Desmontando a la extrema derecha

Steve Bannon hablando en la Conferencia de Acción Política Conservadora 2017 (CPAC) de Maryland. Gage Skidmore

No hay duda de que estamos ante un momento clave de la historia donde el fanatismo, el machismo más retrógrado y la extrema derecha están cada vez más y mejor organizados. El otro día me topé con una noticia de esas que erizan la piel. Reconozco que me preocupó y aún hoy me mantiene inquieta. El titular era claro: Steve Bannon planea una fundación para alimentar la extrema derecha en Europa. Se llamará ‘El Movimiento’, tendrá sede en Bruselas y aspira rivalizar con la Fundación ‘Open Society’ creada por el multimillonario George Soros en 1984.

Ya sabíamos que Bannon, el ultraderechista que fuera estratega jefe de Donald Trump, y que lo llevó hasta la Casa Blanca en 2016, había desembarcado en Europa para expandir el populismo y el nacionalismo después de sus desavenencias con Trump. Apoya campañas de partidos de extrema derecha como el Frente Nacional de Francia, el Fidesz de Hungría, la Alternativa para Alemania o la Liga Norte de Italia.

Se regodea rompiendo la dicotomía entre derechas e izquierdas, y centra sus proclamas en la promoción del nacionalismo y el populismo frente al globalismo que representan líderes como el presidente francés Macron. Promueve un discurso antiinmigración y antieuropeísta que genera ovaciones de una ciudadanía que se siente defraudada por la prometida Europa del bienestar.

Ahora con ‘El Movimiento’ quiere dar un paso más y generar una plataforma que promueva el voto anti-UE en las elecciones europeas que tendremos el año que viene. Para ello aportará a los partidos de extrema derecha europeos encuestas, investigaciones, estrategias y tácticas de segmentación de datos y mensajes por públicos, basándose en la explotación del Big Data. Pretende en definitiva aprovechar las posibilidades ofrecidas por la revolución tecnológica y digital, como ya hiciera en el diseño de la estrategia electoral de Trump, para dinamitar las instituciones europeas como el Parlamento Europeo y la Comisión Europea.

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Urge poner freno a ese Bannon hitleriano que dice que hay que “dejar que te llamen racista” y “llevarlo como una insignia de honor”. Una de las claves para combatir los extremismos está en acabar con sus fuentes de financiación. Precisamente eso busca el movimiento ‘Sleeping giants’, que como reza su propia biografía de Twitter, es “una campaña para hacer que el fanatismo y el sexismo sean menos rentables”.

La cuenta surgió justo después de las elecciones norteamericanas de 2016. Buscaba minar los ingresos publicitarios que recibía Breitbart, la web de extrema derecha vinculada a la administración del presidente Trump que dirigía en aquel momento Steve Bannon.

Pero para cumplir su cometido, Sleeping Giants necesita el activismo digital de la gente. De hecho su éxito se basa en la movilización de una generación conectada que constantemente sigue los pasos a los que insta la campaña: recoger capturas de pantalla de anuncios en Breitbart y cuestionar educadamente a las marcas anunciantes que apoyan la web extremista, la mayoría de las veces sin ni si quiera saberlo.

Desde su nacimiento, cientos de marcas han bloqueado sus anuncios para no aparecer en Breitbart, que ha perdido casi 4.000 anunciantes en los casi dos años de activismo de Sleeping Giants. Ahora la cuenta también se dirige  a ciertos programas de Fox News.

La revolución digital es global y libre. Los extremismos la usarán hacia un lado, y nosotras debemos virar el triunfo hacia la Europa de los valores y los derechos humanos. Toca organizarse para ello. Nos jugamos todo en las elecciones europeas del 2019.

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1 Comentario

  1. El nacionalismo y el populismo son ciertamente los principales enemigos de la libertad y la igualdad en Europa y en el mundo. Pero por desgracia no están solo en la extrema derecha. En España tenemos bastante experiencia, de hecho, del polo opuesto.

    Solo la defensa de unos valores comunes, inspirados en la tradición cristiana, humanista e ilustrada del Viejo Continente puede vacunarnos contra los discursos del odio (a los extranjeros, a los refugiados, a los ricos, a los que no piensan como nosotros…).

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