profundamente: “La sencillez de vida es como un lenguaje, el lenguaje del ejemplo, que entiende muy bien el mundo de hoy, mejor que las palabras o los discursos, y que nos obliga a hacer un examen concreto de nuestras posiciones y criterios sobre la pobreza y sobre otros aspectos de nuestra vida personal”. (Pedro Arrupe, sj. “La identidad del jesuita de nuestros tiempos”. Ed. Sal Terrae, Pag. 161.). En ello estoy, y me alegraría saber que tu también… Saludos.

  2. Veo que insistes, amigo:
    Ahora me llamas soberbio… que es lo contrario de la humildad.
    Vamos a dejarlo, si te parece…
    No nos estamos entendiendo y siempre me insultas.
    Ya cansas…
    Por cierto: estoy acostumbrado a que comenten críticamente mis puntos de vista y no me molesta en absoluto…
    Y si: en los másteres de finanzas también se enseña a especular…
    Si me contestas, por favor, no me vuelvas a insultar… Yo no lo hice contigo.
    Un abrazo,
    JLF.

  3. Jose Luis, parece mentira que un hombre letrado como tu diga que llamar a una persona intransigente es un insulto… no transigir, un insulto… en fin… en todo caso te pido disculpas si te has sentido ofendido… no era mi intención… En la pagina Web donde escribes decís que para colaborar en esta página, cito textualmente: “No solo es un trabajo no remunerado para gente que de verdad sabe de algo, sino que requiere considerable humildad” … lo primero en tu caso no lo dudo, es decir, que no cobras, y lo segundo tampoco… que sabes de algo… pero lo de la humildad … vamos a dejarlo en suspenso, a ver como te sienta… Me dices que si describo o me proyecto… no te entiendo… solo he comentado un articulo tuyo, creo que con bastante educación, pero se ve que no estás acostumbrado a que te comenten tus escritos porque no has contestado con humildad, sino más bien con prepotencia… (muy típico de las mentes especuladoras, yo, después yo y cuando ya he acabado con todos los que no piensan como yo, también yo)… El Evangelio es el mismo desde dos mil y pico de años… y cada vez que alguien lo ha querido aterrizar a los contextos ha sido para hacer algo contrario al propio evangelio… Por otra parte decirte que efectivamente especulo a diario, porque hago meditación… Fijate cual es la definición de Especular : “Meditar o pensar con profundidad en términos puramente teóricos, sin ánimo de aplicación práctica”… lo que pasa es que lo mío es una especulación con ánimo de aplicación práctica… porque especulo para intentar ser humilde a diario, ser amable, amar… unas veces lo consigo y otras no, pero en eso estamos, intentando construir un mundo mejor … Decirte que en la compañía además de Padres hay también hermanos, también reverendos, y todos ellos sin duda buscan realizar el carisma que Ignacio de Loyola les dejó… entre otras muchas tareas, una de ellas, educar a hombres buenos que construyan una sociedad justa… y como bien dices lo consiguen con sus colegios, con sus universidades, … y con unos Master de suma calidad, no entiendo porque me preguntas que porque no cierran esos Master… confío en que en ninguno de ellos se enseñe a especular … Un abrazo tambien para ti Jose Luis. Que pases unas felices fiestas y que seas tolerante con los que comentan tus artículos…

  4. Querido Mauricio:
    Está visto que no nos vamos a entender… (pero yo también te quiero, aunque ahora te me descuelgues insultándome, llamándome intransigente… A lo mejor es que lo soy en mayor medida de lo deseable… y que tal vez me venga bien hacer propósito de enmienda para el año próximo).
    Pero -¿qué quieres que te diga?- no sé si describes o te proyectas…
    En todo caso: el Evangelio hay que “aterrizarlo” en los contextos…
    Y por otra parte, especular es algo que hacemos todos, todos los días… y no nos va yendo mal.
    ¿Dios nos libre de perder esta capacidad de “consultar con los astros” para tomar decisiones…
    En lo económico, depende de cómo se haga, la especulación tiene también -sin duda- mucho y bueno que aportar. De hecho, el arbitraje y la especulación han reportado grandes beneficios muchísimas veces… al quitado hambre a mucha gente y dado estabilidad a unos mercados sin los que la vida social hoy sería inviable.
    ¿Por qué los reverendos padres de la Compañía de Jesús no se deciden a cerrar sus programas Máster en Finanzas y sus Business Schools, prestigiosas y prestigiadas, en todo el mundo?
    ¿No será que algo bueno verán en ello como instrumento de mejora paulatina de un sistema que -como los demás, en Evangelio incluido: el mártir- mata?
    Un abrazo desde la tolerancia, querido amigo.
    ¡Y feliz navidad!
    JLF.

