Por Annie Selak. Estudiante de doctorado en teología sistemática en Boston College

Casi no necesita ni el apellido. Oprah Winfrey ocupa un lugar preeminente en la cultura estadounidense del siglo XXI. Es tan popular como discutida, sobre todo por su contribución al consumismo norteamericano, ya que el “efecto Oprah” viene a ser como un moderno toque de Midas. Muchas críticas son verdaderas y necesarias, pero no deberían ocultar las contribuciones positivas de Oprah. ¿Podemos pensar en una “teología de Oprah”? Y, en tal caso, ¿cómo? Creo que es más fecundo no mirar el material explícitamente espiritual de Oprah, sino más bien fijarnos en el papel que ocupa en nuestra cultura contemporánea.

oprahEl show de Oprah desbordó los límites del género del talk-show, yendo más allá de los tópicos para adentrarse en entrevistas vulnerables. La “marca Oprah” incluye diseño interior, espiritualidad, música, educación y, sí, claro, productos para comprar. Su acercamiento global a la vida muestra que no podemos dividir nuestras vidas en segmentos diferenciados sino que, por el contrario, nuestras vidas deben estar integradas. Oprah puede saltar, sin problema, de una conversación emotiva sobre adicciones con Whitney Houston a recomendar los mejores calcetines relajantes del mercado, y lo hace de tal modo que no disminuye el valor de lo primero. Al contrario, su acercamiento muestra que todos los aspectos de la vida son importantes, de lo más grandioso a lo que parece trivial. De algún modo, el enfoque de Oprah para encontrar lo bueno en todas las cosas (finding good in all things) evoca la llamada de la espiritualidad ignaciana para encontrar a Dios en todas las cosas (finding God in all things).

Cuando no había redes sociales –es decir, cuando no todos los aspectos de la vida de los famosos estaban disponibles a golpe de clic– Oprah cultivó la intimidad con su audiencia a través de la auto-revelación. Abrió nuevos terrenos revelando aspectos personales de su vida. El término “Opraficación” se acuñó para describir las confesiones públicas como forma de terapia. Su conocida batalla con la pérdida de peso y su imagen corporal muestra bien esta vulnerabilidad e intimidad. En un reciente anuncio de publicidad, decía: “Nada de lo que has intentado es una pérdida de tiempo, así que cada vez que he intentado y fracasado, y de nuevo intentado… me ha llevado en este momento a decir, ‘Si no es ahora, entonces ¿cuándo?’” Este largo proceso no solo pertenece a Oprah, sino también a muchos miembros fieles de su audiencia que le han acompañado a lo largo del trayecto.

El camino de Oprah hacia la mejora personal se centra en lo positivo más que en lo negativo. En vez de subrayar las partes de nosotros mismos que parecen indignas, nos invita a ser la mejor versión de nosotros mismos. En ese mismo anuncio, Oprah decía a su audiencia: “Dentro de cada mujer con sobrepeso hay una mujer que sabe lo que puede ser”. La continua invocación de Oprah a la mejora personal tiene resonancias con el concepto del magis en la espiritualidad ignaciana. El magis nos llama a algo más. Siempre está más allá de nuestro alcance, pero eso no quiere decir que sea elusivo. Por el contrario, Dios nos llama a ser más: más humanos, más auténticamente nosotros, más conectados con Dios y con los demás. El magis también nos ofrece alguna intuición crítica respecto a los mandatos de Oprah de mejorarnos, ya que nos previene respecto al consumo compulsivo que tantas veces se asocia con Oprah. El magis no es simplemente acumular más, sino que nos invita a la profundidad. En una sociedad obsesionada con el consumo, esta llamada a la calidad y a la integración es una corrección necesaria.

15444879679_755ae2011dOprah tiene un don para crear comunidad. Los miembros de la audiencia no son meros espectadores o potenciales propietarios de coches, sino que todos quedan invitados a acompañar a Oprah en un viaje. Esta invitación no acabó el terminar su programa de televisión, sino que continúa a través de la Oprah Winfrey Network y su website. Redefine los modos en que nos reunimos a base de encontrar a la gente allí donde está. La website de Oprah convoca 4,5 millones de personas cada mes, actuando como un facilitador global comunitario. (Por supuesto, no olvidamos que todas estas contribuciones son parte de un negocio muy exitoso y lucrativo).

La “Buena noticia” o el evangelio de Oprah es la promesa de la posibilidad de una mejora personal. El viaje en que está embarcada no es fácil, de modo que se puede relacionar con su audiencia. Promete una vida más auténtica y mejor a todos los que le acompañan. Oprah ilumina el bien que nos rodea y teje las partes desconectadas de nuestra vida en un conjunto armónico, prometiendo que a través de este viaje alcanzarás “La vida que quieres” (título de su próximo libro y destino último de lo que ofrece a sus seguidores).

La teología de Oprah es una combinación de comunidad, intimidad y positividad, entrelazada con una llamada a la mejora personal. Puede que no sea teología sistemática, pero es significativo que esta buena noticia llegue de una mujer afro-americana en una cultura que necesita que le recuerden la dignidad de las personas negras. A lo largo de su carrera, Oprah ha rechazado conformarse con un molde externo, y en vez de eso, ha optado por trazar su propio camino e invitar a otros en el camino. Una teología que nos llama a ser más auténticos y a acompañar a otros en el camino sigue siendo una contribución positiva.

Original inglés publicado en America Magazine. Publicado con permiso. Traducido y condensado por entreParéntesis.