El factor humano de las ferias comerciales

Hace unos días tuve ocasión de conversar con Xabier Basañez, el director del Bilbao Exhibition Centre, el recinto ferial más importante de Euskadi. Nos comentaba con entusiasmo la importancia de situar a Bilbao en el mapa de los grandes eventos comerciales de Europa. Desde mi ignorancia, yo le pregunté cómo podía ser que en la era de las nuevas tecnologías y de la comunicación por internet pudieran ser tan importantes los eventos presenciales. Basañez sonrió al escuchar la pregunta y me respondió que precisamente por aquello que toda la tecnología del mundo nunca será capaz de ofrecer: las personas, las relaciones forjadas sobre la confianza mutua y los compromisos adquiridos cara a cara.

Las ferias comerciales tienen su origen en la Edad Media. Eran encuentros para favorecer el desarrollo del comercio entre territorios diferentes. Estos encuentros fueron adquiriendo mayor complejidad y dinamismo, y se consolidaron en el formato moderno durante el siglo XX. Actualmente instalaciones de todo el mundo compiten ferozmente para acoger encuentros que pueden llegar a reunir a miles de personas durante unos días en torno a cualquier sector o actividad imaginable. En el ranking de recintos feriales, Alemania encabeza la lista a nivel Europeo, con gran diferencia respecto a todos los demás, tanto en número como en capacidad ―la palabra «feria» evoca inconscientemente ciudades como «Hannover» o «Fráncfort»―. En España se celebran cada año un centenar de ferias comerciales de carácter internacional. La mitad de ellas se las reparten Madrid y Barcelona. Otras sedes importantes son Valencia, Bilbao y Zaragoza.

Las ferias sufrieron de manera muy directa el impacto de la última crisis, con un descenso en número y tamaño muy notable entre 2009 y 2012, que rondó el 50% en España, y que hizo que recintos como el BEC entrarán en pérdidas. Pero la salida de la crisis ha vuelto a poner los números en verde y desde 2012 las ferias están creciendo anualmente más de un 10%. No lo hacen en todos los sectores, Basañez mencionaba que, por ejemplo, el turismo es un sector en el que internet ha ocupado en gran medida la función de los eventos presenciales ―aunque se organicen algunas ferias importantes, como la española Fitur―. Pero en otros ámbitos, y singularmente en la industria, las ferias siguen siendo una referencia importantísima, y nada hace prever que dejen de serlo, más bien al contrario.

Estos datos nos ayudan a poner la tecnología en su sitio. Indudablemente internet ha transformado la manera en la que se hacen negocios. Cualquier comprador del mundo puede hoy conocer todos los detalles de un producto sin tener que trasladarse a ningún sitio. Nadie va a las ferias actualmente a descubrir producto. Pero toda la información disponible no es sino la materia prima con la que las personas han de tomar decisiones que afectan a otras personas. Y cuando de ello se trata, al menos por ahora, la presencia física, la interacción cara a cara, la posibilidad de estrechar la mano o percibir un destello de seguridad o inseguridad en la mirada ajena son elementos a los que damos mucha importancia. Ese factor humano es el que sigue alimentando el mundo de las ferias y, con él, las cuentas de resultados de hoteles, restaurantes y múltiples servicios adyacentes que se ofrecen en las ciudades que las alojan.

Escribir un comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here