Ha fallecido en Managua el sacerdote jesuita nicaragüense Fernando Cardenal, a los 82 años de edad. En otros sitios pueden encontrarse algunas notas necrológicas, como esta de la agencia Efe, esta firmada desde Managua o esta otra. Nosotros queremos aquí evocar su figura, desde nuestra perspectiva particular: es decir, desde la llamada a dialogar en las fronteras y, más concretamente, desde la vinculación creativa entre la fe, la justicia y la cultura.

Fernando Cardenal fue conocido, sobre todo, por  su participación en la revolución sandinista en la década de los años 1970 y 1980, contexto en el que llegó a ser Ministro de Educación entre los años 1984 y 1990. Desde este compromiso, su vida ofrece una experiencia y una reflexión muy interesantes acerca del diálogo en las fronteras. Sin duda, aquellos años ofrecen un ejemplo muy particular de encuentro entre los movimientos revolucionarios y las comunidades cristianas. Por supuesto, hubo muchos errores, excesos y desenfoques. Pero hubo también muchísima generosidad, entrega, fecundidad y deseos honestos de servir a una población secularmente oprimida. Su vida plasmó también el diálogo entre la teoría y la praxis, con sus dificultades y sus potencialidades. Situado en la corriente de la teología de la liberación, Fernando Cardenal fue más práctico que teórico. En términos del documento vaticano Diálogo y Anuncio, su vida plasmó sobre todo los dos primeros niveles del diálogo: el de la vida y el de la acción.

Es también muy conocido que este modo de estar en las fronteras fue problemático. Concretamente, Fernando Cardenal se vio abocado a afrontar la difícil decisión de mantenerse en el gobierno, a costa de tener que abandonar el ejercicio público de su sacerdocio y de tener abandonar la Compañía de Jesús en 1984. El proceso fue largo, serio y complejo, pues conllevó una objeción de conciencia formal. Puede verse aquí su famosa Carta a mis amigos, de diciembre de 1984, y un análisis de la revista jesuita nicaragüense Envío, en esa misma época. Desde entreParéntesis solemos subrayar la necesidad de buscar cauces de encuentro, consensos y entendimiento, pero somos conscientes también de la dimensión conflictiva de la historia y de la misión que se nos encomienda. La vida de Fernando Cardenal lo muestra con nitidez. La fidelidad puede ser dolorosa.

Como se sabe, Fernando Cardenal vivió siempre en casas de la Compañía de Jesús y pudo, finalmente, reingresar en el noviciado en el año 1996. Como él mismo escribió en una hermosa carta de despedida en 2010, “desde hace 58 años vengo participando o celebrando la Eucaristía todos los días de mi vida. Siempre la Misa diaria todos estos años”. Con esto queremos destacar su honda vida de fe y su profunda espiritualidad que está, sin duda, en la base de todo su compromiso. Un único detalle: cuando estaba haciendo su Tercera Probación (es decir, la etapa final de su formación como jesuita) en Medellín, Colombia, en el año 1970, tuvo una honda experiencia que le llevó a formular la promesa de “que dedicaría lo que me quedara de vida a la liberación de los pobres, a la lucha por la justicia, por amor a ellos, inspirados en ellos”. Esa promesa explica y concreta sus opciones posteriores como jesuita y como sacerdote.

Hablamos, pues, de la justicia que brota de la fe (Rom 9, 30). Su compromiso por los pobres fue una expresión de su seguimiento del Señor Jesús y de sus predilectos, los pobres. Esto implica el compromiso social y, en un contexto revolucionario como el nicaragüense, la dimensión política de la fe cristiana. Como han señalado todos los Papas del siglo XX y como hemos ido descubriendo con una claridad creciente a lo largo de las décadas, la caridad no puede quedarse en el nivel interpersonal sino que existe una verdadera caridad política. De nuevo, la vida de Fernando Cardenal lo muestra con nitidez.

El modo concreto en que Fernando Cardenal realizó esta misión fue a través de la cultura y, más específicamente, a través de la educación. Señalamos cuatro ejemplos. Primero, la famosa Cruzada Nacional de Alfabetización, lanzada en 1980 y coordinada por él, que logró bajar la tasa de analfabetismo del 51% al 12% de la población nicaragüense, para lo cual movilizó a casi 100.000 personas. Segundo, el tiempo en que sirvió a su país como Ministro de Educación. Tercero, su periodo como director nacional en Nicaragua del Movimiento de Educación Popular Fe y Alegría, cargo que desempeñó hasta el final de sus días. Cuarto, una de sus últimas iniciativas como director de Fe y Alegría: el lanzamiento, a finales de agosto de 2015, de una cruzada de educación y alfabetización ecológicas, inspirada en la encíclica Laudato Si, del papa Francisco.

Descanse en la paz del Buen Dios, P. Fernando Cardenal. Continúa inspirando nuestro camino de diálogo en las fronteras de la fe, la justicia y la cultura.

Foto tomada de http://www.laprensa.com.ni/2016/02/09/nacionales/1983713-padre-fernando-cardenal-lucha-por-su-vida