Algunos dirigentes políticos afirman que la reforma laboral no se va a derogar porque ha funcionado y sigue funcionando bien. Su mayor basa para la contundencia de sus palabras es el crecimiento en la creación de empleo en estos cinco años de reformas.

Por otra parte, los sindicatos muestran que la realidad no esta tan rosa como la pintan, pues, a pesar de haber disminuido la tasa de paro, se han perdido 265.000 asalariados indefinidos y 372.000 trabajadores a jornada completa; la temporalidad ya ha alcanzado el 26%; más del 91% de los contratos que se firman en la actualidad son temporales, y duran, una media, de 50 días, en el mejor de los casos, porque van en aumento (ya alcanzan el 25% de la contratación) aquellos empleos que caducan a la semana.

Ante este panorama, no es de extrañar que el 18% de las personas empleadas esté en riesgo de pobreza.

Y la situación no mejora si hablemos de los que no encuentran empleo. Más de la mitad de los trabajadores que sufren esta situación, no reciben ninguna prestación. Los parados de larga duración: el 57% lleva más de un año, y el 48%, más de dos.

La consecuencia, por desgracia, lógica que se deriva de lo expuesto anteriormente, es que la exclusión acecha a este grupo de personas y familias que sienten que se les ha abandonado a su suerte, y que, por mucho que lo repitan en la tele y en la radio, no va a mejorar.

Ante esta realidad podemos excusarnos diciendo que algunos ven el vaso medio lleno y otros el vaso medio vacío. ¡Ojalá todo dependiera del optimismo o el pesimismo! Resultaría más fácil comprender por qué el 20% de la población española con más dinero tiene casi siete veces más que el 20% de los de menor renta.

Porque, miren como lo miren, es una injusticia condenar a la pobreza a millones de personas por el simple hecho de que prefiero observar el vaso sentado en mi poltrona, con la tranquilidad de que aún queda agua, antes que mirar detenidamente que dentro se está ahogando gran parte de la población a la que se les ha quitado el empleo, la casa, las prestaciones…y anda sin ilusión, sin posibilidades, sin fe en el futuro.

No queremos entender que lo que está en juego es la dignidad de la persona y nuestra humanidad; que aunque no vivamos esta situación, nos afecta a todos y todas.

¿Cuándo asimilaremos que “A nadie le está permitido violar impunemente la dignidad humana, de la que Dios mismo dispone con gran reverencia; ni ponerle trabas en la marcha hacia su perfeccionamiento” (León XIII, Rerum novarum, 30).


Foto tomada de: http://4www.ecestaticos.com/imagestatic/clipping/44f/369/44f3692d3b7aa67a4bc9d37e172f67c3/harari-ana-patricia-botin-y-el-jefe-de-davos-el-final-del-capitalismo-que-conocimos.jpg?mtime=1476984987

Pino Trejo Nací y vivo en Canarias. Soy militante de la HOAC. Durante 25 años ejercí como profesora…