Esquirol y “La resistencia íntima”, premio Nacional de Ensayo

Por Olga Belmonte. Profesora de Filosofía. Universidad Pontificia Comillas.

El lunes pasado, día 24 de octubre, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte concedió al filósofo Josep Maria Esquirol el premio Nacional de Ensayo por su obra La resistencia íntima: ensayo de una filosofía de la proximidad (Acantilado, 2016; Quaderns Crema, en catalán). El premio reconoce un trabajo muy personal, en la línea de algunos escritos previos del autor, que seguro nos seguirá regalando páginas que no solo se leen, se saborean.

Estamos ante una filosofía que no solo piensa la vida, sino que permite que la propia vida siga latiendo en ella, algo que no toda filosofía logra. Hay pensamientos que para abordar cuestiones vitales se elevan a una altura en la que ya no hay vida, solo un mundo de abstracción que poco tiene que ver con los problemas fundamentales de la existencia. Sin embargo, leyendo La resistencia íntima nos adentramos en el núcleo de la existencia, pero no para pensarla, sino para habitarla.

"La resistencia íntima". Fotografía © Nacho Goberna
“La resistencia íntima”. Fotografía © Nacho Goberna

En estas páginas el autor señala una doble tarea de la Filosofía, que solo se abordará si hay filósofos dispuestos a seguir mirando al mundo, y no solo a la cátedra (a la burbuja académica de las publicaciones y los méritos). Tenemos la tarea de elaborar una “Filosofía de la proximidad” y una “Hermenéutica del sentido de la vida”, que nos permita adentrarnos en el trasfondo de la existencia humana. Esquirol ha iniciado el camino, pero nos invita a recorrerlo en diálogo, a construir juntos el sentido y las claves de este nuevo pensamiento.

Según la Filosofía de la proximidad, la vida es inicialmente la experiencia de “vivir a la intemperie”. La casa, el tú, el lenguaje y la cotidianidad son el hogar humano con el que compensamos esta vivencia originaria de un mundo que no nos acoge. La posibilidad de una vida en la que nos reconozcamos como prójimos, como hermanos, y no como amenazas, pasa por convertirnos en morada para el otro (hospitalidad); supone aprender a callar para que el otro tome la palabra (diálogo); implica reconocer la propia vulnerabilidad y la necesidad, por ello mismo, del cuidado; requiere, por último, ser capaces de atender a lo extraordinario que acontece en lo cotidiano.

Hay que resistir a la dureza de la intemperie, para no perderse a sí mismo y para servir a los demás en el camino. La resistencia íntima es propia de quienes hacen un doble movimiento: el recogimiento (la experiencia de la soledad, el cuidado de la intimidad) y la proximidad con otros. Descubrirse a sí mismo es, de algún modo, tener “experiencia de la intemperie propia y solicitud por la vulnerabilidad del prójimo” (p. 91). El resistente “se resiste al dominio y a la victoria del egoísmo, a la indiferencia, al imperio de la actualidad y a la ceguera del destino, a la retórica sin palabra, al absurdo, al mal y a la injusticia” (p. 17).

Esquirol aclara en su ensayo que resistir no es encerrarse en sí mismo (de un modo narcisista), sino mantenerse alerta, atento, expuesto a las necesidades del otro y dispuesto a cuidarlo. La respuesta al abismo de la falta de sentido se encuentra en la capacidad de atender a la vida cotidiana y descubrir que en ella anida lo más admirable, lo más sagrado. Como afirma el autor: “nos movemos entre la proximidad y el abismo, y la proximidad es ya una respuesta al abismo” (p. 75).

En la resistencia íntima hay una fuente de sentido, una extraña confianza y una interrogación que es también plegaria. Hay en ella un ruego que hacemos nuestro, desde el profundo agradecimiento a un gran filósofo, y una maravillosa persona, que nos ha regalado con su característica humildad una obra digna de este premio. Es un merecidísimo reconocimiento, a pesar de lo que en los últimos años significa la Filosofía para quien lo otorga; y precisamente por ello, estas palabras de la obra premiada cobran todavía más sentido como plegaria:

Que la actualidad no sea una losa, que su homogeneidad no nos ahogue, que su dogmatismo sea revisado y criticado. O resistimos, o la comunidad de hombres libres ya no será horizonte; ni la memoria será sentido. La actualidad promueve y pide fascinación. Pero la humildad también es una respuesta y no es casual que la humildad sea ajena a la fascinación; no se deslumbra fácilmente y se encuentra en un peregrinaje orientado hacia un lugar bajo el cielo, donde las horas y las estancias, nada faraónicas, parirán.


Fotografía de portada: de Jordi Esteban.

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