Familias inmigrantes en colegios católicos

Los colegios católicos tienen un porcentaje similar de familias inmigrantes que el resto de los centros. Los colegios católicos escolarizan al 6,7% de familias inmigrantes y el resto de centros al 7,1%, lo cual supone sólo un 6% más. Asimismo, los colegios católicos escolarizan al 9,4% de familias mixtas (un progenitor inmigrante y el otro nacido en España) y en el resto hay un 8,6%, lo que significa un 9% más.

La menor inclusión de los hijos de inmigrantes ha sido el mayor reproche que algunos han hecho a los colegios concertados. Se suelen usar las estadísticas del Ministerio de Educación del Gobierno de España, las cuales informan que el porcentaje de extranjeros en el conjunto de centros es del 9,1%; en los centros públicos es el 10,9%, en los centros concertados es el 5,1% y en los centros privados no concertados es del 2,5% (la fuente es la publicación anual “Datos y cifras” del Ministerio de Educación, publicado en 2015 y con información referida al curso escolar 2012/13). Se ha convertido en un dato que la opinión pública parece admitir. Sin embargo, a poco que alguien recorra los colegios católicos, la experiencia le dirá que sí existen centros con un altísimo porcentaje de inmigrantes. Las desigualdades de escolarización de inmigrantes entre unos colegios y otros se deben principalmente al territorio donde actúan.

Escuelas Católicas ha encargado una encuesta sobre Educación y Familias al Instituto Universitario de la Familia de Comillas y a la misma Agencia Demoscópica que proporcionó los datos del último informe FOESSA. Algunos de sus datos han sido hechos públicos en un reciente congreso y merece la pena conocer los relativos a familias inmigrantes porque son datos reales que permiten superar prejuicios y enfocar a los auténticos desafíos.

¿A quién se refiere el Ministerio cuando en sus datos oficiales habla de extranjeros escolarizados? No habla de niños con nacionalidad española que son hijos de inmigrantes, sino que exclusivamente “se considera como alumnado extranjero a aquel que no posee la nacionalidad española”. Es decir, que se nos está informando sobre aquellos niños que todavía no poseen la nacionalidad española. No obstante, una fotografía del fenómeno de inmigración debería darnos datos del conjunto de hijos de padres extranjeros.

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Por otro lado, el concepto “extranjero” de los datos oficiales no es lo mismo que “inmigrante”. Cuando la población se refiere sociológicamente al término “inmigrante” no se refiere al conjunto de extranjeros sino a los que proceden de una serie de países con niveles bajos de desarrollo. Normalmente, el sentido común no considera que un francés en España sea un inmigrante, sino simplemente un extranjero y, además, con los mismos derecho europeos que el resto. Cuando se da el dato de “extranjeros” la gente entiende que todos son “inmigrantes” y no es así. Además, aunque un padre obtenga la nacionalidad española y legalmente no sea extranjero, la idea de “inmigrante” aún se extenderá en el tiempo pese a ser español de pleno derecho.

La inclusión de los inmigrantes es algo que preocupa muy especialmente a los colegios católicos. Las críticas que dicen que existe discriminación podrían reconocer que, igual que el resto de la enseñanza, las comunidades educativas y religiosas de los colegios católicos han ido intensificando su preocupación social por la inmigración conforme ésta ha hecho su aparición en nuestro país. Los cientos de ONG que animan esas mismas comunidades católicas han mostrado un alto compromiso de solidaridad con los inmigrantes y especialmente con los más vulnerables. Las comunidades religiosas sostienen miles de colegios en los países de los que proceden los inmigrantes y tienen una visión global y unitaria de su misión. Recordemos que según datos de 2014, en el mundo hay 95.246 escuelas católicas de primaria (desde 1970 han aumentado un 3,5%) y 43.783 escuelas católicas de secundaria (desde 1970 han aumentado un 71,3%). En total, están educando en todo el planeta a más de 51 millones de alumnos y la mayor parte en países en desarrollo con las más graves carencias en educación. Además, en los colegios católicos hay una fuerte presencia de educación intercultural, tolerancia interreligiosa y educación en solidaridad e inclusión social.

