Ética económica y cultura política

La actual cultura e ideología que domina, la liberal-burguesa (economicista) y capitalista postmoderna, ha impuesto su individualismo posesivo y relativista, su materialismo mercantilista y competitividad en todos los ámbitos de la vida. Esto supone, como se muestra en la globalización, que la esfera económica ha invadido el ámbito político. Lo que, a su vez, ha propiciado que el mercado y el Estado colonicen la sociedad civil. Todo ello da como resultado un rechazo de la ética en la economía y en la política. La economía no realiza su cometido, que sería la satisfacción de las necesidades básicas de las personas, la justa producción, distribución y consumo de los bienes. El liberalismo económico, el capitalismo niega la esfera ética o moral en el mercado, rechaza que la economía esté regida por la justicia social y universal.

La economía capitalista impone así la dictadura del capital, del beneficio y la competitividad, y convierte al mercado libre en un dios (ídolo) al que adorar y sacrificar en su altar: la vida, dignidad y derechos de las personas. El secreto de la idolatría del capitalismo, que se presenta como nueva religión, es hacerse amar. Y para ello emplea toda una industria cultural y mercadotecnia publicitaria-propagandista, donde los deseos y anhelos más profundos del ser humano son manipulados de raíz. En este sentido, como se puede observar, el capitalismo dicta una nueva antropología, el individuo del tener y del poseer, del consumir y del poder por encima del ser-persona, del ser solidario y comprometido por la justicia. El individualismo, el hedonismo y el consumismo, con sus ídolos de la riqueza (ser rico) y del poder, va impregnando todo el tejido educativo y cultural, social y político.

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Todo lo anterior es lo que está de fondo en la producción de la última crisis económica, que aun estamos padeciendo. El mercado y la economía, en especial la financiera-especulativa que es la que predomina hoy, rechazando la regulación ética-política en el bien común y en la justicia social/global: creó una especulación financiera y económica; un mercado de casino y una burbuja financiera de economía basura que acentuó, todavía más, la injusticia y desigualdad del hambre, la pobreza y la exclusión social. Uno de los ejemplos más dramáticos e indecentes del capitalismo financiero es la especulación de materias primas y alimentos. Lo que ha causado aun más hambrunas, como las padecidas en la zona conocida como el cuerno de África. Pero parece que no hemos aprendido la lección, y la cultura política, impregnada del capitalismo, quiere volver de nuevo a las mismas recetas, estilos y estatus de vida anteriores a la crisis.

Es tomar conciencia que el nivel de  productividad, crecimiento y consumismo (llamado “bienestar”) del Norte enriquecido se logró a costa del empobrecimiento del tercer (Sur del) mundo, de la destrucción ecológica del planeta. La cultura política ha de asumir la vida en pobreza solidaria, en el compromiso por la justicia internacional con los pobres de la tierra y por la paz, en una democracia participativa/autogestionaria. Un consumo justo y responsable, la lucha por la justicia ecológica y erradicación global del capitalismo, de transformación de las estructuras sociales e internacionales injustas. Como nos está mostrando el pensamiento social de la Iglesia y el Papa Francisco.

Imagen: “Dios dinero”. Quino

Foto: Francisco Campos SJ

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