La España mancomunal

¿Cómo se puede reconstituir la Cataluña de España y la España de Cataluña? Incluso quienes vemos que a corto plazo se debe restaurar la democracia constitucional y a medio plazo se puede pacificar la convivencia, tememos que la ideología de la desconexión sea no solo una corriente sino una estructura que operará siempre hacia las rupturas. La documentación demuestra que la estrategia secesionista busca forzar la desconexión y extremar el conflicto social. ¿Cómo construir en positivo?

¿Está la estructura territorial y política española llevando estructuralmente hacia las desconexiones? Si así fuera, es necesaria una política de reencuentro. La política de reencuentro supera el eje dialéctico descentralización/recentralización y el esquema decimonónico estatalista/nacionalista.

Difícil elegir mejor día que este día de octubre, 10/10 de 2017, para pensarnos con mayor profundidad. A nuestro juicio, la política del modelo territorial de reencuentro tiene cinco pilares. Esos cinco pilares forman lo que llamamos la España Mancomunal:

  • Una política cultural de potenciación regional basada en el principio de mixculturalidad (catalanizar España)
  • Una renovada arquitectura de competencias territoriales compartidas, colegiadas y vinculantes
  • Reconstrucción de la sociedad civil
  • Más Europa
  • Más municipalismo y comarcalismo
  1. La mixculturalidad hispano-catalana

Una de las razones que hacen de España una de las más potentes culturas del mundo es su pluralidad interna, la dinámica relación entre las culturas internas y su cultura común. Sus culturas internas han sido las tres religiones –cultura musulmana, judía y cristiana- y las regiones. España no solamente es un clima especial por ser un hábitat de encrucijada –entre el Mediterráneo y el Atlántico, entre Europa y África- sino que tiene una singularidad estructural llamada cultura cruzada. Culturas cruzadas son aquellas que por su situación geográfica están siempre expuestas al cruce de diversas corrientes culturales. España es una cultura de cruces. España es puente histórico entre Europa y Latinoamérica, entre Mediterráneo y Atlántico, entre Sur y Norte, entre África y Europa. La condición cultural de España es y será de encuentro y mezcla entre culturas interiores y de paso. Las culturas interiores de España han dado lo mejor de ellas mismas cuando han creado en íntima interacción con las demás.

La diversidad cultural interna de España –con tal variedad regional y al menos cuatro lenguas- no es un problema sino una virtud. Podemos ser tan cainitas que convirtamos esa diversidad en fuente de conflicto o podemos ser tan sabios que la convirtamos en la mayor fuente de prosperidad cultural de Europa. ¿Cómo articularla de modo que esa diversidad intracultural juegue a favor del progreso? La diversidad intracultural y lingüística de España es una de sus mayores potencias.

Por el contrario, el enfoque divisionista de la diversidad amenaza con la incompatibilidad, la exclusión, el miedo a la extinción de las culturas. El divisionismo apela a lo peor de la gente y saca todos sus demonios. El divisionismo siempre acaba llamando al totalitarismo. A veces el divisionismo actúa separando como en la República y a veces actúa excluyendo como hizo la dictadura franquista.

El enfoque mixcultural no se contenta con el multiculturalismo. No se trata de yuxtaponer culturas para que coexistan. No se satisface con una interculturalidad que es empatía. La mixculturalidad llama a las culturas a crear juntas y a la vez cuanto mayor alcance tiene su creación conjunta, más profundizan cada una en su originalidad. Cuanto mayor es esa comunión creadora entre las culturas españolas, más crecen sus singularidades y libertades.

Las culturas españolas tenemos a veces miedo de extinguirnos en un mundo global. ¡Hasta Francia tiene ese miedo! Tememos que sin suficiente institucionalidad careceremos de la fuerza de reproducción para sobrevivir. En mi caso, que soy gallego, tenemos sobrada experiencia de ello. Erróneamente, a veces se decide competir con la cultura general española como la principal amenaza. Erróneamente hubo épocas en las que se impuso una cultura española ignorando que su fuerza reside precisamente en esa dinámica de pluralidad intracultural.

Sin embargo, la principal fuerza para hacer crecer al futuro las culturas internas españolas es precisamente ser juntos España. La España constitucional y la cultura española son la mayor garantía para el futuro y prosperidad de sus culturas internas. Es absolutamente falso que haya ningún atisbo de “genocidio cultural” (lo denunció el diputado Tardá de Esquerra Republicana de Cataluña, en el Congreso de los Diputados). Por el contrario, en ningún momento de su historia las culturas españolas vivieron tal florecimiento y garantía.

Para eso necesitamos un giro en la dinámica establecida. El problema no es castellanizar ni españolizar Cataluña, Galicia, Andalucía o País vasco sino catalanizar España, galleguizar España, andaluzar España, euskalizar España, valencianizar España. etc. Eso se logra poniendo entre las prioridades de todo el país la promoción de las culturas interiores, lo cual además lleva a dinamizar la polinización entre todas esas culturas. Y eso sucede en el contexto de la mixculturación de las comunidades migrantes en España, y en el contexto de la mixculturación europea y global en que estamos inmersos.

