Feminizando la experiencia de los Ejercicios de San Ignacio

Por Belén Brezmes

El Seminario de Espiritualidad Ignaciana Femenina en la Frontera nos hemos reunido el 2 y 3 de diciembre, en Madrid.

Catorce mujeres de la Red Miriam, laicas y religiosas, tejiendo nuestra colcha de patchwork. Es creatividad con precisión en el trazado, corte y ensamblado de las piezas. Una tela, en este caso, de pensamiento y experiencia pues cada una, desde su perspectiva y búsqueda, da hilos y colorido, para ofrecer una feminización de la experiencia de San Ignacio de los Ejercicios. Queremos ofrecer una relectura y vamos recorriéndolos desde la visión teológica actual, el contexto de realidad y como mujeres, desde esa perspectiva integral, ese pensamiento holístico en el que interactúa lo racional y experiencial.

Dios crea por amor y somos co-creadoras, recibidas y amadas. Desde este agradecimiento colaboramos para que otros se sientan así. Es el “porque sí” del amor, que supera la búsqueda del reconocimiento.  Voy haciendo el camino y Dios nos posibilita el ser. Nos va creando para llevar a plenitud nuestro ser. Alabar es ser consciente de forma plena de este misterio y brota la gratuidad. Todo alaba siendo lo que es. Mi plenitud es concretar esa dinámica amorosa. Hay una imagen de vasallaje a un Dios que está fuera en la simbología que nos ofrece San Ignacio. Ir más allá de la dualidad: fuera/dentro, superior/inferior. Integrar las teologías y lo que somos ¿cuál es la imagen que nos lleva a la deoversión?

Toda verdadera realización humana mejora la humanidad y constituye una alegría para Dios y por tanto para la persona. Dios cambia el mundo cambiando nuestro corazón y esto no lo puede hacer sin nosotros. Hay una libertad humana que lo hace posible y es solicitada, ayudada, apoyada y animada para realizar libremente su verdadera esencia. Hacemos histórico el Amor de Dios en el mundo, su dinamismo creador y humanizador solicita nuestra libertad, busca que nos dejemos ser y vivir desde Él.

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[ctt template=”3″ link=”22F7N” via=”yes” ]Hacemos histórico el Amor de Dios en el mundo; su dinamismo creador y humanizador solicita nuestra libertad[/ctt]

Dios tolera el mal aunque hiera su intención, puesto que no es posible evitarlo mediante un intervencionismo. Los desafíos de la realidad como es la pobreza que se cronifica con más intensidad y se extiende; la cultura del descarte; la lógica de la crueldad que llega a culpabilizar a las víctimas; el sistema financiero, más allá de la economía que se funda en un producto, que domina el mundo exprimiéndolo desde la especulación –máximo rendimiento sin generar nada, un parásito-;  vínculos frágiles y vulnerables en una sociedad líquida; la técnica que va bien, excluye a la ética.

Estamos en construcción social de la frialdad. ¿Hacemos de la ética lo que la técnica permite? ¿Qué significa ser persona hoy? Hay una dinámica del mal que trasparenta un silencio y nos lleva a preguntarnos: ¿qué no he hecho por Cristo?, ¿qué no hago?, ¿qué no voy a hacer? Necesitamos salir del silencio y contar lo que pasa. Necesitamos estar juntos hacia dentro y hacia fuera. Hacer las cosas con y salir de hacer las cosas para…

[ctt template=”3″ link=”Famw3″ via=”yes” ]Necesitamos salir del silencio y contar lo que pasa. Necesitamos estar juntos hacia dentro y hacia fuera[/ctt]

Lo que está en juego es al mismo tiempo la liberación de las mujeres y hombres de modelos de realidad y de roles sociales debilitadores, el alumbramiento de nuevas formas de relaciones salvíficas con toda la creación. Dios saca lo mejor de mí y ser consciente de las trampas del contexto. Cuanto más feminista me sienta, más Dios en mí.

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Como mujer, soy un asunto secundario en el ámbito eclesial. La limitación del lenguaje sobre Dios al centrarlo en simbología masculina ha roto el estar creados a su imagen y semejanza. Dios cada vez dice menos a la mujer. Es un Dios en el que la mujer no se encuentra. Vamos a un nuevo modo de conversión en la Iglesia que pasa por considerar al hombre y a la mujer de otra manera. Y constatamos que se nos quiere solas, en casa, así no tenemos voz, no compartimos experiencias. Nos quieren pobres, las decisiones no son nuestras, ni el poder de decisión es nuestro. Hay un cansancio que se produce porque lucho por la baldosa que piso y tengo que construir la que piso después. Añádele a esto exclusión étnica, trabajo, dinero… ¿Qué mensaje de esperanza lanza la Iglesia a las mujeres? Convertir ¿hacia dónde?

[ctt template=”3″ link=”NIcle” via=”yes” ]Lo que está en juego es al mismo tiempo la liberación de las mujeres y hombres, el alumbramiento de nuevas formas de relaciones salvíficas con toda la creación[/ctt]

La acogida libre y encarnación histórica de la acción creadora de Dios pone al descubierto, al menos para quien tenga ojos, la presencia activa del Reino, siempre presente y siempre llegando a la espera de su plenitud. Si damos culto a Dios como la realidad que guía, como fuente y meta de todo, entonces habrá que comprobar esta verdad según la medida en que la idea de Dios en circulación tiene en consideración la realidad más a mano y es capaz de integrar en sí misma la complejidad de la experiencia presente. Dios que transparenta su imagen en nuestro ser de mujer y que nos está pidiendo que ni se domestique ni se maquille para que nada cambie. Es un problema crítico y es teológico.

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