Ética digital: por una sociedad digital inclusiva

Ética digital

La nueva sociedad digital -aunque de nueva ya tiene más bien poco- plantea una serie de retos que requieren ser resueltos con precaución. Como sociedad, se trata de relaciones entre seres humanos. Como digital, supone un espacio virtual en el cual reproducimos lo mejor y lo peor de nuestros hábitos y conductas. Es por esto que necesitamos de una ética digital que establezca las bases para una nueva convivencia en la que estén asegurados los derechos de los nuevos ciudadanos digitales. Pero antes de empezar, veamos en qué consiste la ética.

¿Qué es la ética?

Si nos vamos al diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su definición de ética en los puntos 4 y 5 encontramos lo siguiente:

4.f. Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Ética profesional, cívica, deportiva.

5.f. Parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores.

En la Wikipedia encontramos las siguientes definiciones:

La ética […] es la rama de la filosofía que estudia lo correcto o equivocado del comportamiento humano. Además, tiene como centro de atención las acciones humanas y aquellos aspectos de las mismas que se relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida realizada.

La ética estudia qué es un acto moral, cómo se justifica racionalmente un sistema moral, y cómo se ha de aplicar posteriormente a nivel individual y a nivel social. En la vida cotidiana constituye una reflexión sobre el hecho moral, es decir busca las razones que justifican la adopción de un sistema moral u otro.

Aproximaciones a una ética digital

Si buscamos en Internet referencias a la ética digital, encontraremos un gran número de recursos donde la aproximación que se hace a ella se realiza desde un punto de vista de los derechos de propiedad intelectual. De hecho, incluso podemos encontrar su propio decálogo de mandamientos:

  1. No usarás una computadora para dañar a otros.
  2. No interferirás con el trabajo ajeno.
  3. No indagarás en los archivos ajenos.
  4. No utilizarás una computadora para robar.
  5. No utilizarás la informática para realizar fraudes.
  6. No copiarás o utilizarás software que no hayas comprado.
  7. No utilizarás los recursos informáticos ajenos sin la debida autorización.
  8. No te apropiarás de los derechos intelectuales de otros.
  9. Deberás evaluar las consecuencias sociales de cualquier código que desarrolles.
  10. Siempre utilizarás las computadoras de manera de respetar los derechos de los demás.

Podemos ver cómo estas ‘reglas’ están planteadas en base al uso de la tecnología. Sin embargo, y aunque en ellas se recogen cómo deben ser los comportamientos de los usuarios de un mundo digital, parecen olvidar tratar las simples relaciones entre seres humanos que tienen lugar en dicho universo.

Por supuesto, el respeto a la propiedad digital debe estar contemplado en esta nueva variante de ética, pero no puede reducirse prácticamente a esta cuestión. La ética digital debe cubrir las cuestiones de la ética en tecnología, pero aportando además un necesario componente social.

En un interesante artículo de Rais Busom titulado Prolegómenos para una ética digital, encontramos una serie de cuestiones que permiten hacerse una idea de lo que debemos entender como ética digital.

Así, el autor establece una serie de principios en los que se basa la ética digital:

  1. Responsabilidad: es necesario plantear esta disciplina desde el punto de vista de los deberes antes que desde el de los derechos. Todos tenemos responsabilidad de los actos que realizamos, y en el mundo digital no debe ser distinto. Esto permite tener seguridad.
  2. Universalidad dinámica: Aunque la responsabilidad es de cada uno, la colaboración que se establece en el mundo digital hace que esta tenga también un carácter universal, de todos los involucrados en una acción.
  3. Autodeterminación digital: Se trata de la cuestión de la libertad digital, que viene definida por la acción colectiva. Cuando hablamos de la libertad de la colectividad de un grupo, este debe ser libre también para establecer sus propias normas de convivencia y comportamiento.
  4. Racionalidad práctica: Viene a decir que la razón debe ser la base para establecer comportamientos y tomar decisiones. Aquí difiero con el autor, pues aunque es cierto que el razonamiento nos ayuda a discernir correctamente en muchas cuestiones, como seres humanos poseemos un componente sentimental y, en cierto modo, irracional, que nos define como lo que somos. Recordar aquí las palabras de Unamuno: ‘El hombre, dicen, es un animal racional. No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental. Y acaso lo que de los demás animales le diferencia sea más el sentimiento que no la razón’.
  5. Intersubjetividad: Como subjetividad de muchos individuos, los cuales en colectividad forman una intersubjetividad.

Una vez establecidos estos principios, se infieren a partir de ellos unos deberes digitales, tales como:

  1. Deber de conexión: Poco que comentar aquí; en el espacio digital es un deber el estar conectado, pues la desconexión nos aísla. Sin embargo, curiosamente, este deber da lugar también a un derecho a la desconexión.
  2. Deber de transparencia: La importancia de la trazabilidad de nuestros actos en el entramado digital, teniendo claro que transparencia no significa renuncia a la privacidad (otro derecho).
  3. Deber de ecuanimidad: Posiblemente, el aspecto más social de esta ética, la necesidad de asegurar las mismas oportunidades y condiciones para todos. De nuevo la libertad.
  4. Deber de participación: La comunidad como base de la sociedad digital, donde la participación colectiva e individual y el  involucramiento deber ser garantes de la perdurabilidad de la segunda.
  5. Deber de protección: Como seres humanos, estamos obligados, conminados, a ayudar al otro. Es una de las cualidades que deben definirnos como especie que siente.

Coda final: por una sociedad digital inclusiva

Además de todo lo anterior, o tal vez en base a lo establecido en los puntos anteriores, la ética digital debe ser guía e instrumento para asegurarnos que las personas, todas, puedan desarrollarse libremente en el espacio digital.

La sociedad digital es una oportunidad única que tenemos para experimentar con acciones que tengan como objetivo -y resultado- la inclusión de todos aquellos desplazados en el mundo físico actual, una nueva forma de empoderar a los desfavorecidos con la ayuda de aquellos que mayor acceso tenemos a la tecnología.

La sociedad digital como esa Utopía tantas veces buscada y, hasta la fecha, nunca alcanzada.

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