El viernes 1 de julio acudimos a los cursos de verano de la Universidad Complutense en El Escorial. Concretamente, fue en la clausura del curso “Hambre Cero: es posible”, organizado por la oficina española de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).  La sesión de clausura consistió en la lección magistral de José Graziano da Silva, actual director general de la FAO y, anteriormente, Ministro Extraordinario de Seguridad Alimentaria de Brasil.

Expuso su compromiso personal en torno a la lucha contra el hambre, como un modo concreto de ilustrar la historia de donde venimos. Para ello, en primer lugar, se centró en su experiencia en Brasil, donde se daba la sangrante paradoja  de ser un país exportador de alimentos y, al mismo tiempo, con grandes áreas marcadas por el hambre, sobre todo en el Nordeste y en la Amazonia. A la pregunta “¿por qué, cómo evitarlo, qué hacer?” se respondió desde el trabajo académico y, con el liderazgo del presidente Lula da Silva, desde el trabajo concreto, recorriendo todo Brasil durante diez meses. Tras analizar programas exitosos de seguridad alimentaria en otros países, lanzaron el programa “Hambre Cero”, articulado en torno a seis dimensiones: mecanismos de transferencia de ingresos para remediar pobreza extrema; beneficiar a los sectores más frágiles, con políticas específicas; salud y nutrición; control de calidad de los alimentos, sobre todo en zonas urbanas; educación alimentaria; abastecimiento.

hambre-ceroA continuación, José Graziano da Silva expuso el trabajo realizado en América Latina. Ahí el nuevo problema detectado se refería al déficit de institucionalidad político-legal en el continente. Por ello, fue necesario un gran impulso para promover reformas constitucionales que reconozcan el derecho a la alimentación como derecho. Esto supuso ir más allá de los gobiernos, para involucrar a los  parlamentarios, a la sociedad civil y al sector privado. En tercer lugar, ya desde Roma, se ha impulsado el Reto Hambre Cero, vinculando la seguridad alimentaria y la nutricional, siempre desde la convicción de que el hambre es un problema político.

Analizando el momento actual, identificó tres desafíos. Primero, el reto de la sobrealimentación, la obesidad y las dietas no equilibradas. Se trata de una cuestión cultural que requiere de políticas públicas, de modo que (¡¡al igual que el hambre!!) no puede ceñirse a la exclusiva responsabilidad personal. Segundo, la sostenibilidad. De Silva recordó el número 2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: “Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible”,  señalando que esa última palabra resulta ser la clave. En tercer lugar, el comercio mundial de alimentos, como algo clave en un mundo global, facilitando intercambios eficientes y justos. Hoy por hoy, se centra en cinco commodities (trigo, maíz, soja, patata, arroz) que cubren el 80% del mercado, dominado por el interés comercial y orientado solo a la ganancia.

Tras la conferencia, se abrió un amplio turno de preguntas por parte del público asistente (alumnos del curso y asistentes externos), en el que se pudieron abordar numerosas y variadas cuestiones. Por ejemplo, la problemática en torno a la quinoa; la cuestión de los cupones de alimentos y los subsidios focalizados; los transgénicos, sobre los que afirmó con claridad que “hoy día no los necesitamos” pero sí lo podemos necesitar como alternativa futura a explorar; las posibilidades reales de impulsar cambios efectivos en África, a través del desarrollo y la compra local con precios justos.

La conferencia de José Graziano da Silva ofreció un broche de oro para clausurar el curso de verano que ha organizado la FAO en El Escorial, desde el martes 28 de junio. En días sucesivos se abordaron los grandes retos de la lucha contra el hambre, como tarea compleja que requiere abordar de un modo integral un abanico de problemáticas amplio  y diverso: combatir la pobreza rural y las desigualdades, alimentar a una población creciente, elevar los niveles de nutrición, incrementar la resiliencia de los más vulnerables ante las crisis, gestionar de manera sostenible los recursos o adaptar la agricultura al cambio climático, entre otros. El miércoles 29 se analizó el papel de las ciudades y del compromiso ciudadano, mientras que las sesiones del jueves 30 se centraron en la comunicación como motor de cambio, con la presencia de voces tan cualificadas como Martín Caparrós, Juan Luis Cebrián o Lola Huete.