“Solidaridad es ponerse en el sitio del otro, especialmente del débil”

En su último número, la revista Razón y Fe entrevista al Sr. Àngel Font Vidal, Director Corporativo de Investigación y Estrategia de la Fundación Bancaria “La Caixa”. La entrevista completa puede leerse aquí. Transcribimos una parte de esa entrevista, para que nuestros lectores puedan formarse una opinión tras haber oído…

(…)

(P.): ¿No debería ser el sector público quien se encargase de muchas de estas iniciativas, especialmente las de carácter social?

(R.): Es una buena pregunta que nos remite al sentido de la filantropía. Sin duda nuestra función no es sustituir al sector público. El sector público tiene una visión muy concreta: proveer un conjunto de servicios e instituciones que faciliten la consecución del estado del bienestar. Ahora bien, nuestra propia historia es una historia de colaboración público-privada. Si me permites haré un apunte histórico. La Caixa nace en 1904 -casi como vuestra revista-, aunque el momento fundante fue 1902, cuando Barcelona vive un momento convulso de grandes huelgas, un conflicto obrero y social contra las condiciones laborales injustas y el encarecimiento de productos básicos de consumo, como el pan. Es una huelga que acaba de la peor manera, con represión, con una docena de muertos y centenares de heridos. La huelga conmociona la ciudad y, desde los sectores burgueses, se promueve una recaudación de fondos para aliviar a las víctimas de esa situación y para crear un proyecto social que en aquel momento le llaman la caja de retiros.

(P.) ¿El antecedente de las futuras cajas de ahorros?

(R.) Eso es. El fundador de La Caixa, Francesc Moragas, está urdiendo en ese momento la idea de generar un sistema de pensiones para la clase obrera, uno de los servicios que facilitaría que hubiese mayor armonía entre las diferencias de clases que en ese momento existían. Diez años después, el gobierno de España llama al Sr. Moragas para que les ayude a montar el sistema de pensiones. Podemos decir que La Caixa fue una “caja de experimentación” para montar uno de los pilares del bienestar en nuestro país. Durante casi 30 años, La Caixa fue el agente exclusivo de gestión de la caja de previsiones para Cataluña y Baleares. En resumen, volviendo a tu pregunta anterior, la historia de colaboración entre el sector público, la sociedad civil y el sector privado -entendido como el mundo empresarial- muestra que podemos trabajar juntos sin competir con el Estado ni quitarle su responsabilidad. El Estado tiene que hacer lo que tiene que hacer, pero los retos evolucionan a medida que evoluciona la sociedad.

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(P.): Este es también el periodo histórico en el que surge la Doctrina Social de la Iglesia, con la promulgación de la encíclica Rerum novarum por León XIII. ¿Crees que los dos acontecimientos, vinculados a la cuestión obrera, están relacionados?

(R.): Claramente. De hecho, muchas de las personas que están en el mundo de la reflexión catalana de Acción Católica a finales del siglo XIX están alineadas con la visión de la Rerum novarum, aunque la institución que ellos ponen en marcha no esté vinculada a la Iglesia.

(P.): Con el paso del tiempo, el objetivo de establecer un sistema de pensiones quedó superado y asumido por el Estado. Hoy día, la Obra Social “La Caixa” ha orientado su trabajo hacia la acción social, la investigación científica, los proyectos culturales y la cooperación internacional. ¿En cuál de estos cuatro ámbitos piensa que es más importante y urgente la contribución del sector privado?

(R.): El concepto de urgencia es complejo. Una vez, trabajando en Oxfam- Intermón, alguien me dijo que incluso en contextos de emergencia la planificación es necesaria. Es verdad que hay un imperativo ético de salvar vidas, pero incluso en ese entorno, si la acción se orienta sólo al corto plazo tiene menos impacto. Si me permites una referencia al Servicio Jesuita a Refugiados, en el contexto más duro de los campos de refugiados estáis apostando por la educación. Esa es la distinción entre lo que es urgente y lo que es importante. En nuestro caso, estamos estableciendo una serie de prioridades sobre el volumen de recursos de los que vamos a disponer y su gestión. En este momento tenemos claro que priorizamos colectivos con alto grado de vulnerabilidad: las situaciones de pobreza que afectan al cuarto de la población con menos recursos económicos, sociales, humanos, etc. Si lo traducimos en presupuesto, estas iniciativas rondan el 60%. Esto incluye la parte social en España y en Latinoamérica y África. El restante 40% se reparte entre los temas culturales y científicos -principalmente investigación sobre salud y ciencias sociales-.

(P.): ¿Qué impacto social ha tenido la desaparición de la mayoría de cajas de ahorros de nuestro país en un breve periodo de tiempo?