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Los colegios católicos se preguntan en qué medida integran hijos de inmigrantes en comparación con el resto de los centros, para hacerse cargo del dato real y del desafío del que deben hacerse responsables. La encuesta arroja dos datos reveladores y permite conocer información sobre las familias con parejas mixtas (una persona nacida en España y un inmigrante) y familias en las que ambos padres son inmigrantes (o familias monoparentales en las que el progenitor es inmigrante). Entiende como inmigrantes aquellos padres que nacieron en un país que es de Latinoamérica, África, Europa del Este (no perteneciente a la Unión Europea) o Asia. Fijémonos que la encuesta no se ciñe a quienes no tienen nacionalidad española (son formalmente extranjeros) sino que extiende su pregunta a quienes, incluso si tienen nacionalidad española, nacieron en uno de esos países. Además, la encuesta no entrevistó a estudiantes sino a familias: el dato que nos da es el porcentaje de familias inmigrantes sobre el total.

Así nos encontramos con los datos que adelantábamos al comienzo de este post. En los colegios católicos hay un 6,7% de padres inmigrantes y en el resto de centros hay un 7,1% (sólo un 6% más). Respecto a las familias con parejas mixtas formadas por un padre o madre inmigrante y otro de origen español, en los colegios católicos hay un 9,4% de parejas mixtas y en el resto hay un 8,6%: la diferencia es del 9%. En los colegios católicos y el resto hay prácticamente el mismo porcentaje de padres inmigrantes -nacidos en África, Asia, Latinoamérica o el Este de Europa-. En conclusión, la responsabilidad de los colegios católicos frente a la inclusión de inmigrantes en la enseñanza es bastante mayor de lo que se prejuzga en la opinión pública y respecto a hijos de parejas mixtas es mayor que el resto.

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Los retos del futuro no proceden sólo de la inclusión de un porcentaje mayor de inmigrantes. Para ello sería necesario crear centros en los nuevos barrios donde se desarrolla la ciudad y reside población inmigrante. Los colegios católicos tienen una distribución territorial determinada y como afirmó la directora de un centro concertado, “los colegios no tienen ruedas”: los inmuebles no se pueden desplazar de un barrio a otro. Incorporar las décimas porcentuales que separan a los centros católicos del resto de la enseñanza requiere también una dotación de medios ya que es necesario atender con más recursos la diversidad y las dificultades educativas que los procesos de migración e inculturación producen en los niños y jóvenes. Así pues, un pacto educativo que equilibre el porcentaje de inmigrantes debería incluir los medios adicionales adecuados para hacerlo.

Pero además, es necesario ir más allá de los porcentajes y avanzar en la innovación. La interculturalidad es imprescindible pero insuficiente para construir una sociedad inclusiva: es necesario crear MixCulturalidad tal como expusimos en http://www.entreparentesis.org/blog/417-mixculturalidad. Sin una cultura compartida es difícil la verdadera inclusión.

Parte de los procesos de segregación son territoriales: hay que relacionar a los estudiantes de unos barrios con los de otros, muchas veces con características sociales muy distintas. Para ello hay que contar con proyectos intercolegiales en las diferentes materias y con la actividad asociativa y pastoral que permite mezclar grupos, cruzar relaciones y enseñar a convivir solidariamente a estudiantes de diferente nacionalidad y extracción social. Ahí está el mayor reto: no tanto en los números como en una innovación radical que enseñe a convivir a los que hacemos nacer desiguales para comprometerse a reducir dicha desigualdad.

Los porcentajes de escolarización de hijos de inmigrantes en colegios católicos no es el problema sino la innovación pedagógica que crea relaciones solidarias y en eso no hay que insistir doctrinariamente en siempre separar cómo lo hacen pública o concertada sino ponernos todos juntos a crear.

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