  5. A Raul: Gracias Raúl por salir al quite de nuestro común amigo José Luis… Gracias también por aclararme que Inversión no es lo mismo que especulación… En pleno siglo XXI ,pretender justificar la especulación de un capitalismo que ha llevado a la humanidad en varias ocasiones a guerras y desastres evitables, me parece cuando menos impropio de un ser humano, cuanto más de un cristiano… ,y cuando me dices que … “Y luego, no toda especulación es mala” es como decir que no toda la Inquisición fue mala… Que digo yo, que soy de pueblo, y algo cazurro, que en vez de poner los Fondos éticos a especular, aunque sea una especulación de la buena… para ti que no para mi….¿no sería mejor dedicar esos fondos a becar a gente bien pensada y bien escrita, como tu y Jose Luis, para que busquéis recetas más evangélicas al problema de la pobreza? … También decirte Raúl que tengo muy claro lo que ha sido el comunismo para la humanidad y sigue siendo, y si no defiendo el capitalismo menos aún el comunismo… te digo más, sí defiendo el capitalismo que se humaniza, que se hace solidario, y que no especula… tal vez por ahí consigamos que el sistema deje de matar…. no se…, y del pasado nada que comentar… vamos a mirar al futuro… estamos en Adviento y lo quiero celebrar contigo con un grito común de Ven Señor Jesus¡ Todos estamos llamado a la santidad Raul… Fuera de contexto tu comentario sobre los Estados Pontificios… que por cierto hoy no hay Estados Pontificios pero sigue habiendo un Estado Vaticano… así que igual puedes preguntar como llevan por allí la Economía… creo que tu hermano Francisco ha dado algún que otro tirón de orejas a algunos… y al pobre lo tachan de comunista…. como a tantos hermanos tuyos que han dejado su vida defiendo todo lo contrario a la especulación… santos todos ellos… Ellacuría, por ej. por citar alguno… la Historia de la Iglesia es sórdida en muchos aspectos pero es nuestra tradición y de lo malo no aprendas, de lo bueno si….
    También te deseo que pases una Felices Fiestas y que te acuerdes de rezar por mi en tus oraciones … Gracias

  6. A Jose Luis: aunque no tengo el gusto de conocerte personalmente me encanta que me consideres entre el circulo de tus amigos … yo tambien te tengo ya entre los míos… nada mas lejos de mi intención que juzgarte a ti , a José Luis, como persona, y menos aún temerariamente… con mi comentario, a tu articulo, lo unico que hago es expresar lo que me salio, reconozco que impulsivamente, del corazón, que no de la razón… porque no pretendo tener la razón, pero si la obligación de no comulgar con lo que creo no es acorde a mi fe, y mi fe me dice, querido amigo José Luis, que la especulación aunque la vistas de ética, es especulación, y eso es el mayor de los males del sistema en el que vivimos… prefiero ser ideólogo ( aunque las ideologías no van conmigo) justificador que especulador, duermo mas tranquilo… por lo demás, no bajarse del carro, simplemente porque uno se cree en posesión de la verdad, (que para eso lo escribiste y el papel lo aguanta todo) suele ser precisamente la postura de los intransigentes … y para terminar, amigo José Luis, sí conozco un sistema que no mata… el mensaje del Evangelio, recogido en la Tradición de la Iglesia, donde especular no es precisamente una virtud… Yo tambien te mando un sincero abrazo, y que Jesus te colme de bienes a ti y a tu familia en esta próxima Navidad, acordandonos siempre de que hay mucha gente con una Navidad bastante austera por culpa de los especuladores…

  7. Querido amigo Mauricio:
    Comprendo tu buena voluntad y la comparto; lamento ser ocasión de que, tal vez, me juzgues de manera temeraria e injusta.
    Las cosas son muchísimo más complejas… en lo económico, en lo político…
    No es cosa de que vayamos a exponer un curso entero de economía y finanzas. Yo me reitero en lo dicho -¡que para eso lo escribí!- y creo que tengo un punto de razón… Quiero seguir siendo realista y crítico…. alejado del ideólogo justificador, tanto como del que analiza análisis dicotomizados y simplistas del tipo blanco/negro, bueno/malo, de los justos (como yo)/de los vendidos al capital (como los que no dicen lo que yo quiero oír).
    Por cierto: ¿Conoces otro sistema que no mate?
    Un abrazo muy sincero y muy feliz Navidad.

  8. A Mauricio: Inversión no es lo mismo que especulación… Y luego, no toda especulación es mala. Hay una especulación que tiende a estabilizar los precios de aquello en lo que especula (adelantándose a las alzas y bajas de la economía real, y por tanto haciéndolas más rápidas y efectivas) y otra que tiende a desestabilizar los mismos precios (generando y explotando burbujas). Esta última es la problemática, particularmente si además incluye manipulación de los mismos precios para que se ajusten al interés del especulador. El músculo preciso para poder desarrollar una especulación así queda muy lejos de lo que un fondo ético puede hacer, ni aun si tuviera la peor intención del mundo.
    Otro detalle a tu comentario: es verdad que el actual sistema económico mata, y debe ser modificado para promover alguna forma de bien común donde todos cuenten con oportunidades económicas decentes. No sabemos muy bien cómo hacerlo, pero pienso que los fondos éticos quieren contribuir a ello. Ahora, hay que recordar por sus dinámicas económicas también mataban (matan donde siguen vigentes) el comunismo, el mercantilismo con sus colonias, el feudalismo con sus siervos, los imperios clásicos y las ciudades estado con sus esclavos…
    Cómo hacer una economía que no produzca efectos desastrosos sobre los más pobres ni se base en la explotación, constituye un problema general de la Humanidad que no tenemos resuelto. Seguir intentando respuestas con gente común (no solo con santos) es un asunto religioso: acercar la Historia al Reino de Dios, aunque sea un poquito. Nunca será el Reino de Dios, claro, pero podemos movernos algo hacia mejor.
    Lástima que el Papa perdiera los Estados Pontificios en el siglo XIX. Si todavía los tuviera, a lo mejor nos podría mostrar en la práctica cómo se organiza una economía que no mate gente y al mismo tiempo funcione, con algunos millones de personas corrientes.
    Yo no descartaría de antemano intentos de hacer algo aunque sea ligeramente distinto de lo predominante. A lo mejor, según esos intentos se despliegan, muestran algún camino útil.

  9. Especular no es ético, y un Fondo de Inversión por mucho que lo quieras disfrazar es especulación pura y dura… a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar… te recuerdo… y lo que tu propones solo tiene que ver con el Cesar… Banca ética sí, sin especulación…prestar a muy bajo interés, o mejor sin interes, … ayudar, solidaridad…eso si es de Dios…. lo tuyo huele a justificación de un sistema que el papa Francisco ha dicho que mata… saludos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here