La familia y el barrio en el ciclo de reproducción de la pobreza

Higinio Pi Pérez, Coordinador Área SJ de Menores

Una realidad social, seguramente no muy visible, y posiblemente desconocida es la situación de vulnerabilidad que viven determinadas familias en barrios de la periferia social. Aquí se centra mucha de la iniciativa social que se está llevando a cabo, en estos momentos, en muchos barrios de nuestras ciudades. Acompañando a estas familias en su dimensión educativa, emocional, social y familiar con la finalidad que vayan adquiriendo las herramientas y las habilidades necesarias que les permitan romper el ciclo de pobreza en el que están inmersas, promoviendo la igualdad de oportunidades y su bienestar social. Una mirada sintética describe así las situaciones que están viviendo.

La situación económica nos habla de paro de uno o ambos responsables de la unidad familiar; familias monoparentales, suponiendo una menor capacidad de ingresos y una dificultad añadida para la conciliación de la vida familiar y el trabajo; dependencia de las ayudas públicas y servicios institucionales; vivienda precaria, pudiéndose dar casos de desahucios o situaciones de hacinamiento en la vivienda; bajo nivel académico o analfabetismo.

Encontramos problemas de salud mental, padres y madres de familia con cuadros de estrés, ansiedad o depresión, falta de motivación; problemas de consumo; falta de hábitos de higiene y hábitos alimenticios saludables; embarazos precoces.

En la vida cotidiana de las familias se observan conductas relacionales habitualmente vinculadas con la situación del grupo social lumpen; violencia familiar, falta de habilidades sociales y de gestión de las emociones por parte de los padres y madres, que dificultan la adecuada resolución de conflictos en el hogar, pudiendo recurrir a la fuerza física; falta de establecimiento de límites a los menores; baja estabilidad familiar a raíz de conflictos conyugales crónicos, separaciones, sucesivos matrimonios o emparejamientos, ausencia temporal o permanente de uno o ambos progenitores; excesivo autoritarismo; despreocupación por sus hijos e hijas; exceso de proteccionismo hacia sus hijos/as.

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Y un contexto social en el que conviven familias emigradas de sus países de origen que no conocen la lengua, con diferencias culturales entre su país de origen y la de la ciudad en la que se encuentran; población gitana; falta de arraigo y red social en el barrio; conductas inadaptadas.

Esta muy breve descripción de los ecosistemas familiares donde viven los niños, niñas y adolescentes menores de 18 años. Repercute de manera diferente en cada uno de ellos y en diferentes ámbitos de su vida:

  • Si miramos su situación escolar se detecta el bajo nivel escolar; dificultades elevadas en competencias instrumentales como matemáticas o lengua; desfase curricular grave, absentismo escolar y dificultades de integración en el sistema educativo; necesidades educativas especiales; recurrentes cambios de centro escolar; falta de hábitos y técnicas de estudio; falta de habilidades para adquirir nuevos conocimientos; brecha digital de los menores con un acceso limitado a las nuevas tecnologías y a la formación en su uso, con respecto a los que sí tienen acceso.
  • Emocionalmente tienen un bajo nivel de resistencia a la frustración; inmadurez general; baja autoestima; carencia de estrategias de autocontrol; menores con desestructuración personal y afectivo-emocional; carencias afectivas; carencia de valores; falta de recursos culturales, ideológicos y de capacidad crítica.
  • Una telegráfica mirada también detecta escasas habilidades sociales; dificultades sociales para la integración; aislamiento; constantes malas relaciones; falta de hábitos de autonomía personal; necesidad de ocupación creativa del tiempo libre; falta de participación en la vida comunitaria. Ausencia de hábitos de aseo e higiene personal; carencia de hábitos alimenticios y de sueño saludables; problemas de salud mental de diversa índole; trastornos comportamentales graves; hiperactividad o inquietud motora elevada; alto nivel de estrés.
  • Y finalmente en la familia se encuentran con la falta de modelos positivos; falta de un apoyo sólido y autosuficiente para el buen desarrollo del menor en todos sus planos (académico, emocional, social, salud); falta de límites y normas conductuales.
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Cabe destacar que la situación familiar en la que crecen los niños, niñas y adolescentes, no conlleva únicamente a las carencias inmediatas en los planos académico, emocional, social, de salud y familiar que se han descrito. Este contexto en el que se desarrollan desde la infancia, también comporta un impacto directo en su futuro como adultos, perpetuando su situación de vulnerabilidad y exclusión social en sus hogares cuando adopten su rol como responsables de familia.

Así lo afirma el estudio de la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada)La transmisión intergeneracional de la pobreza: factores, procesos y propuestas para la intervención”, presentado en abril de 2016 en la sede de Cáritas Española en Madrid. Allí se refleja como 8 de cada 10 personas que vivieron graves dificultades económicas en su infancia y adolescencia, las están reviviendo en la actualidad como adultos. Asimismo, se definen los bajos niveles de estudio, de renta y ocupacionales, cómo factores de transmisión directa de la pobreza de una generación a otra.

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