Ética, autorregulación y sostenibilidad

En un reciente seminario donde abordábamos asuntos relativos a la Responsabilidad Social de la Empresa en materia medioambiental, un respetable señor, que hacía años había sido el primer ejecutivo de una conocida multinacional española, planteó –sin saberlo; y, sin duda, con la mejor de las intenciones- la eterna cantinela de la autorregulación.

Vino a decir lo siguiente: “Nosotros, entonces, no nos preocupábamos por estas cosas. Ahora vemos que son relevantes; pero hace años ni se nos ocurría pensar en ello. Seguro que lo hubiéramos hecho si la opinión pública nos lo hubiera demandado. Y, sobre todo, si la ley nos lo hubiera exigido”. Y remataba el lance, adornándose: “¡Porque, no nos engañemos: en definitiva, tiene que ser la sociedad la que diga lo que hay que hacer: las empresas, de lo contrario, no sabrían a qué atenerse”.

¡Ahí es nada!, dije yo para mí. ¿Y este caballero, pensando de esta guisa, tuvo ocasión de tomar decisiones del calibre y el impacto que me cabe suponer? ¡Cómo se nota que aquello de Kant de que “lo único bueno sin restricción es la buena voluntad” va a ser verdad…! Porque buena voluntad no se la podemos discutir… Pero simpleza en el análisis y cortedad en la argumentación, tampoco.

Porque vamos a ver: (1) La ley es siempre el suelo, lo básico, lo menos que se vende en ética. No puede ser nunca el techo, la utopía a que aspirar. Y eso contando con que la ley sea justa. (Sí, sí: ya sabemos –al menos desde Santo Tomás de Aquino- que la ley o es justa o no es ley en absoluto. Será, a lo más, arbitrariedad impuesta por la fuerza… Pero, no cabe duda de que hay leyes, como la del embudo, que benefician mucho más a unos –los poderosos- que a otros –los eternos paganos de los patos que otros se comen…). (2) La ley emana de parlamentos nacionales-estatales… y llega siempre tarde –como la lechuza de Minerva que, según Hegel, levantaba siempre el vuelo al anochecer. (3) Y, por no hacer el cuento largo, hay lagunas muy grandes en el entramado legislativo… sobre todo, si consideramos el mundo como el campo global de la actividad de las empresas.

Porque de eso se trata: de autorregularse. De fijar rayas rojas con la brocha gorda de la Ética…porque no todo vale –ni siquiera con tal de ganar dinero: No sería sostenible un proceder inmoral.

1 Comentario

  1. Quizás un punto clave aquí es la convicción moral. Ella hace una especie de columna vertebral del dirigente empresarial, un esqueleto interno. Si no, todo lo que hay es exoesqueleto: configuración de las conductas desde afuera, por la ley, por la opinión pública…

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