Acompañamiento espiritual a jóvenes en México

En estos días, estamos reunidos en San Salvador, El Salvador, delegados jesuitas que trabajamos en Pastoral Juvenil y en la Promoción Vocacional en Latinoamérica y el Caribe. Es interesante ver el trabajo que, al respecto, se hace en las diferentes Provincias que la Compañía de Jesús tiene en dichas latitudes. Cada delegación presenta algo de la realidad y contextos en que desarrolla sus actividades, así como experiencias exitosas, lo que hace que el compartir sea de mucho enriquecimiento, inspiración y retroalimentación para los que estamos aquí reunidos.

De nuestra parte, como Provincia de México, hablamos las diferentes opciones que ofrecemos a los jóvenes: retiros, ejercicios espirituales, acompañamiento, charlas, mochilazos, voluntariados, misiones, campamentos, encuentro nacional de jóvenes ignacianos (Enjuvi). Estas son las herramientas con las que tratamos de ayudar a los jóvenes que acuden a nosotros.

Muchos de ellos, llegan con heridas psicológicas, digiriendo o atorados en situaciones familiares difíciles, desgastados por la situación de violencia e inseguridad social. Así, en nuestro trabajo de Pastoral Juvenil, tratamos de ofrecer espacios y momentos para sanar lo interno, así como de propiciar el encuentro con el Dios de Jesús, que nos restaura, cura e invita a vivir la vida con plenitud y ser, así, luz de esperanza en los entornos en que nos desenvolvemos.

Al hablar de la situación que viven los jóvenes en México, quizá el caso emblemático y, desgraciadamente triste y latente, es el riesgo al que se enfrentó Salomón Aceves Gastélum (25 años, originario de Mexicali, Baja California), Jesús Daniel Díaz (20 años, Los Cabos, Baja California Sur) y Marco Ávalos (20 años, Tepic, Nayarit), alumnos de la Universidad de Medios Audiovisuales de Guadalajara, que fueron secuestrados, asesinados y disueltos en ácido. Al parecer fueron confundidos, pero este error no quita el drama.

Esta tragedia nos ha cimbrado de dolor y desolación, como dice director de cine Guillermo del Toro: “Las palabras no alcanzan para entender la dimensión de esta locura. 3 estudiantes son asesinados y disueltos en ácido. El ‘porqué’ es impensable, el ‘cómo’ es aterrador”. A la situación de violencia, narcotráfico y corrupción que campea en México, hay que agregar extrema pobreza, miseria en la que creció Christian Omar Palma Gutiérrez, rapero conocido por el mote de “QBA”, a quien se le acusa de haber sido quien tuvo la macabra tarea de disolver a estos tres jóvenes, proviene de una de los barrios más pobres y con altos índices de delincuencia de la zona metropolitana de Guadalajara, la colonia Santa Cecilia. Dentro del resquebrajamiento del tejido social, la situación de carencia y marginalidad en que crecen muchos jóvenes, generan la condición propicia para que sean fácilmente atraídos por el crimen organizado e inicien una carrera delictiva.

Ante este panorama, no hay que dejarse vencer por la devastación. Ignacio de Loyola, en uno de sus Ejercicios Espirituales, invita a imaginarnos a la Trinidad contemplando todo el tipo de situaciones que hay en el planeta: la diversidad de culturas, de problemáticas, unos en paz, otros en guerra; unos naciendo, otros muriendo, etc. Y en este contexto, ante lo contemplado, el Padre invita ha hacer redención, a esta invitación el Hijo se ofrece a encarnarse y traer redención al orbe. Me parece que este Ejercicio Espiritual es la que hizo caer en la cuenta a Ignacio de que, seguir los pasos de Jesús, significa experimentar el amor y misericordia de Dios, que nos redime y reconstruye, y posteriormente no ser sordo al llamado de lo Alto que nos convida también a nosotros a ser, con nuestro testimonio y compromiso, redención en este mundo fracturado y herido. El proceso interno que lleva a tal experiencia, requiere momentos de silencio y soledad, de orar, reflexionar, compartir y celebrar la fe, esto es lo que queremos ofrecer con nuestras diferentes actividades pastorales a los jóvenes mexicanos. Y lo mismo hacen mis compañeros jesuitas en sus respectivos países en América Latina y el Caribe.

En lo personal, esta semana en San Salvador me ha recordado que, el 16 de noviembre de 1989, cuando era estudiante de Ingeniería en el Iteso de Guadalajara, estaba a punto de ir a clases y en las noticias de la televisión escuché que informaban del asesinato 6 jesuitas, profesores de la UCA de El Salvador. Yo apenas comenzaba a conocer a la Compañía de Jesús. Recuerdo haber leído cuanto periódico daba seguimiento a este martirio. Así conocí sobre la vida de Ignacio Ellacuría y compañeros. Luego conocí sobre la vida de Rutilio Grande, jesuita asesinado 1977, también en este país. Y por aquella película, supe de Monseñor Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 y próximamente llevado a los altares. En aquellos años, El Salvador vivió años de terror, guerra y sin sentido, pero la entrega y testimonio de estos grandes seres humanos, que aceptaron la invitación de lo Alto a ser redención en su entorno y construir un mundo más justo, me inspira a creer que vale la pena apostar por esos caminos que, día a día, desde lo pequeño y en el compromiso, tejen la esperanza, la solidaridad y la compasión. Estos testimonios me siguen invitando a que apueste por aquello que trae redención en las realidades y contextos en que nos toca vivir. Y pues eso, que Aquel que nos reconstruye y restaura, nos impulse e invite a ser redención en este mundo herido.

Ismael Bárcenas, SJ. @elmayo

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