Así pues, necesitamos un giro en la política cultural de nuestro país. La solución al futuro de lo catalán no es poseer un Estado sino catalanizar España, Europa y el mundo. Y en España al mismo tiempo se asturianiza, castellaniza, aragoniza, etc. y canariza, baleariza o extremaduriza el mundo. El conjunto del país tiene que poner todos sus medios en ello, hacerlo proyecto de todos.

Ese paradigma mixcultural no solamente llama a que sea proyecto de toda España el catalanizarnos, galleguizarnos, etc. sino que lo mixcultural crea juntos. No interesa solamente que toda España viva como propia la catalanidad y la interiorice sino que lo catalán recree lo español y lo haga junto con todo el resto de culturas interiores. Es decir, que España crece siendo recreada desde cada una de sus comunidades interiores.

Y a la vez, no es posible un proyecto mixcultural de España sin que cuidemos el conjunto de la cultura española, la interioricemos en cada una de las culturas interiores. Cataluña se empobrece si no sigue interiorizando lo andaluz, lo valenciano, lo vasco, lo extremeño. Sin la comunidad de culturas españolas dentro de la catalanidad, Cataluña no entiende su historia ni se abre a lo mejor de su futuro.

Así pues, la política cultural catalana tiene que ser mixcultural, interiorizar con alegría y confianza la cultura general española, conocer críticamente su historia pero también amarla con gratitud. El mundo del futuro es plural y todo proyecto divisionista y excluyente pertenece a lo peor del pasado y está condenado a la extinción en un mundo global. Tenemos que garantizar que en todo el territorio hay una mirada integral, justa y veraz sobre la historia que compartimos y nos constituye.

  1. El modelo de España mancomunal

La descentralización solamente es eficaz y justa si tiene una suficiente articulación para seguir haciendo un proyecto país. Un país de competencias descentralizadas excluyentes no puede sobrevivir. El futuro no es federal sino mancomunal.

Actualmente la división competencial lleva a que no existan apenas medios prácticos para hacer un proyecto país. Las estrategias, pactos o planes nacionales se convierten en marcos de recomendaciones. Pero no queremos un país solo coordinado sino un país cohesionado en el que todos los ciudadanos seamos libres e iguales. Para eso es necesario un modelo territorial distinto.

Las soluciones federales buscan satisfacer los divisionismos y conceden competencias exclusivas. Creo que hay que ir en otra dirección: no a la España federal sino la España mancomunal. Por tanto las competencias no tienen que ser solamente compartidas sino colegiadas y vinculantes.

Las competencias mancomunadas parten de la idea de que queremos un proyecto de país. Las estrategias, planes y pactos nacionales ponen condiciones mínimas que cada autonomía puede mejorar para sus ciudadanos. Aplica las estrategias adaptándolas a sus territorios, condiciones, potencialidades y singularidades. Pero construye siempre a partir de las políticas de país y dentro de las políticas de país. Puede maximizar, innovar, ampliar. Pero siempre socializando sus creaciones y logros. Mancomunar significa trabajar dentro de una comunidad que creamos, en la que nos movemos innovadora y lealmente y a la que retornamos el valor creado en las autonomías.

Por tanto, es profundizar en la condición de competencias compartidas, no seguir la dinámica divisionista de las competencias excluyentes ni exclusivas. Las autonomías son tan Estado como el Gobierno de España y por tanto necesitan un cuerpo común. La España mancomunal crea proyectos integrales y vinculantes que cada autonomía aplica adaptando, maximizando y enriqueciendo.

Eso requiere que se profundice el carácter de las competencias compartidas, que los órganos de coordinación se conviertan en órganos colegiados con decisiones por mayoría y que las herramientas legislativas y planificadoras (planes, estrategias, pactos) que emanan del parlamento español sean vinculantes.

  1. La reconexión ciudadana

Gran parte del drama de divisiones en que nos encontramos ha sido provocado por un largo proceso de desconexión de la sociedad civil española. Opera sobre una realidad de sociedad civil que además era ya muy pobre por la escasez de sus organizaciones, el pequeño tamaño de dichas entidades, la baja tasa de afiliación y participación y la fuerte dependencia de las subvenciones del Estado que le da a la sociedad civil muy poca autonomía.

En gran parte el secesionismo es un producto del estatalismo. Desde luego lo que busca es estatalismo porque pone como sujeto histórico de su proyecto cultural al Estado, a un nuevo Estado y de esa forma refuerza el estatalismo en la nueva nación independiente que quiere crear. Es de todo menos independencia: encadena la cultura a la dependencia casi absoluta del nuevo Estado consagrado. La ideología de la desconexión se expande en proporción a la pobreza de una sociedad civil. Solamente así se explica que haya sido tan fácil desconectarla. Los males de la sociedad civil española son principalmente el estatalismo y el clientelismo.

