¿Por qué estará mal dar golpes de Estado?

Tenemos en la prensa un nuevo intento de golpe de Estado anunciado por el incansable Nicolás Maduro, que le sale uno mal y emprende otro. Como le falló el intento de sustituir a la Asamblea Nacional, electa por votación, con el Tribunal Supremo, puesto a dedo por él, ahora viene a reinventar la democracia orgánica, sin partidos, en que básicamente votan los pertenecientes a organismos adeptos al Régimen. O sea, toda la población, porque todos los venezolanos queremos tanto a Maduro. ¿Para qué perder el tiempo en elecciones, como las regionales y locales debidas en diciembre pasado, si está metafísicamente tan claro que “Maduro = pueblo”?

De democracia orgánica los españoles sabemos mucho (también soy español: media vida en cada sitio). No en vano fue nuestro sistema político de 1948 a 1977, más o menos treinta años. Antes de eso era el fascismo por las buenas, pero luego el Generalísimo nos devolvió la democracia: la de verdad, o sea, sin partidos y siempre mandando el mismo. Como quiere Maduro.

¿Y por qué estará mal tener perpetuamente a cargo del Estado a un Gran Hombre como estos, que además amablemente suele dejarnos un sucesor para ahorrarnos el trabajo de buscarlo? ¿No será al fin la tendencia de los tiempos modernos, con Putin, Erdogan y el ayatollá Jamenaí como faros luminosos, abriéndonos el camino hacia menos democracia?

La razón es sencilla: en la democracia vulgar y silvestre, esta de los partidos y las votaciones que nos tiene aburridos, es posible cambiar a los gestores de la cosa pública con unas elecciones. Siempre hay una prensa dando palos al poder y otra defendiéndolo, y al final los votantes se inclinan un poco más o un poco menos hacia uno u otro lado. Uno gestiona mal y roba más de la cuenta, antes o después se le nota, y entonces su partido se reforma y/o lo paga en las urnas. Quizás no mucho, pero algo, a menudo lo bastante para perder el poder y que lo gane la oposición; o para que aparezcan partidos nuevos presionando a los antiguos.

En la democracia orgánica del Gran Líder, todo es distinto, mucho más emocionante. El Gran Líder no deja el poder por elecciones nunca. Si hay que suspenderlas, se suspenden; si hay que cambiar la Constitución, se cambia; si hay que llamar a Zapatero, se le llama. Si el Gran Líder gobierna pésimo y la gente sufre hambre y se muere por falta de medicinas y la inflación pasa del 1000%, o si él y los suyos roban a dos manos y dejan al narco campar por sus respetos, pues más energía en el gobierno, más policía en las calles, más tortura en los calabozos, y más dinero para jueces y militares.

Mientras el juego político en las democracias normales es una cosa aburrida, donde llamar algo la atención requiere tramabuses y camisetas en los escaños, la democracia orgánica resulta mucho más amena. Puede acabar uno preso, torturado o muerto, lo que sin duda produce un subidón de adenalina incomparable a llevar bebés al Congreso. Los más viejos nos acordamos vagamente de los grises, el Tribunal de Orden Público y la DGS, eficaces garantes de la democracia orgánica en España.

Y sin embargo, el problema, la razón por la que está mal dar golpes de Estado, es que las sociedades deberían poder cambiar su dirigencia política y obtener una gestión distinta para sus asuntos públicos, meramente con algo tan ordinario como unas elecciones libres. Y luego revertir su decisión en las siguientes elecciones, y elegir a otros si los anteriores no resultaron. Sin heroísmos en las calles, sin presos políticos, según reglas imparciales, con partidos que solo decaen si la gente va dejando de votarles una elección tras otra.

El nuevo golpe de Estado de Maduro, como antes el turco, como la persecución a la prensa libre y a la oposición en Rusia, como la teocracia de los ayatolás o la de Kim Jong-Un (que es la mejor teocracia, porque Dios es su Abuelo; hasta mejor que divinizar a Chávez)… se hacen para que un grupo no pueda perder nunca el poder por las buenas, no importa cuán mal lo hagan y/o cuánto roben. Si nuestra democracia española todavía fuera orgánica, tendríamos al pasado equipo de la Comunidad de Madrid para siempre gobernándonos. O a Pujol y su familia ampliada, para siempre en Cataluña. Delicioso.

Algo habrá que hacer para que vuelva a haber elecciones libres en Venezuela, donde la gente pueda votar por los partidos que quiera según unas reglas iguales para todos. Que ocupe el gobierno quien tenga más votos ahora, y que en las siguientes elecciones ese mismo pueda sacar menos y dejar paso al ganador sin destruir ni ser destruido. Algo habrá que hacer desde España.

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