El acto tuvo lugar el miércoles 3 de febrero, con el objetivo de presentar el libro “Cuidar de la Tierra, cuidar de los pobres”, escrito por varios profesores de la Universidad Pontificia Comillas y publicado por la editorial Sal Terrae. Introdujo el acto Julio L. Martínez, Rector de la misma Universidad, mientras que Enrique Sanz Giménez-Rico, Decano de la Facultad de Teología, actuó como moderador, entre los dos ponentes: Pedro Linares, Vicerrector de Investigación e Internacionalización, y Pedro Fernández Castelao, profesor de Teología.

Pedro Linares subrayó que los términos de la ciencia (por ejemplo, ecología y economía) no son  neutros y tienen detrás un punto de vista específico. Por ello, la encíclica habla de manera positiva de la ciencia que ayuda al desarrollo integral del hombre, o de una economía que  ayuda a gestionar los recursos y no tiene como único fin el sacar beneficios, mientras que la tecnología y, sobre todo, la tecnocracia tienen un valor negativo.

El papa Francisco quiere mostrar cómo un diálogo directo con la ciencia puede ayudar a resolver la crisis del nuestro tiempo, una crisis que tiene dos polaridades: la humana y la ecológica y que se podría denominar eco-social o eco-solidaria. Es una crisis que empieza con la devaluación de la dignidad del hombre y que lleva como consecuencia el depredar los recursos ambientales y humanos; por lo tanto, el papa Francisco anima a todos los hombres a emprender un camino hacia una ecología integral, que comprende tanto la dimensión humana como la ambiental y la social.

En su presentación, Pedro Linares subrayó algunas posturas críticas de la encíclica, que han provocado algunas polémicas en el mundo científico. Aunque el tono es muy equilibrado, en ocasiones se puede ver un cierto romanticismo cuando se habla de la naturaleza en un sentido de preservacionismo o conservacionismo extremo (dicho también sostenibilidad fuerte), que acabaría siendo incompatible con el desarrollo humano; o una visión del mercado fuertemente negativa y la absoluta imposibilidad de pensar a una propiedad privada aplicada a los recursos naturales que pueda mirar al bien común. Sin embargo estos aspectos no quitan la profundidad de una encíclica que abre a la posibilidad de un diálogo fecundo entre fe y ciencia hacia el bien común y hacia la dignidad del hombre en su sacralidad.

Pedro Fernández Castelao habló de la encíclica Laudato Si’ desde el punto de vista de la antropología y de la teología, indicando seis verbos que pueden sintetizar y conducir a la lectura del texto: ver, fundamentar, juzgar, proponer, actuar, convertir. Estos verbos llevan consigo el proceso que el hombre debe hacer para darse cuenta de la complejidad del mundo en el que vive y para actuar con responsabilidad. También subrayó el profesor Castelao que el mensaje nuclear de la encíclica está contenido en el n. 139: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”.

Es una crisis que tiene su raíz en un antropocentrismo moderno según el cual el hombre está envuelto en su rapaz individualidad y se considera dueño de toda la creación (que es una manera distorsionada de leer Gen 1,28: “llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”). El pensamiento del Papa rechaza también un pensamiento que ve una primacía del mundo frente al hombre, es decir que considera el hombre un ser igual a otros seres que viven sobre la tierra.  La encíclica propone una imagen del ser humano a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto diferenciada de las otras creaturas, no objetivable, que mantiene un ligamen especial con el creador. El mundo, la naturaleza, constituye el lugar de encuentro entre Dios y el hombre, como está testimoniado ya en la tradición teológica franciscana. Por eso es fundamental recuperar el concepto de una ecología integral que permitirá restaurar la relación entre Dios, hombre y mundo, o mejor dicho Creador, creatura y creación.