Finanzas personales en la educación. ¿Qué problema hay?

Finanzas personales

Me ha llamado enormemente la atención la polémica generada en torno a un libro de texto para escolares destinado a instruir en el conocimiento de las finanzas personales.

Dicha polémica surgió a raíz de que el perfil de una de las redes sociales del partido político Podemos compartiera un vídeo donde una de sus militantes denunciaba el uso de dicho libro en la educación primaria —apuntar aquí que el vídeo no es nuevo, sino que lleva ya varios meses circulando por la red, pero es ahora cuando Podemos ha vuelto a compartirlo.

En el vídeo, la protagonista desgrana algunos de los contenidos del texto, a la vez que muestra su indignación porque semejantes conceptos formen parte del currículo educativo de los menores. En su post, Podemos tilda de «escalofriante» tal situación.

Personalmente, me he mostrado públicamente contrario a esta crítica, e incluso he entablado alguna que otra discusión —siempre respetuosa— con otros usuarios de Twitter al respecto.

Y me opongo porque considero que las finanzas deben ser una de las habilidades que las personas aprendan desde pequeño. Explico a continuación por qué.

Las finanzas en la educación

Estando ya en los cuarenta, recuerdo ahora mi etapa de estudiante en el colegio y el instituto como unos años cargados de alegría y diversión, aquellos en los que se forjaron las grandes amistades que aún hoy día conservo, pero también en los que mi curiosidad siempre me permitió ser un buen estudiante.

Los años pasaban, y con ellos la profundidad y dificultad de las diversas materias iban en aumento. Así hasta llegar al gran salto que significó el paso a la universidad. Unos años en los que me especialicé —o al menos eso creía en aquellos momentos— en una disciplina de nueva creación que esperaba me deparase un gran futuro profesional.

Después, por los azares de la vida, acabé dedicándome a algo completamente distinto, gracias sin duda a esa curiosidad y avidez de nuevos conocimientos que he sabido conservar hasta el día de hoy —y que espero que nunca me abandonen.

Ahora, si echo la vista atrás a esos años de estudiante, puedo identificar claramente uno de los grandes fallos que tuvo el sistema educativo con los escolares de mi época: no nos proveyeron de las habilidades y competencias necesarias para desarrollarnos en la vida real. Y esto no hubiese supuesto más que tener unas mínimas nociones del tejido empresarial del país, del mercado de trabajo, de la operativa bancaria y, por supuesto, de la importancia de las finanzas personales.

¿Las finanzas en la educación?

Pues claro que sí.

Instruir, educar, aleccionar —que no tiene nada que ver con adoctrinar— en la cultura del ahorro y el esfuerzo es fundamental para dotar a las personas de los recursos personales con los que se puedan manejar de manera independiente y con cierto sentido de la realidad en el mundo que las rodea.

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Saber qué es el ahorro y los beneficios que podemos obtener si perseveramos en él. Reconocer la importancia de los precios así como comprender de qué manera se construyen. Ser capaces de diferenciar entre dinero y moneda, gasto e inversión, deuda y déficit, dinero y capital… Son tantos los conocimientos financieros que deberíamos ir adquiriendo progresivamente a lo largo de nuestra etapa escolar, y que nos capacitarían para desarrollar nuestros proyectos de vida con una mínima seguridad sobre lo que estamos haciendo, que oponerse a dicha educación me parece algo realmente «escalofriante».

¡Es que solo tienen once años! ¡Son muy pequeños aún! ¡En el instituto sí, pero en el cole no!

Estos son algunos de los mensajes que podemos leer de aquellos que se indignan con el polémico libro (por cierto, agotado en Amazon a la fecha de escribir este artículo). Y mi respuesta a todos ellos sería que sí, y no solo con once años, cuanto antes mejor. Los niños poseen una gran capacidad para asimilar nuevos conceptos —por supuesto, dosificados correctamente—; como se suele decir, son auténticas esponjas. ¿Por qué no comenzar ya a formarlos en unas habilidades que les van a ser útiles durante toda su vida? ¿Qué problema hay?

Por qué no se quiere enseñar finanzas personales a los niños

Me temo que existe cierto miedo a que los niños se conviertan en fríos capitalistas/materialistas, y reconozco que es algo que me llama bastante la atención, ya que los niños de hoy día piden a las primeras de cambio la nueva consola, el nuevo videojuego o el último modelo de smartphone sin ningún pudor. ¿Realmente no creen que educándolos en el ahorro, el esfuerzo y el sacrificio, llegarían a valorar más todas esas adquisiciones e incluso se lo pensarían dos veces y se contendrían de realizar dichas peticiones a sus padres? Yo estoy convencido de que sí.

Y para terminar, permitidme ser un poco malpensado: ¿no será que poseer buenas habilidades financieras permite que las personas sepan cuándo una medida económica propuesta por el político de turno es una buena o mala idea?

Insisto: necesitamos que nuestros niños sepan de finanzas y economía. Dichas capacidades están íntimamente ligadas a la libertad individual. No permitamos que nuestros hijos se conviertan en esclavos de su futuro.

Algunos recursos adicionales

Dejo a continuación un par de libros que considero muy útiles como primera aproximación al mundo de las finanzas personales:

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El hombre más rico de Babilonia, de George S.Clason. Una fantástica defensa de la cultura del ahorro y el esfuerzo.

Padre rico, padre pobre, de Robert Kiyosaki. El autor relata su introducción al mundo de las finanzas y su posterior éxito profesional. Resalto aquí la importancia que da el autor a saber devolver al mundo parte de lo que te ha dado. «Quién no sabe dar, no triunfa.»

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