La Cátedra de América Latina de ICADE organizó el pasado miércoles 22 de junio un seminario sobre “El desafío de la desigualdad“. Presentó la sesión el rector de la Universidad Pontificia Comillas, Julio Martínez, e introdujo a los ponentes Enrique V. Iglesias, expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

La primera intervención fue de Chema Vera (de Oxfam Intermon) quien planteó las cifras básicas de desigualdad de riqueza y su evolución a nivel global y en América Latina. El análisis que presentó Vera concluye que hay un “secuestro” de las instituciones políticas por parte de las élites económicas. Ello ocurre a través de monopolios y oligopolios, clientelismo y corrupción, control de los medios… Al controlar las instituciones políticas en detrimento de la población en general, ello hace más difícil no solo la igualdad ciudadana, sino también alcanzar los objetivos de desarrollo y de erradicación de la pobreza. Una fiscalidad internacional parece imprescindible para que no se produzca la migración de capitales que obstaculizaría cualquier política nacional de igualación. En el diálogo, frente a la posición más pesimista que sostiene que poco puede hacerse a nivel nacional en materia económica, Vera sostuvo que por el contrario hay ciertos márgenes de maniobra de los Estados, que deben aprovecharse. En un reciente post, hemos sostenido aquí que ciertamente esos márgenes existen, que se refieren sobre todo a la calidad institucional y que tienen un inmediato impacto no solo sobre la ciudadanía efectiva sino también sobre la economía.

La segunda intervención fue de Nora Lustig (de Tulane University), quien propuso una visión distinta. Se centró en la desigualdad de ingresos, no de riqueza. La desigualdad de ingresos no ha crecido en todas partes. Particularmente en América Latina ha decrecido en las últimas décadas, sobre todo por el impacto de la extensión de la educación y por el incremento de las transferencias directas y las políticas sociales. La profesora Lustig encuentra que en algunos casos las políticas fiscales afectan a los pobres, bien haciéndoles más pobres, bien situándoles más abajo en la escala económica, porque terminan pagando más impuestos de lo que reciben en servicios públicos. Es uno de los problemas obvios de fiscalidades muy favorables a las empresas, que hacen que los asalariados y los consumidores contribuyan el grueso de los ingresos del Estado. La intervención de la profesora Lustig nos mostró que ello no solo ocurre en Europa, sino también en algunos lugares de América Latina.

Habló después Alfredo Valladao (Sciences Po, Paris School of International Affairs). Sostuvo la idea de que una certidumbre moral no es operativa, tampoco en política, porque produce unas convicciones que llevan a descartar al adversario por inmoral, por tanto conducen al autoritarismo. Habló de la desigualdad aceptable por la población, que depende de la economía tanto material como simbólica de la sociedad, de la sostenibilidad de la reducción de desigualdad, de la Realpolitik en la que cada cual llama “bien común” a lo que le conviene… Al final, unió todo en la denuncia de la insostenibilidad del asistencialismo populista, que parece reducir la desigualdad pero no aumenta las capacidades productivas de la población. Nos dijo que nuestras sociedades rechazan al individuo-ciudadano bajo un Estado basado en la ley; preferimos acogernos a clientelas, “familias” y conexiones, para “ser alguien” en la sociedad… Propuso entonces que dejemos de buscar la mejora en un “gobierno bueno” para buscarla en “buenas instituciones”, capaces de resistir y controlar también a gobiernos malos. Reglas administrativas comprensibles, separación de poderes, transparencia de presupuestos, sistemas electorales fiables, libertad de contratación, garantías a la propiedad… Lo que no quieren ni la derecha ni la izquierda latinoamericanas, porque es una amenaza a nuestra cultura clientelar, enemiga de la competencia y más amiga de la componendaEl modelo económico en la globalización no es una decisión política (salvo que se decida quebrar, que sí se puede), pero la calidad institucional sí lo es; y resulta decisiva para tener la desigualdad que queremos y erradicar las demás. El resto es palabrería, en opinión de Valladao.

El evento continuó con un interesante diálogo entre el doctor Enrique V. Iglesias y los ponentes. Estos aprovecharon también para contestarse unos a otros, puesto que habían sostenido posiciones claramente distintas, pero capaces de diálogo entre sí. Este fue vivaz.

El profesor José Antonio Sanahuja (de la Universidad Complutense) hizo un resumen de las ideas principales, buscando concordancias y discordancias entre los ponentes, y añadiendo conceptos teóricos para situarlas mejor. Una versión elaborada de ese resumen y análisis, será publicada en el primer número de la nueva época de la revista Pensamiento Iberoamericano.