Epifanía de Dios: contra toda forma de aporofobia

Escribo este post terminando de dar brillo a mis zapatos, como me enseñó mi padre  que había que hacer en el día de Reyes. Dejarlos relucientes y avivar los deseos del  corazón son condición indispensables para que los Magos de Oriente no pierdan la estrella. Ellos no tienen aporofobia, que es la palabra del año reconocida por la Fundación del Español Urgente y cuyo significado acuñó por primera vez Adela Cortina para referirse al miedo, rechazo o aversión a los pobres. Los Magos, al contrario que nuestros  gobernantes, insisto, no tienen aporofobia, por eso reconocieron en una familia sin techo y un niño acostado en un pesebre el misterio de la vida y la utopía encarnada

Por aporofobia el gobierno hace unas  semanas, “abandonó” en la estación de autobuses de Granada 50 personas migrantes que habían sido previamente rescatadas en pateras y trasladadas desde Motril, donde habían pasado a disposición policial siguiendo el protocolo establecido. Pero finalmente el  gobierno decidió fletar un autobús a la capital abandonándolos en la estación sin darles ninguna información, sin recursos, sin teléfonos e incluso sin explicarles donde estaban, como ha denunciado la concejalía Servicios Sociales del Ayuntamiento de la capital  granadina así como diversos  colectivos de DDHH. Entre ellos había menores, pero para la aporofobia este dato no es en absoluto relevante.

Por aporofobia en estas  navidades 27 personas que llegaron en una patera el 26 de Diciembre a la isla de Chafarinas se les negó  ayuda humanitaria pese a las elevadas temperaturas de la noche, se les encerró posteriormente en una celda melillense  durante tres días sin gua y sin apenas comida, para ser finalmente deportadas, pese a las  presiones  llevadas a cabo por la congresista Ione Belarra para impedir su devolución en caliente

También por aporofobia en el pasado mes de Diciembre más de 447 personas, algunas de ellas menores fueron  ingresadas en la cárcel de Archidona de forma totalmente ilegal sin cometer más delito que jugarse la vida en patera hasta llegar a las costas españolas para “buscar la vida”. La prisión carecía además de las condiciones mínimas de habitabilidad que la UE exige para los CIEs. No tiene calefacción, ni suficientes líneas telefónicas, ni  agua potable, ni sistema antiincendios, ni  plan de evacuación. Los inmigrantes no tenían apenas asistencia sanitaria, psicológica o letrada; sus expedientes no podían ser examinados a fin de dar cobertura, al menos, a los posibles solicitantes de asilo; no gozaban de la más mínima privacidad en sus comunicaciones; y sufrían el aislamiento que sufren algunos presos, pero sin juicios, garantías, ni delitos. Custodiados permanentemente por antidisturbios muchos fueron deportados a sus países de países de origen con extrema violencia. Una de estas personas, un hombre argelino, de  36 años: Mohamed Bourdarbala , no pudiendo aguantar las consecuencias de tanta aporofobia sobre su vida decidió poner fin a la misma.  

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Por aporofobia casi un centenar de personas que llegaron el pasado mes a las costas de Almería se encuentran en situación de calle por habérseles negado el derecho a ser acogidas en el Programa de Atención Humanitaria dependiente de la  Secretaría a  General de Emigración (Real Decreto 441/2007 de 3 de Abril). Muchas de  ellas   gravemente traumatizadas por las condiciones de su periplo migratorio y en situación de especial vulnerabilidad como posibles menores y personas susceptibles de protección internacional. Desgraciadamente la aporofobia existe, por eso es necesario nombrarla hacerla visible para combatirla y denunciar a quienes dictan leyes normas u órdenes para legitimarla y examinarse internamente  cada día para que su veneno no se nos inocule en el corazón ni en la  conciencia.

Por eso esta noche de Reyes  junto a mis zapatos brillantes en mi carta a los Magos  escribo un deseo con letras gigantes: que todas las vidas valgan lo  mismo  y que todas las personas en cualquier lugar del mundo tengamos vidas que merezcan la pena ser vividas…

                                            O mejor la alegría…      

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