Además, hay una tendencia intrínseca al divisionismo: se crean elites locales que siguen lógicas excluyentes. El divisionismo recrea el país de taifas y ya hemos experimentado históricamente los fracasos y dramas a que conduce. Superar la ideología de la desconexión, el conflicto y la ruptura, exige la política del reencuentro y eso supone fortalecer la sociedad civil. Y eso necesita tres medidas: más movilidad del personal, mayor escala de las organizaciones y más proyectos interterritoriales.

Lamentablemente, las decisiones divisionistas sobre el IRPF social –la recaudación fiscal que suman las “x” puestas en la casilla de “fines sociales”- van en la dirección contraria: generan una sociedad civil más fragmentada y más incapaz de impulsar proyectos de país. Una de las mayores herramientas para crear país ha sido puesta al servicio del divisionismo. Es crucial volver a dotarse de instrumentos de financiación de suficiente envergadura para crear proyectos país.

Se necesita impulsar la reconstrucción de la sociedad civil, proyectos comunes, lugares de creación, cruzar pertenencias, superar los paradigmas federalistas de muchas organizaciones. Sin sociedad civil no hay país.

  1. El alma de Europa

El cuarto pilar nos lleva a una interacción compleja con y en Europa. Europa ha sido concebida como una soberanía compartida y la solución a los divisionismos y secesionismos es profundizar en la soberanía europea. Por tanto, si España en Cataluña y Cataluña en España quieren cultivar su singularidad y garantizar su futuro, el mejor camino que puede seguir es el de profundizar en la soberanía compartida en Europa.

Además, Europa se constituyó como la Europa de las Regiones, lo cual significa que las regiones de los países europeos no siempre actúan mediadas por sus Estados sino que Europa tiene numerosos espacios de gobernanza y creación en los que las regiones interactúan portando ellas el proyecto propio y del conjunto de España. Reforzar la Europa de las Regiones genera espacios de autoexpresión e innovación que enriquecen tanto a las regiones como a los Estados y el proyecto europeo en su conjunto.

Por tanto, para potenciar el reencuentro hispanocatalán, España debe trabajar para ampliar la soberanía europea común y promover la libre creatividad de nuestras autonomías en la Europa de las Regiones.

  1. La España de los municipios y provincias

La historia de formación de nuestra sociedad civil, ha configurado España como un país donde las localidades tienen un gran peso, somos un país de campanarios. Eso ha calado en una cultura política localista en la que la gente se identifica intensamente con sus referentes políticos inmediatos. Esa voluntad de expresión local debe ser profundizada y todavía no hemos alcanzado el suficiente desarrollo de la política local.

No es solamente una realidad española o mediterránea sino una tendencia global: el progresivo papel de las comunidades y gobernanzas locales en la construcción de la ciudadanía. La dinámica mancomunal española debe potenciar cualitativamente más las ciudades y realidades comarcales y provinciales. Lejos de que las Diputaciones Provinciales sean un instrumento inútil, pueden ser una gran herramienta en las actuales circunstancias de auge de la política local. Lejos de dividir más el territorio, cultiva una estructura mucho más plural y dinámica, de mayor proximidad a los ciudadanos.

Para que alcance toda su potencia, las políticas de proximidad local no deben estar sujetas solo a un orden jerárquico bajo las autonomía sino que deben tener también capacidad de interacción con otras metrópolis, ciudades medias o zonas rurales del resto de España , Europa, el entorno y el mundo para crear proyectos comunes.

La política local, lejos de extremar el divisionismo, nos hace superarlo en una dinámica con gran capacidad para hacer proyectos entrecruzados y trascender los localismos. Eso significa que hay que elevar el alcance político de la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias) y crear toda una variedad de asociaciones públicas de metrópolis, pequeñas ciudades y zonas rurales de distinto tipo –costeros, montaña, fluviales, etc.-.

CODA

Nací en la ciudad gallega de Vigo, que tiene una historia que en estas circunstancias puede ayudar a pensar. Vigo es una creación hispano-gallega-catalana. Cuando en Vigo éramos unos 2.000 habitantes en el siglo XVIII comenzaron a llegar miles de emigrantes de Cataluña que vinieron a asentarse a nuestra ciudad. Eran marineros que buscaban pescar en nuevas aguas y a esa emigración obrera le siguió un tejido empresarial catalán de conserveras, astilleros, etc. Mezclamos con perfección lo catalán y lo gallego y a ello debo mi apellido Vidal. Nos hicimos una ciudad emprendedora, laboriosa, abierta. Tenemos un precioso patrimonio modernista. Quince mil catalanes fusionaron sus vidas y cultura con la vida y cultura gallega para hacer nacer una ciudad que merece una vida. En realidad esa no es solamente la historia de los vigueses sino que es la historia de todos y nuestro futuro.

Necesitamos (1) la mixculturalidad, (2) el modelo mancomunal, (3) la reconexión de la sociedad civil, (4) más soberanía europea en el continente de las Regiones y (5) mayor papel de los municipios y provincias. A todo esto le llamaría el modelo mancomunal. Es la mayor garantía para que todos sigamos siendo, en mayor o menor grado, catalanes y hagamos de España una cultura que siga inspirando un mundo.

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