Esperar 170 años

Foto tomada de: http://www.uab.cat/web/detalle-noticia/la-brecha-salarial-entre-hombres-y-mujeres-en-el-mercado-de-trabajo-1345680342040.html?noticiaid=1345700162497

Sí, 170 años o al menos esto es lo que estima el Fondo Económico Mundial que habrá que esperar para que la igualdad salarial entre hombres y mujeres llegue a materializarse.

Pero conociendo cómo realizan los pronósticos estos organismos internacionales, seguro que tendrá que pasar mucho más tiempo del que afirman. Y lo digo no porque considere que sus estudios estén mal calculados o sus perspectivas distorsionadas, sino porque estas situaciones que se construyen no van en línea recta, y, por lo tanto, no son tan previsibles como parecen.

Si todo siguiera su curso normal, es decir, hacia una mejor situación que la anterior, entonces si cabría tan “esperanzada” espera; contando, claro, con que habría voluntad política para cambiar la desigualdad que viven las mujeres en todo el planeta, empezando por la educación.

Porque en las oportunidades que se ofrezcan a unos y a otras en la formación, descansa gran parte de la no igualdad. Y como consecuencia el acceso al mercado laboral.

Los datos, que sólo muestran una parte de la realidad, nos presentan un panorama poco halagüeño: el 58% del desempleo en España es femenino; sus empleos dependen más de la estación del año en la que estemos, esto significa que ellas sufren más la temporalidad; y la cosa no mejora a la hora de cobrar el subsidio de desempleo, pues entre lo que ellos percibe y ellas reciben hay casi un 10% de diferencia.

Y las cifras empeoran si nos fijamos en los salarios: ellas cobran un 30% menos que ellos, a igual trabajo.

La desigualdad se prolonga hasta la vejez, puesto que su inestabilidad en el mercado laboral provocan que tengan pensiones, la mayoría no contributivas, y en el mejor de los casos, percibiendo un 57% menos que ellos.

Pero, claro, aquí hablamos de la población activa que accede al empleo, mal llamado privilegio (recordemos que es un derecho de toda persona y de todas las personas), y no de ese gran número de mujeres “inactivas”, de nuevo el lenguaje inexacto, que se ven obligadas a desistir de buscar empleo y están en sus casas.

Ellas también trabajan, pero no salen en las estadísticas productivas. Ellas cuidan a las personas, los espacios, los sentimientos…sin su inactividad, la actividad no sería posible

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