(R.): De las 50 que habían antes de la crisis, apenas hemos sobrevivido cuatro. Desde una perspectiva internacional, ese viaje ha sucedido en varios países. Las cajas de ahorro aparecieron en el Reino Unido a principios del siglo XVIII y desaparecieron completamente después de la oleada liberal del gobierno Thatcher de los 80. También en Italia, donde había una fuerte tradición de montes de piedad, de origen medieval, se ha producido una reconversión hacia fundaciones bancarias, que son una red de filantropía hoy en día. En nuestro caso, tras el tsunami financiero, hemos sobrevivido unos pocos. La desaparición de tantas cajas, sin duda, es una gran pérdida.

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(P.): ¿Cuál es la diferencia entre solidaridad y filantropía?

(R.): Para mí solidaridad es más un sentimiento de personas y la filantropía es la institucionalización de ese concepto. Solidaridad es ponerse en el sitio del otro, especialmente del débil. La filantropía se puede ejercer a nivel personal también, pero busca canalizar la solidaridad de forma activa y profesional, buscando el mayor efecto de los recursos económicos de los que se disponen.

(P.): Los expertos en filantropía afirman que la publicidad que se hace de las grandes donaciones filantrópicas ayuda a mejorar la imagen de marca del donante, de manera que se le asocia una percepción de compromiso con la sociedad. Las empresas que realizan este tipo de donaciones se benefician de una ventaja competitiva fruto de la mejora de su propia imagen, además de mejoras en la actitud y productividad de sus empleados. ¿Podría afirmar que este ha sido el caso de La Obra Social?

(R.): Sin duda esa asociación es potente, pero no tiene una relación de causa efecto. Es decir, primero tiene que haber la convicción institucional de querer hacer obra social y, después, cuando se hace de verdad, viene ese reconocimiento. Cuando se busca el reconocimiento hay otras formas de hacerlo. Por ejemplo, algunas corporaciones, para mejorar su imagen de marca, patrocinan Fórmula 1 u otros eventos deportivos. Hacerlo a través del compromiso social no es la mejor manera. El planteamiento es al revés: tengo un compromiso social y uno de los resultados es que la gente reconoce el compromiso. En este caso, el orden de los factores altera el producto. Además, conviene recordar que no todo es dinero, en nuestro caso el voluntariado corporativo -la implicación de los empleados del banco- es parte del esfuerzo filantrópico.

(P.): El filósofo esloveno Slavoj Žižek ha calificado la filantropía como «máscara humanitaria» con la que los grandes capitalistas «dan con una mano lo que quitaron con la otra» a través de la explotación laboral, la represión antisindical o las prácticas monopolísticas. ¿Qué responde ante este tipo de críticas tan duras?

(R.): Me encanta Eslovenia y me encanta Liubliana. Y no puedo decir que la afirmación de Slavoj no sea cierta en algunos casos, pero me remuevo al pensar en el nuestro. Francesc Moragas tiene un artículo en el que indica que la caridad es una virtud santa, pero que hay que ir más allá, no sea que “los que nos juzguen digan que estamos arreglando cosas que anteriormente hemos estropeado”. La Obra Social no está para enmendar lo que estropea por otro lado. Los tres problemas que denuncia Slavoj se producen y tiene razón en denunciarlos en ciertos contextos. Pero, por ejemplo, si analizamos el informe de Oxfam-Intermón sobre transparencia fiscal, CaixaBank está posicionada entre las tres o cuatro mejores empresas del IBEX35, y el mejor de los bancos.

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(…)

(P.): CaixaBank puso en marcha en 2017 un servicio de asesoramiento en filantropía e Inversión Socialmente Responsable (ISR), siendo la primera entidad del sector financiero español en ofrecer una iniciativa de asesoramiento en filantropía. ¿Cuál es la diferencia entre la ISR y la Responsabilidad Social Empresarial (RSE)?

(R.): Las dos forman parte del mismo concepto. No estamos hablando de dar, sino de ser coherentes de forma global a nivel corporativo. Esto afecta a cualquier empresa que asuma la RSE. La ISR afecta específicamente a los que manejamos volúmenes financieros importantes. El servicio que ofrecemos a algunos clientes se debe a que se nos acerca un cliente especial que busca asesoramiento y no simplemente maximizar los beneficios. Al estar junto a la mayor obra filantrópica del país, es más fácil ofrecer este servicio. Por nuestra parte, en la cartera de inversiones de la Fundación hay criterios de inversión ética que están publicados en el web corporativo. Pero, más allá de esto, hay una visión propia de la ISE que se encarna en el patronato y en las decisiones que toma, con apuestas transparentes y a largo plazo. Hay un dato que me provocó escalofríos: cuando aparecieron los primeros signos de reactivación de las guerras de EE. UU. en Oriente Próximo hubo una demanda creciente de fondos que invirtieran en la industria militar. Hay fondos que lo priorizaron y fondos que lo evitan. Pero la demanda global aumentó. En el mundo del dinero y de la inversión hay que tomar decisiones y, en nuestro caso, al tener la obra filantrópica como cabecera de grupo, no puedes hacer una cosa y decir otra.

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