Fue un periodista deportivo, Ignacio Romo, quien  les bautizó como “el equipo del cuscús”. Se trata del equipo español ganador en los Campeonatos europeos de Cross en Francia en diciembre de 2015  Plata y bronce individuales. Oro por equipos.Y de todos ellos, los cuatro primeros en la carrera senior habían nacido fuera de España y llegaron aquí como emigrantes. Más recientemente dos de ellos lograron un doblete histórico para España en un Europeo de atletismo. Fueron los más rápidos en la carrera de 5000 metros sobre el tartán del Estadio Olímpico de Ámsterdam, decidida por milésimas en un final de infarto el pasado 10 de julio. Éstas son sus biografías:

  • Ilias Fifa. Es de Tánger (Marruecos). Llegó a España atravesando el Estrecho con 16 años, oculto en los bajos de un camión. Tras su paso por un centro de acogida y otro de menores, acabó en un piso de la Generalitat de Cataluña.  Sus inicios no fueron fáciles, obligado a trabajar a media jornada en servicios de limpieza de parkings para poder subsistir.  Y la otra mitad de la jornada, a entrenar. “Por la mañana cojo la escoba y por la tarde las zapatillas”, declaraba hablando de su trabajo.
  • Adel Mechaal. Nacido en Tetuán, Marruecos, en 1990, y que llegó a Cataluña por reagrupación familiar de la mano de su padre llegado en la ola del boom de la construcción por los años 90. Combina su dedicación al atletismo con su trabajo de funcionario  en un polideportivo .
  • Alemayehu Bezabeh. Nacido en Addis Abeba, era un “sin papeles” llegado de Etiopía que estuvo un tiempo durmiendo en las calles de Madrid. Fue el primero en el Europeo de Cross de Dublín 2009 y batió el récord (que aún se mantiene) de España de 5.000 metros en Oslo en 2010. Tras una sanción por  problemas de dopaje volvió a ser –tras su recuperación– campeón de Europa de campo a través en 2013.
  • Ayad Lamdassem. Nacido en Sidi Ifni, es español desde 2007, tras cinco años de residencia . Y quien junto a otros compañeros y con la colaboración de universitarios compostelanos se había escapado de su vinculación al equipo marroquí, huyendo del lugar en donde se alojaba en los Campeonatos Mundiales Universitarios de Santiago de Compostela 2002. Recala desde entonces en Lleida.

Unas aventuras de supervivencia con  final feliz y que constatan el talento innato de unos jóvenes acostumbrados a pelear por todo. Como lo hacen diariamente tantos emigrantes que no consiguen medallas. Y que en su caso quizás solo corren huyendo de muchas cosas con la guerra y el hambre a sus espaldas (fuerte motivación para correr hacia otras metas) y encontrándose muros en vez de las cintas y las pancartas indicadoras de la meta.

nadadora

Ojalá también hubieran recalado por aquí para formar parte del equipo olímpico español atletas de la talla de Rami Anis que en 2011, huyó de la guerra y la violencia en Alepo para irse a vivir con su hermano a Estambul y que participa en los JJOO de  Brasil con la bandera del COI. Turquía le prohibió  competir, por lo que se lanzó en bote hacia Grecia, camino de Bélgica, donde tenía familia y donde vive actualmente y  sabe que  “la tristeza de la guerra no puede con el espíritu deportivo”. O Yusra Mardin ahora residente en Berlín, a quien sus habilidades acuáticas le salvaron la vida. Esta nadadora casi se ahoga en la patera. Cruel ironía que a punto estuvo de suceder, según recordaba su odisea en el mar antes de desfilar en la inauguración de los JJOO de Río.

El Gobierno español, para poder ver ondear la bandera española en las Olimpiadas concedió  en 2015, a un año vista de los Juegos de Río, la nacionalización a once deportistas nacidos en el extranjero. El mayor número de ellos –la cifra  más alta de la historia de entre los 67 deportistas originarios de otros países nacionalizados en este siglo– corresponde a atletas, pero también hay gimnastas, piragüistas, jugadoras de balonmano y de waterpolo.

