Fallece Virgilio Elizondo, gran teólogo hispano norteamericano

Foto cortesía de la Archidiócesis de San Antonio, Texas

Por José Sols.

El pasado 14 de marzo falleció en Texas, a los 80 años, el gran teólogo norteamericano de origen mexicano, Virgilio Elizondo (1935-2016). Su vida fue extraordinaria; su final, muy triste. Ojalá que la futura investigación acerca de los hechos acaecidos en el último año de su vida, y quizás también acerca de las circunstancias de su muerte, le devuelvan la buena fama que tuvo durante toda su vida.

Elizondo fue un sacerdote norteamericano, hijo de inmigrantes mexicanos, nacido en San Antonio, Texas. En los años 60 estudió teología en Manila, Filipinas, y se doctoró en el Instituto Católico de París en 1978. Cercano a la Teología de la Liberación, pronto entendió que la teología contextuada en la vida de los católicos hispanos de los Estados Unidos podía dar lugar a una reflexión nueva sumamente interesante, además de liberadora para esa comunidad que ya se sitúa en torno a la mitad de los católicos norteamericanos. Tal como tuve ocasión de explicar en mi artículo “La teología hispana de los Estados Unidos” (Razón y Fe, n. 1407, enero 2016, vol. 273, pp. 49-60), Elizondo fue el padre fundador de esa nueva corriente de pensamiento que se ha denominado Teología Hispana de los Estados Unidos, también denominada Teología Latina.

Virgilio Elizondo en 1998. Foto tomada de http://stmaryvalleybloom.org/virgilio-elizondo.html
Virgilio Elizondo en 1998. Foto tomada de http://stmaryvalleybloom.org/virgilio-elizondo.html

Fue autor de obras tan importantes como Galilean Journey (1983), The Future Is Mestizo (1988) o Guadalupe: Mother of the New Creationn (1997), además de director y productor de películas de vídeo sobre temática religiosa emitidas en TV. En sus obras, Elizondo afirma que esta nueva teología se basa en lo que él denomina el Principio Galileo: ser galileo en tiempos de Jesús era un descrédito, como hoy lo es ser mestizo en los Estados Unidos; del mismo modo en que Dios escoge a Jesús de Nazaret, un galileo, para darse a sí mismo en nuestra historia, y del mismo modo en que “la piedra rechazada por los constructores, se ha convertido en la piedra angular” (Sal 118,22; 1Pe 2,7), así también hoy, en los modernos Estados Unidos de América, Dios escoge a los mestizos para hacer histórica su salvación.

Elizondo explica que de joven vivía de manera problemática cuatro identidades diferentes: era al mismo tiempo norteamericano, mexicano, español e indio. Pero lo que fue un problema al principio, se convirtió en riqueza. Los teólogos hispanos norteamericanos se cansaron de ocultar su condición de hispanos, se hartaron de intentar hacerse pasar por buenos norteamericanos, y decidieron iniciar su reflexión teológica precisamente a partir de su condición de mestizos, lo que ha dado origen a una nueva teología que ahonda en lo antropológico, en lo pluricultural, en la religiosidad popular y en la condición de la mujer.

  • El católico mestizo norteamericano vive en un país de predominante cultura anglosajona con remoto origen hispano (la primera colonización de América del Norte fue española);
  • procede de un país de habla hispana (por ejemplo, México), que a su vez vivió una colonización española que sumergió en el anonimato la cultura precolombina de sus antepasados (por ejemplo, la azteca);
  • y se siente tan norteamericano como mexicano, habla tanto inglés como español, y hasta hace poco ha visto cómo se le miraba de soslayo incluso en la propia Iglesia Católica norteamericana, principalmente irlandesa, a su vez medio ninguneada en la sociedad norteamericana, mayoritariamente protestante (sólo ha habido un presidente católico, John Kennedy).
  • Son muchos combates los que tienen que librar los católicos hispanos norteamericanos, muchas las barreras que deben saltar. Pero al final se han cansado: somos norteamericanos, somos hispanos, somos indios, somos católicos, y aquí nace nuestra teología.

Elizondo fue el primero. Rector de la Catedral de San Fernando, en San Antonio, Texas, combinó su trabajo pastoral en las comunidades de inmigrantes latinoamericanos con sus clases de teología hispana en la Universidad de Notre Dame, Indiana. Recibió varias condecoraciones. Personalmente tuve ocasión de estar presente en una ceremonia de homenaje que le rindió la Universidad de Santa Clara en el Instituto Hispano de Berkeley, en 2013. El P. Virgilio era muy amado y muy apreciado. Mucha gente se sentía en deuda con él.

Lamentablemente, en mayo de 2015, un hombre le acusó de haber abusado sexualmente de él treinta años atrás. Elizondo negó categóricamente las acusaciones, que sonaban a calumnia por el hecho de proceder de una sola persona y con tantos años de retraso (en los casos de pederastia los acusadores suelen ser múltiples, y empiezan a hablar al cabo de unos pocos años, aunque lamentablemente la Iglesia haya tardado mucho en escucharles; y los sacerdotes culpables suelen encajar, de un modo u otro, la acusación). A Elizondo le faltó tiempo para demostrar su inocencia. Falleció el pasado 14 de marzo de un tiro en la cabeza. La policía no dudó en afirmar que había sido un suicidio, lo que encajaría con el hecho de que últimamente se le veía sumido en la depresión. No obstante, sus amigos encuentran todo muy extraño. Las muestras de reconocimiento hacia este gran hombre, este buen pastor y este gran teólogo recorren estos días los Estados Unidos. Esto es lo que ha escrito la teóloga María Pilar Aquino: “Me siento muy triste por la noticia de la muerte de Virgilio Elizondo. Él fue para mí, como para muchas otras personas, un amigo fiel e inspirador. Fue un hombre humilde, un profeta de la liberación”. Ojalá que algún día se le devuelva la buena fama.


José Sols Lucia es Director de la Cátedra de Ética y Pensamiento Cristiano del IQS, Universidad Ramon Llull, Barcelona, y profesor invitado en el Instituto Hispano de la Jesuit School of Theology of Santa Clara University, en Berkeley, California.

[Foto de portada: cortesía de la Archidiócesis de San Antonio, Texas]

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