Érase una vez: el cuento de nunca acabar

Érase una vez un país en el que la mayoría de la población tenía una débil forma física. Como consecuencia de ello sólo habían tenido un participante en atletismo en las olimpiadas y nunca habían obtenido una medalla. Por ello se decidió hacer un gran esfuerzo para tener muchos atletas. La República de Estalandia, así se denominaba ese país, estaba organizada en Reinos autónomos y Señoríos locales. Se fijaron unos planes comunes introduciendo la formación en atletismo desde niños. En todos los centros de formación de Estalandia había clases de carreras de velocidad, de fondo y medio fondo, de lanzamiento de disco, martillo y jabalina, de saltos de longitud, altura y pértiga. La educación física básica, sin embargo, se había descuidado.

Hubo algún Reino autónomo que decidió que en las distintas disciplinas atléticas se evitase la especialización y se centrasen en mejorar la formación física básica de los alumnos. No obstante, en alguno de los Señoríos locales de ese Reino los preparadores físicos seguían enseñando su especialidad pues decían que eso era para lo que tenían formación y conocimientos. Ese Reino autónomo fue el que empezó a tener los mejores resultados en atletismo. La mayoría de los jóvenes habían adquirido una buena forma física que les permitió posteriormente ser buenos en cada una de las especialidades. Incluso en los Señoríos locales donde se había descuidado la formación física básica muchas familias, influidas de algún modo por el entorno, se habían preocupado de que sus hijos tuviesen una buena forma física antes de que optasen por una especialidad atlética.

Cartel jornadas provinciales EF 2011En otros Reinos autónomos no sólo se mantenía a rajatabla que todos los alumnos se formasen en todas las especialidades atléticas, sino que algunos formadores sólo enseñaban una parte de la especialidad que tenían a su cargo. Así el instructor que había hecho una investigación sobre cómo debían finalizarse las carreras de velocidad, prácticamente sólo enseñaba eso. Sus alumnos eran los mejores en acabar las carreras pero como salían mal y corrían peor nunca ganaban, aunque al final de la prueba lograban acercarse a los que les precedían. En varios Señoríos locales, donde inicialmente pensaron que era un disparate que los alumnos se ejercitasen en todas las disciplinas atléticas, más aún sin proporcionarles una buena forma física previa, acabaron por ceder al ambiente dominante en el conjunto del Reino autónomo.

Pasados unos años la República de Estalandia se convirtió en el país con mayor número de atletas del mundo. Por fin consiguieron que hubiese representantes del país en todas las especialidades atléticas e incluso obtuvieron algunas medallas olímpicas. El país estaba muy orgulloso de sus éxitos y hasta el peor atleta afirmaba que la formación física del país había mejorado notablemente. Ocurría, sin embargo, que aunque en media había mejorado la forma física de la población, había menos habitantes que antes con una forma física aceptable. A pesar de que se había incrementado notablemente el número de atletas de éxito, tanto o más había aumentado el número de habitantes que no alcanzaban una mínima formación física. Esto no sólo implicaba que la desigualdad se había extremado, sino que cómo no había lugar para tantos atletas en muchas de las especialidades los mejores empezaron a irse a otros países para poder progresar en su especialidad.

Mientras tanto, el descontento y la confusión empezaron a manifestarse cada vez más en la República de Estalandia. Los niños y jóvenes, y muchas de sus familias decidieron hacer huelga. Veían que, abrumados por ejercer todas las especialidades atléticas sin haber adquirido una buena forma física previa, muchos jóvenes estaban muy cansados sin que progresasen en ninguna de las especialidades. Esto, a su vez, contribuyó a la confusión y a agudizar el conflicto. Como había más jóvenes bien preparados y que triunfaban incluso en el extranjero, esos jóvenes y sus familias no estaban de acuerdo con las protestas. No entendían cómo podían afirmar que la educación física era mala cuando con los mismos Planes de formación se había conseguido aumentar tanto los atletas de éxito.

Ignoraban que a pesar de que los Planes eran iguales para toda la República había grandes diferencias en la formación impartida de hecho en cada Reino autónomo e incluso en cada Señorío local. No comprendían tampoco que, a pesar de los muchos éxitos que se iban obteniendo, los Planes eran malos. Si se conseguían esos éxitos era porque en algunos Reinos autónomos y Señoríos locales, así como en las familias con mayores medios o sentido común, se habían preocupado de proporcionar una buena forma física de base que había permitido a sus jóvenes aprovechar la abundante formación disponible para todas las especialidades atléticas.

El conflicto y la confusión se agudizaron cada vez más. Habiendo conseguido que por fin la República de Estalandia tuviese bastantes atletas de éxito, unos no podían entender que hubiese cada vez más repulsas al sistema de formación física, mientras que otros lo que no comprendían es cómo se podía afirmar que la formación física de la población había mejorado. A alguno se le ocurrió proponer que, para ver si realmente había mejorado o no, se estableciesen unas pruebas comunes de atletismo para toda la República de Estalandia. Esto agravó aún más las protestas y la incomprensión mutua.

cuentoLos que no lograban alcanzar una buena forma física, algunos a pesar de su esfuerzo baldío en todas y cada una de las especialidades atléticas y otros porque vistos los resultados dejaron de esforzarse, les parecía un sinsentido que les sometiesen a una prueba adicional. Los que por unas u otras causas habían logrado una buena forma física estaban divididos frente al sentido de esas pruebas. Unos cuantos consideraban que efectivamente debían imponerse porque era la forma de que se esforzasen más y así conseguirían lo que ellos habían logrado. Otros creían que ciertamente había una parte que no se esforzaba pero que puesto que muchos de los que sí se esforzaban tampoco conseguían tener éxito, no sabían si realmente la prueba podía ser beneficiosa o no. Unos pocos comprendían que, aunque ellos hubiesen alcanzado una buena formación y hubiese un mayor número de jóvenes que conseguían buenos resultados en las distintas pruebas atléticas en competiciones de ámbito mundial, el sistema de formación física no era el adecuado. Aunque muchos de estos últimos dudaban de si con las protestas se pretendía justificar a los que no se esforzaban o se planteaba una verdadera alternativa a los Planes de formación física de la República de Estalandia, comprendieron que era necesario cambiar el sistema de formación.

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

No, protestaron algunos, esto no se acabado. Mientras no se reconozca que la formación física del conjunto de la República de Estalandia ha mejorado notablemente no podremos seguir avanzando. Y el cuento lo que dice es que a pesar de los indudables éxitos, la formación física ha empeorado. Y siguieron las protestas. Y efectivamente eso se convirtió en el cuento de nunca acabar.

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