Se desconocen los criterios que el Consejo de Ministros utiliza para otorgar la carta de naturaleza, a los deportistas “por Real Decreto, de forma discrecional, por circunstancias excepcionales” (artículo 21.1 del Código Civil). Es decir, una vía de adquisición de la nacionalidad de carácter excepcional cuya aprobación depende enteramente del Gobierno. Es decir, pura y simplemente: “Una ley/no ley” basada en mejorar la imagen de nuestro país. 

Es evidente que se precisa  una mayor concreción legal de las razones que la  avalan y, desde luego, una revisión de su aplicación práctica, pues si no terminará siendo percibida como exclusivo instrumento de un  “premio” abstracto  . O –en este caso– en una especie de “pre-medalla olímpica”  por méritos deportivos a un deportista de élite en prejuicio evidente y agravio comparativo de otro tipo de méritos.

JUGUETESA no ser que recurramos a otras vías como las de países como Qatar y Bahrein, que sin cantera ni tradición en muchos deportes, nacionalizan  deportistas, tras pagarles importantes cantidades de dinero para que compitan con sus colores.

Entramos  de lleno en el debate de la integración posible y de los medios legales para obtener la nacionalización sin crear agravios comparativos. Porque hasta que “el lanzamiento del pico y la pala” o las carreras para colocar con rapidez el “mayor número de ladrillos para construir paredes”, o “las carreras de cochecitos llevando a ancianitos/as”, etc. lleguen a ser deportes olímpicos (sin contar la más difícil: carrera de vallas… con concertinas) la mayoría de nuestros inmigrantes van a tener que sudar muy mucho la camiseta para que su nacionalización se acerque a la rapidez de los emigrantes de élite deportiva

Me parece bien que los nacionalizados estén en Río. Son también ejemplo para muchos de un duro sacrificio de buenos deportistas, Pero o gestionamos bien la interculturalidad y la concesión de nacionalidad sin claves de exclusión o dominación y nos guiamos por conductos de igualdad a la hora de conceder la ciudadanía española o si no el agravio comparativo –en este caso a partir del ejemplo de emigrantes deportistas– hablará de injusticias. Y no hablamos, pues no habría espacio suficiente ahora, de la nacionalidad obtenida por los futbolistas de élite (¡¡¡jejeje!!!) como la que se discutía en los medios,  en el caso de Sancho Lyttle, subcampeona de la WNBA que en 2010 era líder de la selección española de baloncesto y  que logró  la nacionalidad española en apenas unos días, cuando lo habitual es que se tardara  años.

COI REFUGIADOS

Al menos los deportistas españoles citados –claros ejemplos de superación e integración– compiten bajo la bandera de un país. No sucede lo mismo con un equipo de 10 deportistas “sin bandera”  que compiten en Brasil bajo la  del COI: dos nadadores sirios asilados en Europa, dos yudocas de la República Democrática del Congo acogidas en Brasil, cinco atletas de Sudán del Sur que viven en un campo de refugiados en Kenia, donde les entrena la Fundación de la olímpica Tegla Loroupe, la jefa de misión del equipo en Río, y un atleta etíope que vive en Luxemburgo.

No fue mala ciertamente la invención de este equipo de  atletas refugiados, tan apoyada por ACNUR, sin equipo, sin bandera, sin himno. Los aplausos que se llevaron en la ceremonia inaugural fueron emocionantes. Yo diría que ellos –quizás mejor que otros– nos representan un poco a todos,  porque representan lo mejor de nosotros mismos “a pesar de las tragedias inimaginables que ha tenido cada uno de ellos“, como dijo el presidente del COI, Thomas Bach, 

Junto a ellos estará  también nuestro equipo del cuscús (global, regional, europeo, nacional, local… del que todos formamos parte) cuya comida es símbolo de fraternidad y hospitalidad, rompiendo muros y construyendo puentes